El 8 de marzo de 2021, Viviana Imperiale lanzó la organización Arriba Mujeres, que promueve cursos de capacitación en oficios de la construcción, de los que ya participaron 41 mujeres y un varón. Primero, lo pensó como una escuela de pintura de obra y hogar para ellas, pero una de sus mejores amigas le planteó que era necesario ampliar el espectro. Este año, también para el Día de la Mujer, lanzan un curso de electricidad, a cargo de Ana Clara Razzetti. "Tengo alta convicción de que nosotras tenemos que defender lo nuestro en nuestro lugar de trabajo", dice sobre la fecha elegida. "Para mí es un honor poder lanzar un taller justamente el 8 de marzo, en honor a esas mujeres que en 1908 pelearon por una jornada laboral de ocho horas", en la fábrica Cotton de Nueva York, y "a un montón de mujeres más".
Viviana es diseñadora de interiores y ama su trabajo, pero siempre sintió una incomodidad. “Siempre sentía que tenía un gran potencial y no sabía por dónde venía. No me sentía cómoda adentro de mi profesión, si bien me gustaba. Tampoco identificaba bien qué era lo que me pasaba, no lo podía poner en palabras. Lo que me molestaba era esa relación que había, no con los clientes, sino con los hombres. Por qué yo tenía que esmerarme todo el tiempo frente al hombre que era colega, diseñador, al hombre que era ingeniero, que era arquitecto, que era vendedor de una pinturería. Por qué yo le tenía que estar demostrando todo el tiempo que yo sabía. Eso era lo que a mí me hacía pasarla mal dentro de mi profesión, pero en ese momento no podía ponerle palabras”, relata la prehistoria de su actual tarea.
En 2019, se contactó con ONU Mujeres y comenzó cursos de capacitación. Entonces, el avance de las mujeres la había llevado a conocer la historia, a identificar los problemas. Fue entonces cuando se dijo “Ah, mirá, lo que me pasó durante tanto tiempo viene por acá, no quiero pasarme la vida demostrándole al otro que sé, que las mujeres sabemos”. “Acá estaba mi potencial, en entregar conocimientos para que otras mujeres puedan desarrollarse, pero no peléandose con el mundo, sino desde el saber. Es de ahí que venía mi inquietud y mi incomodidad de tantos años”, cuenta sobre el proceso que hoy, con su organización en marcha, y dos hijas de 33 y 27 años, puede identificar con claridad.
Su acercamiento a ONU Mujeres, la capacitación, la llevó a una pregunta. ¿Por qué no generar su propia propuesta? Llegó de la mano de otra mujer, una de las colaboradoras la impulsó. “Así fue que empezaron a cerrarme un montón de cosas que me venían ocurriendo de muy jovencita, empecé a ponerle el nombre y apellido a las cosas. A entender que las mujeres no somos competencia, ni ellos son competencia. Los varones y mujeres estamos para ser un excelente complemento. Eso es lo que queremos, esa es la igualdad que yo entiendo”, define.
La primera propuesta fue una capacitación para “Pintoras de Hogar y Obra”, que contó con el apoyo de Cañada Pinturerías. “Arranqué pensando nada más en pintura, buscaba los recursos. Ahí apareció la empresa que me dijo le parecía una idea buenísima. Entonces, una de mis grandes amigas me dice ‘Vivi, vos no podés quedarte con enseñarles a pintar nada más, por qué no armas una organización’”. Se entusiasmó, le contó a su hija más chica, que estudia Arquitectura, a una colega, a otra amiga abogada.
“La idea fue no quedarnos solamente en capacitar en pintura, sino para armar una organización para capacitar en diferentes oficios, a fines de que las mujeres se sientan con el valor y la autoestima de saber que pueden hacerlo, de lograr cada una de ellas su autonomía con este conocimiento que le brindamos”, subraya los claros objetivos de su trabajo.
Para ella, autoestima, autonomía económica y consecución de ingresos propios son una cadena que se alimenta.
El año pasado, llevó al Concejo una idea para que la Municipalidad priorice, en sus licitaciones públicas, privadas y concursos de precios, a las empresas que contraten mujeres para desempeñarse en oficios. “No pedía un cupo, sino que se tuviera en cuenta ese aporte”, dice hoy. El entonces concejal Lisandro Zeno apoyó la iniciativa, que se convirtió en ordenanza.
A la hora de hablar de satisfacciones, Viviana la tiene clara. La confirmación de su vocación es la respuesta de “todas las mujeres que se han acercado, con ganas de trabajar en algo que las dignifique”. La experiencia le demuestra que esa formación es una herramienta emancipadora para muchas. “Ellas lo expresan de esta manera. Me dicen: ‘necesito trabajar’. Me emocionó muchísimo ver a cada una de ellas decir ‘tengo el plan, pero sería feliz teniendo un trabajo’. Las que han tenido posibilidad de trabajar y se han dado cuenta de que en una semana ganan más que en un plan, no te puedo explicar la alegría que tienen”, relata.
Y así, confirma lo que les plantea antes de empezar, que “los ingresos no van a hacer los mismos limpiando casas o cuidando niños o enfermos que si van a trabajar de pintora o de electricista”.
La cifra de 41 mujeres y un hombre capacitados tiene una historia y una explicación. En los talleres que realizan en el barrio Cabin 9 de Rosario, el hermano de una de las asistentes preguntó si podía sumarse. Viviana le dijo que sí, siempre y cuando acordara con los principios de igualdad y complementariedad que la organización lleva adelante. “No podemos permitir que venga y quiera hacerles pasar un mal momento a las chicas, con ese machirulaje que muchos tienen, porque se trata de complementarse, no de luchar”, traza sus límites.
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