lunes 10 de agosto de 2020
Actualidad | Medio ambiente |

Por duración y altura del río, el Paraná vive una bajante "extraordinaria"

El río se mantiene en niveles muy inferiores para esta época del año. Advierten que esto afecta el ciclo reproductivo de especies como sábalos y surubíes.

La bajante del río Paraná, que en estos días tocaría su nivel más bajo de la última década en la ciudad de Santa Fe, ya puede ser calificada como extraordinaria tanto por su duración como por los bajos niveles de agua que persisten en la cuenca desde septiembre pasado. Una situación que además de complicar la navegación suma presión al ecosistema de la región, sobre todo a la población de peces.

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Así lo explicó Pablo Collins, el director del Instituto Nacional de Limnología (Inali), un organismo que depende del Conicet que se dedica a estudiar el funcionamiento del Paraná y su llanura aluvial. “Son extraordinarios los bajos registros y el momento en lo que esto ocurre, ya que las bajantes tienen su pico en invierno. También su duración porque ya llevamos varios meses de poca agua” sintetizó el especialista.

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Sin lluvias no hay crecida

¿Por qué el río aún no recuperó su nivel habitual para esta fecha? Según Collins, el motivo es la ausencia de lluvias en la alta cuenca del Paraná en Brasil, donde el río se nutre del agua que luego atraviesa buena parte de Argentina hasta desembocar en el Río de la Plata. “Si no llueve donde está la naciente del río es difícil tener un caudal normal acá, y por el momento no están las magnitudes de agua que normalmente suceden en esta época del año”, sintetizó.

Con casi cuatro meses de niveles muy por debajo de lo normal, ya se puede asegurar que la bajante 2019 es extraordinaria por varias razones que tienen que ver con el tiempo y los volúmenes de agua, sobre todo. Así lo explicó el experto, quien recordó que el ciclo natural del río ubica a las bajantes durante el invierno, para recuperar luego su caudal en el verano y llegar a sus máximos en los primeros meses del otoño.

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Por el momento, nada indica que la situación se revierta en el corto plazo: “Estamos tratando de ver cómo se mueven las masas altas de aire para ver su circulación y anticipar si habrá o no humedad en la zona alta de Brasil para que vuelvan las lluvias”.

“Ahora vemos un movimiento hacia el norte de esa humedad, pero aún si llueve el agua demora en llegar acá tanto por la distancia como por la cantidad de represas que hay que llenar en el camino. Son varias semanas” dijo Collins.

La mano del ser humano

Si bien el río tiene un ciclo natural de bajantes y crecientes que definen su identidad, la acción humana ha contribuido a alterar estos pulsos naturales sobre todo de dos maneras: el calentamiento global y la construcción de represas en diferentes alturas de toda la cuenca, más que nada en la parte brasileña.

“Lo del cambio climático ya lo vemos desde distintos factores. El hombre con sus actividades industriales y de manejo de la tierra lo ha intensificado, y si bien se puede decir que hay una variabilidad natural pero la impronta del hombre es innegable”, dijo Collins.

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La cantidad de represas que hay en Brasil es otro factor que influye, ya que aún cuando la lluvia haga su parte del trabajo hasta que esas construcciones no cumplan su función y rellenen sus niveles de reserva, no “liberarán” completamente el agua para que siga su curso natural desde el norte hacia el sur.

La fauna de la región, en apuros

El cambio drástico que significa un río y zona de Islas con escasa agua impacta de manera directa en todos los seres vivos que pueblan el Humedal, acostumbrados a que en esta época del año los niveles del Paraná son otros. “Esta bajante tendrá efectos en flora y fauna. Quizá ahora no lo podamos ver, pero lo notaremos en un par de años”.

Es que la crecida que deberíamos tener a partir de noviembre y diciembre hace que las especies migren para reproducirse y el agua distribuya esas larvas en el valle de inundación del río. “Si no tenemos eso, muy posiblemente no tengamos suficientes juveniles en períodos posteriores, lo que podría afectar la pesca” explicó el académico.

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Si bien el impacto será más visible en las especies que se consumen o están en un circuito de producción como los sábalos o el surubí, Collins argumentó que la bajante extraordinaria dejará huellas en toda la población ictícola del río.

Los pescadores artesanales de la región ya lo anticiparon hace varias semanas al explicar que la bajante no sólo empeora sus posibilidades de trabajo, sino que también “pone en duda el buen estado del recurso en el futuro inmediato y mediato ya que coincide con la época de desove del sábalo, lo que afectará la normal reproducción de la especie”.

En relación a la fauna terrestre, es esperable que ocurran migraciones de pequeña escala originadas en la búsqueda de las zonas de la cuenca con mayor cantidad de agua. “Puede ser que exista un movimiento mayor de especies hacia esas zonas” señaló Collins.

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