El Paraná “de extremos” sobre el cual algunos científicos alertaban hace tiempo comienza a mostrar que el futuro ya llegó: desde hace más de un año el caudal del río está muy por debajo de sus promedios históricos, y ya es una de las bajantes más prolongadas desde que hay registros. Nada parece marcar que eso cambie en los próximos meses; la falta de lluvias que padece toda la región continuará al menos hasta fin de año.
El combo es oscuro: sequía, bajante y calor potenciarán además los incendios forestales ya que -según un informe del Servicio Nacional del Manejo del Fuego- “es récord” la cantidad de combustible inflamable (vegetación muy seca) que hay tanto en el Delta como en el valle de inundación del Paraná, sometiendo a toda la zona a niveles críticos de alerta para el futuro cercano.
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Además de los incendios (según los relevamientos semanales del museo Scasso de San Nicolás ya hubo más de 36.000 focos de calor en 2020, sólo en el Delta), la falta de agua por un tiempo tan prolongado afecta la capacidad de resistencia del ambiente y “desconecta” a las partes del sistema, lo que afecta de manera particular a la fauna y flora además de impactar en actividades humanas de navegación y producción, según explicó Jorge Liotta, biólogo y director de ese museo.
Detrás de “lo natural” de las condiciones de sequía y bajante, subyace la acción humana que a través de los cambios de uso del suelo (deforestación por presión de la frontera agropecuaria) altera los equilibrios de los ecosistemas y potencia los efectos del cambio climático.
Un sistema desconectado
Liotta, especialista en el estudio de los peces del Paraná, explicó que los grandes ríos como el Paraná son un sistema complejo con múltiples dimensiones, que van mucho más allá del canal principal. “Es una trama compleja que está interconectada en todos los sentidos: transversal (desde el cauce hasta la llanura de inundación), a lo alto (del agua superficial al subsuelo) y a lo largo desde las nacientes hasta la desembocadura”.
En tiempos normales, eso pasa casi desapercibido. Pero cuando algo corta ese circuito (una represa o una bajante) empiezan a aparecer consecuencias. “Una bajante tan larga como esta se hace sentir en todo el sistema, y las poblaciones de peces no escapan a eso”, dijo, para agregar que con el río por debajo de cierto nivel comienzan a desconectarse las lagunas y a fragmentarse las poblaciones de peces.
“Es algo que pasa todos los años, pero con esta bajante los que quedaron en las lagunas esperando que el río vuelva a subir están en problemas” señaló el experto. La progresiva falta de agua altera fuertemente las comunidades de peces, se pierden los más chicos, hay más parásitos y los depredadores como las aves tienen muy facilitada su tarea.
“Sin recarga de agua las lagunas se secan y hay mortandad total de peces. Eso viene pasando ahora en un porcentaje muy importante de la llanura de inundación”, puntualizó.
Clima en contra
Según el último informe trimestral del Instituto Nacional del Agua (INA) tanto en el Litoral argentino como en la cuenca del río Paraná y en la cuenca del río Paraguay se espera un trimestre con condiciones deficitarias de precipitaciones con un 75% de chances de que ocurra una Niña (falta de agua). En la región, sólo la cuenca del río Uruguay tiene pronósticos de lluvias normales.
La explicación técnica del fenómeno dice que durante septiembre “persistió el debilitamiento de las anomalías de Temperaturas Superficiales del Mar en la región del Pacífico central” mientras que el Atlántico “se caracterizó por la transición de condiciones normales a la formación de un dipolo en la costa de Sudamérica”.
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“Una situación importante a destacar es que el mes se caracterizó por la presencia de anomalías negativas de altura geopotencial en la Patagonia y positivas en el centro-norte de Argentina lo cual favoreció el flujo del norte en la región y el ingreso de humedad”, explicaron los especialistas del INA.
Cuenca seca
La falta de agua es la característica principal de la cuenca del Paraná en la actualidad. El río Paraguay, uno de los afluentes, mantenía condiciones de bajante extraordinaria con alturas “muy por debajo del límite de aguas bajas”.
Por su parte los niveles del río Paraná en territorio argentino, incluyendo el Delta, se mantendrán en la franja de aguas bajas en las próximas semanas, con algunos posibles episodios de cortos repuntes de corto plazo por los aportes del río Iguazú.
El río Uruguay, en cambio, es el único que mantiene condiciones próximas a las normales para el trimestre. “Luego, se prestará atención a posibles pulsos de crecida de corto plazo, de rápida reacción, especialmente en la cuenca media” puntualiza el trabajo del INA.
“Persiste la marcada situación de estiaje en los cursos que aportan al río Paraná, lo que no permite aliviar la persistencia de bajos caudales desde las altas cuencas”, dice el informe, que destaca que la tendencia climática regional indica que no es esperable una recuperación “por lo menos hasta el 31 de diciembre”, con tendencia descendente durante el mes de octubre.
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