Este templo de pequeñas dimensiones destaca por su cúpula azul, un sello característico de la arquitectura bizantina. Desde afuera ya llama la atención, pero su interior guarda aún más secretos: mosaicos venecianos, íconos pintados a mano y una disposición que responde estrictamente a los preceptos de la iglesia ortodoxa rusa.
Una capilla rusa en el corazón de las sierras
La capilla fue construida en 1955 por descendientes de inmigrantes rusos que, aunque residían en Buenos Aires, eligieron Anisacate como su lugar de veraneo. Fue allí donde decidieron levantar este templo, en honor a su tradición y a su fe.
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La capilla fue construida en 1955 por descendientes de inmigrantes rusos que llegaron a la provincia de Córdoba.
La capilla secreta de Córdoba que abre solo una vez al año
Cada 19 de diciembre, la comunidad se reúne para celebrar a San Nicolás de Bari, patrono de la capilla. Ese día se realiza una misa especial, oficiada por descendientes de los primeros inmigrantes que impulsaron la obra. Durante esa jornada, los visitantes pueden ingresar, conocer el interior y participar de la ceremonia, en un ambiente que mezcla espiritualidad y tradición.
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En las paredes de la capilla se encuentra imágenes realizadas por mosaicos, siguiendo la tradición ortodoxa.
Un templo sin imágenes tridimensionales
A diferencia de otros templos católicos, esta capilla no utiliza esculturas ni imágenes tridimensionales. En cambio, predominan los íconos religiosos pintados y los murales con mosaicos venecianos que cubren sus paredes internas, siguiendo la tradición ortodoxa.
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Además de la cúpula azul y los detalles dorados, la piedra fundacional del templo fue traída directamente desde el Río de la Plata, un símbolo que une el pasado inmigrante con el presente cordobés.