domingo 12 de julio de 2020
Santa Fe | Rancho | cuarentena | coronavirus

La cuarentena contra el coronavirus es imposible entre cuatro cartones y una chapa

En villa Jesuitas, las medidas de aislamiento social son una barrera para ir a "changuear y manguear" y un problema crítico para los que viven al día. Los Sin Techo estiman que hay 5.300 familias en Santa Fe que se hacinan en 1.650 ranchos.

Axel Velázquez este martes no pudo ir a “changuear” al mercado de frutas y hortalizas. Pero necesita morfar y se puso a espantar víboras en un yuyal para hacer ladrillos al lado de los 68 ranchos de villa Jesuitas en barrio Loyola y enfrente de las casas en las que reubicaron a las familias de la Vieja Tablaba.

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Desesperado y sin poder

Desesperado y sin poder "changuear" en el mercado, Axel Velázquez se puso a hacer ladrillos.

“Me levanté y me encontré una yarará chiquita al lado del rancho. Y acá saqué varias pero tengan cuidado porque algunas se me escaparon. Se ve que alguna tuvo cría”, le cuenta a Aire Digital. Tiene 22 años y no quiere que su hijo Alex de dos años salga y ande entre los ranchos. Le tiene más miedo a las víboras que al coronavirus y para sus vecinos el aislamiento social es un problema porque no pueden “manguear” ni “changuear”.

En Santa Fe hay unas 5.300 familias que están igual, según una estimación del Movimiento Los Sin Techo. Viven en 1.650 ranchos y entre cuatro cartones y una chapa la cuarentena es imposible. “El rancho es la tumba y la muerte. No tenés aislamiento, higiene y tampoco para morfar”, resume José Luis “Colo” Zalazar, en una entrevista con Aire Digital.

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Los Sin Techo, que hacen censos y encuestas con frecuencia, tienen un otro dato interesante: los mayores de 65 años son sólo el 3,4% de los que se hacinan en los ranchos. Es que en la pobreza más extrema la expectativa de vida se derrumba.

Desesperado. Ayer Carlos Alberto Rojas (62 años) se “escapó” del rancho que comparte con Susana Martínez (67 años) para ir a pescar. “No saqué nada, ni siquiera moncholos. Hasta los pescados están en cuarentena, no saqué nada”, se lamenta. Su mujer necesita alimentos, jabón y lavandina para intentar mantener lo más limpio posible el rancho.

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Carlos Alberto Rojas comparte el rancho con Susana Martínez y su hijo.

Carlos Alberto Rojas comparte el rancho con Susana Martínez y su hijo.

“Acá todavía no llegaron con los bolsones y los elementos de limpieza, pero el gobierno provincial los está distribuyendo y esperamos que estén aquí lo antes posible”, confirma Mónica González, coordinadora de Los Sin Techo en Loyola.

Al rancho de los Rojas se acerca Jimena Cáceres, es la hermana de Maira Cáceres, la chica de nueve años con fibrosis quística que está esperando un trasplante de pulmón. “Está con mi mamá porque ahora no la pueden trasplantar”, cuenta.

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Jimena Cáceres pasea a su hijo Alex en brazos por el miedo a las víboras.

Jimena Cáceres pasea a su hijo Alex en brazos por el miedo a las víboras.

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A 30 metros, en otro rancho, se “amucha” la familia de Carina Martínez y Ricardo Madero. En la foto son nueve, pero hay dos más que entraron a la casa antes del click de Maiquel Torcatt. “Yo cuido autos y vendo bolsas, pero ahora no puedo hacer ninguna de esas dos cosas”, asegura Madero.

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La familia de Carina Martínez y Ricardo Madero en una vivienda de villa Jesuitas. Ricardo no puede salir a cuidar autos ni a vender bolsas.

La familia de Carina Martínez y Ricardo Madero en una vivienda de villa Jesuitas. Ricardo no puede salir a cuidar autos ni a vender bolsas.

Sobre la mesa tiene yerba y medio pedazo de pan. “Los chicos van todo el tiempo a la heladera. Nos ayuda que una de las chicas cobra asignación porque está embarazada”, se sincera Martínez. Viven al día y están al límite.

A 50 metros hay unas casillas de madera -parecidas a los módulos de la ruta nacional 168 cuando hay inundación- que en teoría eran transitorias mientras construían el barrio para inundados de Loyola. En una de ellas sobrevive María Tonelli (55 años), que sale angustiada y rengueando.

“Estuve tres días internada en el Hospital Iturraspe porque tuve un infarto. Me dijeron que me venga para acá por el riesgo de coronavirus, pero no tengo nada para limpiar y tampoco comida porque mi marido no puede trabajar”, implora. La renguera es porque se lastimó uno de los tobillos cuando se cayó por el infarto.

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María Tonelli tuvo un infarto hace unos días y estuvo internada en el Hospital Iturraspe.

María Tonelli tuvo un infarto hace unos días y estuvo internada en el Hospital Iturraspe.

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“¿Por qué no pasaron por nuestro ranchos?”, reclama Rocío Riquelme a Aire Digital. Cuida a su abuela de 77 años y a su tío. No tiene más pañales y no puede salir a manguear. A su lado, Marion Ferreyra ya no sabe cómo aguantar en el rancho. “No me puedo quedar todo el día acá, el calor y la humedad son insoportables”, insiste.

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Rocío Riquelme está desesperada porque no puede salir a pedir. Está a cargo de su abuela de 77 años y de su tío.

Rocío Riquelme está desesperada porque no puede salir a pedir. Está a cargo de su abuela de 77 años y de su tío.

Es que el problema, más allá del coronavirus, es que en Santa Fe -la Argentina- todavía no se ganó la batalla más relevante: “Quebrar la herencia de la pobreza”. Va entre comillas porque era una de las frases preferidas del padre Atilio Rosso. El 23 de abril se van a cumplir diez años de su muerte y su legado muestra el camino en este duro rincónde Santa Fe. Hay diez casas con bloques premoldeados de Los Sin Techo a medio hacer. Mónica González asegura que con la plata en la mano las terminan en un sólo día.

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