sábado 16 de enero de 2021
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La última vez que Diego Maradona visitó Santa Fe

El miércoles 20 de mayo de 2009, la Selección –con el Diez como entrenador–, le ganó un amistoso a Panamá por 3 a 1 en el estadio Brigadier López de Colón.

Sus momentos más felices los vivió dentro de una cancha de fútbol y, a la pelota –esa que sabiamente decretó que no se mancha–, le declaró su eterno e incondicional amor. Fue venerado por propios y extraños como un dios y, en el campo de juego, fue Dios.

Los diccionarios de adjetivos y sinónimos se agotaron ante su infinito talento, con el que deleitó a generaciones y, cuando menos lo esperábamos, el helado tentáculo de la muerte le dio el abrazo final. Pero, si bien el más grande jugador de todos los tiempos acaba de ser llamado por la misma, mientras alguien recuerde a Diego Armando Maradona, su legado será inmortal.

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No hubo lugar del planeta donde no maravillara a quienes lo vieron en una cancha y, cuando colgó los botines, comenzó con su etapa de entrenador, hasta que cristalizó su sueño máximo: conducir a la Albiceleste –su segunda piel–, con la que como jugador brilló como nadie jamás lo volverá a hacer.

Nuestra ciudad también tuvo el privilegio de disfrutar de su magia, porque Diego enfrentó a Colón y a Unión, tanto como jugador de Argentinos Juniors o de Boca y, además, el pueblo Sabalero guardará por siempre, en un lugar muy especial del corazón, las imágenes de cuando Pelusa vistió la Rojinegra en un evento benéfico: fue el sábado 2 de agosto de 2008, y en el mismísimo Cementerio de los Elefantes…

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Santa Fe lo recibió en su nuevo rol

El último paso de Maradona por nuestra ciudad se produjo hace 11 años, aunque no se presentó en un campo de juego, sino fuera del mismo. Diego nos visitó el miércoles 20 de mayo de 2009, cuando la Selección que él dirigía desde el martes 4 de noviembre del año anterior –y que en 2010 afrontaría el Mundial de Sudáfrica–, derrotó en un amistoso a Panamá por 3 a 1 en el estadio Brigadier López.

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Maradona hizo debutar a 14 futbolistas en la Selección Mayor en el amistoso ante Panamá. De ellos, solo dos irían al Mundial el año siguiente en Sudáfrica: Diego Pozo y Nicolás Otamendi.

Maradona hizo debutar a 14 futbolistas en la Selección Mayor en el amistoso ante Panamá. De ellos, solo dos irían al Mundial el año siguiente en Sudáfrica: Diego Pozo y Nicolás Otamendi.

Para este encuentro, El Diez –que tenía 48 años– había convocado a jugadores que actuaban en nuestro país y, por eso, 14 futbolistas hicieron su estreno en la Mayor. En esa oportunidad, Maradona mandó a la cancha a Diego Pozo y Nicolás Otamendi (los únicos que finalmente irían al Mundial), Alexis Ferrero, Matías Caruzzo, Cristian Campestrini, Fabián Rinaudo, Hernán Bernardello, Matías Defederico, Eduardo Salvio, Sebastián Prediger, Franco Zuculini, Sebastián Blanco, Ignacio Canuto y Esteban Fuertes quien, a los 36 años, se dio el gusto de debutar en la Selección –a la fecha, es el más veterano en hacerlo– y, además, en el estadio del Sabalero.

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La Argentina formó con Diego Pozo (Campestrini); Alexis Ferrero (Canuto), Nicolás Otmanedi y Matías Caruzzo; Eduardo Salvio (Blanco), Hernán Bernardello (Prediger), Fabián Rinaudo (Zuculini) y Matías Defederico (Emiliano Papa); Daniel Montenegro; José Sand (Fuertes) y Gonzalo Bergessio.

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Esa noche, dirigiendo a la Albiceleste en el estadio Brigadier  López de Colón, el Diez fue el centro de todas la miradas y ratificó que, aún fuera del campo de juego, también convocaba multitudes.

Esa noche, dirigiendo a la Albiceleste en el estadio Brigadier López de Colón, el Diez fue el centro de todas la miradas y ratificó que, aún fuera del campo de juego, también convocaba multitudes.

Los dos tantos de Bergessio y el de Defederico fueron una simple anécdota porque, el imán que atraía todas las miradas, era Maradona, quien renovó su romance con el público de nuestra ciudad –y de tantas otras que dieron el presente solo para verlo– y ratificó que, desde fuera de la cancha, también convocaba multitudes.

De Villa Fiorito a la eternidad

Maradona vivió 60 años pero, por la velocidad con la que lo hizo, parecieron 200. Fue un elegido a las que las hadas del destino le sonrieron y lo llevaron a lo más alto porque, de una dura pobreza pasó a codearse con presidentes y miembros de distintas casas reales, figuras de la farándula y del jet set internacional.

Maradona fue un ser especial, de esos que nacen cada un millón de años o que, cuando llegan al mundo, provocan un antes y un después en la Historia. Sí, con mayúsculas, como la que él escribió.

Maradona hizo conocer al país –como antes lo hicieron Fangio y Monzón–, y llegó a ser la persona más famosa del mundo.

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Maradona fue una montaña rusa para nuestras emociones, porque nos hizo erizar la piel, nos dejó con la boca abierta una y mil veces, y nos hizo romper las manos para aplaudirlo.

Maradona acariciaba con su zurda exquisita desde una pelota de tenis –pasando por una de golf o una naranja– hasta un bollo de papel, ya sea descalzo, con botines o con los más exclusivos y lujosos zapatos y, millones de simples mortales, nunca logramos hacerlo con nuestras manos…

Maradona cometió errores, que pagó carísimo en su trayectoria profesional y le provocaron innumerables dolores de cabeza en su ámbito personal. Así eligió transitar por este mundo. Fue su decisión. Fue su elección. Y se respeta como la de cualquier otro.

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Maradona estuvo varias veces cerca de la muerte pero, por su físico privilegiado –el mismo que tantas veces maltrató con sus excesos–, irradiaba un aura de que, como todo grande –y Diego fue muy grande, enorme, inmenso– viviría para siempre. Hasta que, en la jugada final, no pudo gambetearla…

Maradona era una leyenda viviente –algo de los que muy, pero muy pocos pueden presumir– y, a partir de ahora, cada vez que se lo nombre, un torbellino e imágenes vendrán a nuestras mentes y las de millones de hinchas anónimos, que no encuentran consuelo ante la partida de este fenómeno único y absolutamente irrepetible.

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Y ahora que las lágrimas comienzan a asomar, elegiremos quedarnos con el mejor de los recuerdos de alguien que nos hizo llorar de alegría y, hoy, de infinita tristeza.

Descansá en paz, Diego. En el cielo, están haciendo cola para jugar un picado con vos.