“Ahí hay un cebadero, al lado de donde sale el viejo desagüe”, explica Raúl Benítez, un jubilado de 71 años, que acostumbra con su nieto y dos amigos ir a tirar unas líneas desde una de las plataformas que quedaron como vestigio del antiguo puerto de Rosario. Debido a que el río está bajísimo –llegó a 1,05 metros la altura en esta ciudad– ese lugar de la ribera se transformó en un punto codiciado porque es difícil que el pescador vuelva a su barrio con las manos vacías.
El "cebadero", como le llaman los pescadores, está ubicado en la zona más cara y más rica de Rosario, en Puerto Norte, a unos metros de la rotonda, donde está enclavada la instalación artística con forma de barquito de papel. Allí llega gente humilde, la mayoría en bicicleta desde el oeste y el norte de Rosario, de los barrios Empalme Graneros y Ludueña. Pero nadie los ve, porque pescan sobre la barranca, entre escombros y la basura que se acumula. Sólo se puede divisar a ese enjambre de pescadores desde el río o desde las Torres del complejo inmobiliario más caro de Rosario que se empezó a forjar en esas tierras después del 2001.
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El martes al mediodía esa barranca repleta de escombros donde a partir de 2005 se expropiaron las tierras que pertenecían a Servicios Portuarios había un centenar de pescadores. A nadie le importó violar la cuarentena con la meta de llevarse pescado a su casa en tiempos de escasísimos ingresos.
Durante la tarde, la policía detuvo a 25 personas que pescaban en esa zona, que sólo se puede ver desde el río, porque la propia ciudad se encarga de ocultar o disimular esos contrastes violentos.
A unos cien metros de allí está la torre Maui, donde vive el empresario gastronómico Roberto Dutra, que la semana pasada fue detenido tres veces, acusado de violar 15 veces el aislamiento obligatorio, pero en la audiencia imputativa el juez Nicolás Foppiani lo absolvió al considerar que este hombre estaba exceptuado porque posee una compañía de alimentos que no está alcanzada por el decreto que impone las restricciones.
La decisión del magistrado provocó críticas desde distintos sectores, entre ellos, el propio ministro de Seguridad de Santa Fe Marcelo Saín. Pero más allá de los cuestionamientos, y la presión del empresario de despedir a 400 empleados de la firma Catering Gourmet, que provee de alimentos a los hospitales de Rosario, Dutra puede moverse ahora en sus autos sin límites y no está obligado a permanecer en cuarentena dentro de su departamento de lujo que tiene vista al río el Paraná, a esa barranca donde van a pescar los pobres que este martes fueron aprehendidos.
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Las bicicletas de los pescadores detenidos este martes quedaron en forma de montaña en la Seccional 10ª, junto a las cañas. Algunas líneas permanecen en el agua, quizá con un patí enganchado que no puede zafar del anzuelo, que no podrá ser vendido en la calle de Empalme Graneros y no se transformará en chupín en Semana Santa. Porque la mayoría de los que pescaban en la barranca lo hacían para comer, para llevar a sus familias algo fresco o para venderlo en el barrio en la pascua.
La denuncia la hizo un vecino de la zona al 911. Una persona que vio desde su balcón esa postal cruda de pobres tratando de sacar un pescado para comer. Y se indignó, seguramente. Y llamó a la policía, que en este nuevo rol de buscar infractores de la cuarentena parece más efectiva y decidida que nunca, alentada en las redes sociales por el ministro de Seguridad.
A metros de allí, en otra torre lujosa, en el complejo Condominios del Alto vivía el exjefe de drogas de la Policía de Investigaciones Javier Makat, que fue detenido en noviembre pasado –tras una pesquisa del Organismo de Investigación- ante la sorpresa de que ese departamento con vista al Paraná era del narco Esteban Alvarado, uno de los más poderosos de Rosario.
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El gran operativo desplegado para llevarse a estas 25 personas detenidas por violar la cuarentena choca, con una severidad inaudita, con la realidad de los propios barrios de Rosario, aquellos más alejados del centro, donde la cuarentena se cumple adaptada a la precariedad de la pobreza.
Hay una franja dentro de las cifras de la pobreza que aparece invisible, que es el cuentapropista que quedó sin ingresos por la parálisis de la economía, tanto formal como informal.
La lupa está puesta en las barriadas donde conviven -según datos del Instituto de Estadística y Censos (Indec )- 540.000 personas en condiciones de pobreza e indigencia. Hay 112 villas de emergencia diseminadas en el norte, oeste y sur de la ciudad, donde es muy complicado que una persona que vive en una casa de chapa, cartón y madera pueda cumplir con el aislamiento social impuesto por el gobierno.
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"En algunos sectores apuntamos a que haya una cuarentena barrial. Sabemos que hay personas que no pueden cumplir un aislamiento en las condiciones en que viven, pero les recomendamos que no circulen, que traten de quedarse en su zona", explicó a Aire de Santa Fe el intendente de Rosario, Pablo Javkin.
Hay 112 villas de emergencia diseminadas en el norte, oeste y sur de Rosario, en las que es muy complicado que una persona que vive en una casa de chapa, cartón y madera pueda cumplir con el aislamiento social impuesto por el gobierno
"Es muy importante que los comedores y los merenderos sigan funcionando, porque muchas personas no tienen para comer, porque hay mucha gente que no puede salir a trabajar. Se triplicó el reparto de comida los días de cuarentena", sostuvo Georgina Mansilla, de la organización La Poderosa, que desempeña una labor en el barrio Los Pumitas.
Esos 25 pescadores salieron de sus barrios donde la cuarentena se cumple como se puede, pero se transformaron en infractores cuando se los divisó en un territorio ajeno, donde los contrastes no perdonan.
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