En la Argentina, el 81,73% de la población tiene el esquema completo de vacunación contra covid-19, y el 90% recibió una dosis. Desde enero de 2021, muchas personas publicaron sus fotos vacunándose, como una fiesta. La mayor parte de las discusiones giraron en torno a cuáles y cuántas, (casi) sin discutir que es un derecho de la población. Hubo discursos antivacunas, sí, pero los datos son contundentes. “La pandemia puso la inmunología en el centro de la escena. Todo el mundo hablaba de producción de anticuerpos, linfocitos, vacunas arn, uno no podía creer el nivel de discusión que se daba, porque había gente muy informada y muy formada. Para nosotros fue como salir a escena de golpe, somos de perfil bajo y tuvimos que hablar en medios de comunicación, responder en el grupo de WhatsApp de los padres de las escuelas”, cuenta Natalia Santucci, integrante de la Sociedad Argentina de Inmunología, que forma parte de la International Union of Immunological Societies (IUIS).
Para la investigadora, el efecto es positivo, “porque puso en valor lo que nosotros hacemos, nos dio una visibilidad que no teníamos. Y sobre todo, más allá de que hubo, por supuesto, movimientos antivacunas, los médicos por la verdad, una serie de actores que salieron en ese momento, con discursos muy desatinados, el 90% de población argentina se vacunó y eso dice que confía o al menos tiene esperanza en lo que la vacuna le puede proveer”.
Con un calendario oficial que reconoce el acceso gratuito a 20 vacunas, Argentina tiene una cultura de la vacunación. Es diferente en otros lugares del mundo, y eso tuvo efectos, también, en la respuesta ante la pandemia. En Estados Unidos, solo el 66,6% de la población se vacunó; en Alemania, el 76,6. Son países donde hay dosis disponibles. En esta coyuntura, la Sociedad Argentina de Inmunología se propuso, para el 29 de abril (Día Internacional de la Inmunología) con una campaña sobre la importancia de las vacunas, como parte de una iniciativa de la International Union of Immunological Societies (IUIS).
¿Por qué es necesario insistir en el tema de las vacunas?
“Es un método de prevención, y siempre prevenir es mucho más beneficioso que curar. Cuando uno previene, evita la patología y gana en calidad de vida. Entonces, el sistema sanitario se alivia, y se puede dedicar a otro tipo de problemáticas que tal vez no son evitables. En segundo lugar, somos zona endémica para un montón de enfermedades. Entonces, dejar de vacunarnos es ofrecer la oportunidad de que muchas enfermedades que ya están controladas, vuelvan a resurgir”, señala Santucci.
El sanitarista Ramón Carillo situaba el origen de buena parte de las enfermedades en las condiciones de vida. Santucci no lo menciona, aunque va en la misma línea. “En sociedades como la nuestra, tan asimétricas, vacunar y prevenir enfermedades es fundamental para los sectores más empobrecidos, porque les das calidad de vida. Evitar que una persona se enferme es sacarle todo un problema, porque tiene que trabajar cada día para poder comer. Si está enferma, no lo puede hacer. Tiene que mandar a sus hijos a la escuela, no solo para que los eduquen, sino también para que los contengan y los cuiden mientras ellos salen a trabajar. Entonces, evitarles una enfermedad siempre es alivianarles la carga que ya de por sí tienen, que es tremenda”, subraya.
“Sería inmoral no utilizar esa herramienta”
Doctora en Ciencias Biológicas y biotecnóloga, Santucci es investigadora del Conicet, y además de integrar la SAI, forma parte del Instituto de Inmunología Clínica y Experimental de Rosario (Idicer). Desde allí, el año pasado lanzaron la campaña #ViralicemosConciencia, ante la urgencia de promover la vacunación. Considera que “la vacuna es una tecnología que es sumamente humanitaria”. “Mucho más allá de la ganancia que le pueda llevar al laboratorio, lo que ofrecen es calidad de vida a quien se vacuna y eso, a veces, en los países centrales es muy difícil de ver, porque no hay estas desigualdades que vemos nosotros acá, pero cuando uno piensa que un chico de una villa puede prevenir un montón de enfermedades que incluso podrían ser inhabilitantes para su vida, sería inmoral no utilizar esa herramienta”. Santucci considera que “la salud no es una mercancía, es un derecho. Entonces la vacuna es una herramienta que apuesta a garantizar ese derecho, no importa si después gana un laboratorio, lo que importa es que esa persona que se vacunó ganó en calidad de vida, ganó en salud”.
Porque uno de los argumentos contra las vacunas es que son un negocio de los laboratorios farmacéuticos. “Es muy complejo porque estamos en tiempos de posverdad y para los que hacemos ciencia es muy difícil salir a responder todo el tiempo a esas cuestiones. En general, la mayoría de las publicaciones científicas, en un amplio espectro, son financiadas por los Estados o sea, son producción pública de conocimiento”, deslinda la investigadora. Sin desconocer que la industria farmacéutica capta a investigadores formados para trabajar en sus laboratorios. “Pero lo cierto es que la mayoría de las investigaciones son producidas con fondos estatales y muchos de esos desarrollos con los que nos beneficiamos hoy son producidos por los estados. Entonces, eso hace que todo el sistema de producción de conocimiento sea bastante limpio”, plantea Santucci.
No esquiva el debate sobre el estilo de vida. “Es cierto que muchas veces nuestros hábitos de vida nos enferman y eso da ganancias al laboratorio. Pero en relación con las vacunas, esto no funciona tan así. Es el razonamiento inverso, la vacuna es una herramienta que sirve mucho más al público, al Estado, que al laboratorio privado. Porque, al poder prevenir la enfermedad, hay un montón de recursos que se gastarían en el tratamiento de una enfermedad prevenible, que se pueden volcar a otro lugar y termina capitalizando ese dinero para mejorar el sistema de salud”, sostiene Santucci.
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