viernes 26 de noviembre de 2021
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El velorio de Diego Maradona: cómo fue el cortejo de las almas huérfanas que despidieron al 10

En el Obelisco y cerca de la plaza de Mayo, miles de argentinos pasaron la noche en vela e ingresaron en procesión a la Casa Rosada para despedirse de Diego Armando Maradona. A un año de su fallecimiento, la crónica de la enviada especial de AIRE a un velorio histórico.

La fuerza de un pie que da un golpe destartalado eleva la pelota hasta la mitad del Obelisco. Baja. Otra vez la misma secuencia, esta vez impulsada por otro pie, el de otro desconocido, que es hermano en el recuerdo y en el dolor. Sube. Mientras el balón -un poco destrozado ya- se mantiene en lo alto de la esquina de avenida Corrientes y Cerrito en Buenos Aires, parece detenerse el tiempo y en ese minuto todos juntos empiezan a cantar: "¡Olé olé olé, Diegooo, Diegoo! Pasaron los primeros 30 minutos del primer día sin Diego Armando Maradona y, aunque muchos sostengan que el futbol se apagó, en su recuerdo sigue vivo.

Desde la apertura de las puertas en la Casa Rosada, las sensaciones son ambiguas. La gente está agradecida por poder estar ahí, pero también triste, dolida y atormentada por la pérdida del ídolo más grande del fútbol argentino.

Maradona Casa Rosada velorio
Los argentinos despidieron a Diego Armando Maradona con dolor y mucho agradecimiento por esa zurda mágica que tan alto llevó al fútbol argentino.

Los argentinos despidieron a Diego Armando Maradona con dolor y mucho agradecimiento por esa zurda mágica que tan alto llevó al fútbol argentino.

En medio de todo este dolor, hay una chica de cinco años que sonríe. Está feliz porque va a ver a Diego Armando Maradona, aunque el ídolo de millones esté muerto. No termina de entender -porque tiene cinco años- que está en un funeral y eso, por ahora, le ahorra el dolor. “Yo le explico y le hablo de Diego, pero todavía no entiende de qué se trata la muerte”, cuenta Leila, su mamá. La niña, perdida entre las lágrimas de los demás, debe ser una de las pocas personas que puedan atravesar la pasarela montada en el hall de la Casa Rosada sin sentir que dejan ahí una parte de ellos, una parte de su historia, del fútbol y del alma.

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Al encarar esta procesión, hay que tener paciencia para esperar y manejar la ansiedad, en medio de los gritos, cantos, arengas que le dicen al mundo que "El Diego no se murió". Pero a 10 metros de la entrada a la Casa Rosada esas certezas se comienzan a desvanecer, porque el féretro del máximo ídolo argentino aparecerá rodeado de familiares y amigos vestidos de negro mirando a cada una de las personas que cruzan y lloran, caminan y pestañean atónitos, avanzan saltando y aplaudiendo.

velatorio diego maradona
En Casa Rosada, el desfile de seguidores de Diego Maradona fue incesante durante todo el día.

En Casa Rosada, el desfile de seguidores de Diego Maradona fue incesante durante todo el día.

Este 26 de noviembre no hubo una sola forma de despedir a Diego Armando Maradona, sino millones: una manera distinta por cada persona que vio el cajón que encierra al 10. Es probable que todos hayan sentido tristeza, pero también alegría de llegar hasta ahí. Contradicciones, eso sí que hubo en las últimas 24 horas.

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Dicen que Dios no puede morir, pero el 25 de noviembre al mediodía eso se puso en jaque. En las horas posteriores, las contradicciones se impusieron, las mismas que marcaron la forma en que Diego vivió su vida. De un lado, quienes eran empujados por las ansias de verlo, aunque sea sin respirar. Del otro, los que salían entre un mar de lágrimas, abrazados, casi a punto de caer destrozados en el piso por el deber de cargar para siempre con la imagen de "El Diego" muerto.

“Tengo 30 años, no lo vi jugar, pero sentía que tenía que estar acá porque el pueblo no abandona a quien lo hizo feliz”, expresó una hincha de Boca.

A 100 metros de la entrada principal a la Casa Rosada, comienzan los cacheos, que al principio, cuando el alcohol de la noche anterior estaba presente, causaron inconvenientes entre la policía y los asistentes. La situación se controló enseguida, pero hubo algunas personas heridas. Aunque los golpes poco importaron, porque a las pocos minutos un hombre con un tajo en la cabeza y sangre chorreando sobre su mejillas salió llorando por la puerta de egreso. El dolor no era por el golpe, sino por haber visto a su ídolo muerto. A la siesta, en cambio, la situación se desbordó cuando la gente sintió que no iba alcanzar a ver al Diego, porque el velorio se terminaba.

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La fila de gente para ver el féretro de Diego Maradona en Casa Rosada se extendía más allá de la Avenida 9 de Julio.

La fila de gente para ver el féretro de Diego Maradona en Casa Rosada se extendía más allá de la Avenida 9 de Julio.

No bastaba con ver a Diego muerto, también había que verlo desde la soledad de un pasillo ancho y techos altos, con frío en el corazón -a pesar de los 30 grados de temperatura-, sin la compañía de alguien, sin el codo para apoyarse y encima apurados. “Hagan una fila, caminen más rápido”, fueron las órdenes de los organizadores del operativo de seguridad. Es que en el interior de la Casa Rosada, las personas demoraban el paso de las otras almas huérfanas que peregrinaban detrás. Es entendible, todos querían y merecían verlo.

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Otra vez la voz en la radio del policía rezongaba de la lentitud, esta vez de los cacheos. Finalmente, terminaron siendo pocas las personas controladas completamente y el paso se convirtió en un verdadero peregrinar, sin tantos obstáculos cerca de la meta final.

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Hinchas de todos los clubes lloraron y despidieron a Diego Maradona en medio de un profundo dolor.

Hinchas de todos los clubes lloraron y despidieron a Diego Maradona en medio de un profundo dolor.

Y ahí sí. Adentro todo el panorama cambiaba. Se cayó el mundo a pedazos más de un millón de veces. Se vinieron abajo las ideas, los planes, todo lo que un mortal puede pensar decirle o desearle a su ídolo en el momento de su funeral. La imagen atrapaba, congelaba, impresionaba. En un círculo negro por el luto, los allegados a Maradona lo rodeaban y sus miradas iban y venían entre el cajón con los colores de la Selección Argentina y la camiseta de Boca Juniors y los millones de fans de Diego. En el medio estaba él, también solo.

“Tengo 30 años, no lo vi jugar, pero sentía que tenía que estar acá porque el pueblo no abandona a quien lo hizo feliz”

Al salir de la Casa Rosada, las declaraciones fueron todas similares. Los más grandes contaban anécdotas de su vida. “Yo me escapé de mi papá para verlo al Diego”, contó Luis, que llegó a Casa de Gobierno desde Florencio Varela, junto a su mujer, que se secaba las lágrimas y trataba de destrabar el nudo en su garganta. Los más chicos lo conocieron gracias a sus padres, abuelos, vecinos o a algún adulto que les contó o mostró alguna jugada de aquel joven petisito y mágico a la hora de gambetear y de dominar la número cinco.

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El día amaneció gris, a tono con la tristeza de los fanáticos que despedían a Diego Maradona. Con el correr de las horas, el sol fue ganando el cielo.

El día amaneció gris, a tono con la tristeza de los fanáticos que despedían a Diego Maradona. Con el correr de las horas, el sol fue ganando el cielo.

Cerca del mediodía el clima y el fervor se empezaron a calentar. Los argentinos cantaban más fuerte que nunca y entonaban al unísono las estrofas del Himno Nacional Argentino, ese que a Maradona le gustaba tanto cantar. Por poco tiempo, el lapso que se tarda en dar unos 20 pasos, se vivía un clima de Mundial. Pero el después era una aplanadora.

Este jueves, más de un millón de argentinos entraron a la Casa Rosada siendo unos y salieron siendo otros.

La sensación hasta el momento de cruzar la puerta de la Casa Rosada era la de las ganas de querer llegar, por el calor, el cansancio, el amor a "El Diego". Una vez adentro volvieron las contradicciones, esas a las que Maradona acostumbró a sus fanáticos y a todo el pueblo argentino.

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"La despedida de Diego Maradona fue como debía ser. Nadie se arrepentirá de haber ido, y es probable que en los que se ausentaron quede una sensación amarga para toda la vida. Pero lo cierto es que tampoco Maradona se va a ir de este mundo, porque es imposible que alguien amado por tanta gente sea olvidado".

“Tengo 30 años, no lo vi jugar, pero sentía que tenía que estar acá porque el pueblo no abandona a quien lo hizo feliz”, expresó una hincha de Boca.

Como ella, guiados por el deseo de ver al 10 por última vez, este jueves más de un millón de argentinos atravesaron un túnel, entraron a la Casa Rosada siendo unos y salieron siendo otros. Al principio la sensación pareció de vaciamiento, de arrebato. A los pocos minutos u horas, depende lo que le cueste a cada uno recuperar la compostura, arribó la gratitud.

Es que Diego Armando Maradona no se va a ir de este mundo, porque es imposible que alguien amado por tanta gente sea olvidado.

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