Aunque sus sueños de infancia fueron distintos, en parte por el contexto histórico y en parte por su historia personal y familiar, todas ellas han enfrentado mandatos sociales, desafíos y cambios generacionales.
Los sueños también cambian con el tiempo
Mientras que la madre de Stella, Julia Albina, (hoy de 94 años) soñaba con formar una familia y tener una casa propia, Stella (72), creció con una fuerte sensibilidad hacia las injusticias.
Desde pequeña, su padre —gremialista y activista en huelgas y marchas— la inspiró a querer "cambiar el mundo". Pero también anhelaba formar una familia y tener muchos hijos, algo que comprendió mucho tiempo después.
Embed - Tres mujeres, tres generaciones y una historia de sueños, mandatos y conquistas
Analía (50) nació en 1974, en un contexto político y social marcado por la dictadura y la posterior recuperación democrática. Durante su infancia, no pensaba en el futuro con claridad, pero siempre disfrutó de la lectura y la escritura. Ese amor por las palabras la llevó a convertirse en docente y escritora.
Recuerda que de niña soñaba con salir de su casa, aunque no porque viviera una situación difícil. Su familia era democrática, pero existían reglas no dichas y roles asignados. "Uno cree que creció en libertad, pero en el adentro no siempre es tan así", reflexiona.
Alejandra (26), por su parte, lo tuvo claro desde pequeña. Soñaba salir de su hogar en Franck para estudiar una carrera universitaria en Santa Fe. Ser madre no está en sus planes, al menos por ahora. Y hoy su objetivo es "vivir las aventuras de la ciudad" y terminar los estudios, algo que las mujeres de su familia no pudieron hacer.
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Stella Vallejos es militante en Derechos Humanos, querellante y testiga en juicios por delitos de lesa humanidad. También estuvo al frente del Inadi de Santa Fe.
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Los sueños y aspiraciones cambian con el paso de los años, pero no de manera lineal. Cada generación abre caminos a la siguiente, ampliando las posibilidades de elegir un futuro diferente.
El mandato del cuidado: una herencia generacional
El rol de cuidadoras ha sido un mandato que trascendió el tiempo y las generaciones en la familia de estas mujeres y la de la mayoría. A Stella la cuidó su madre Julia y, cuando ella fue mamá, cuidó a su hija y a sus dos otros hijos con la ayuda de su madre.
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Alejandra y sus hermanas en Franck.
A Analía la criaron sus abuelos, ya que sus padres se separaron cuando era pequeña, cuando apenas había salido la ley de divorcio. Su abuelo fue su principal referente, algo poco común para la época. "No era como hoy, que la crianza es un poco más compartida, pero hoy entiendo que era porque él traía la plata a la casa", reflexiona.
Analía no ejerció directamente el rol de cuidadora, pero se encargaba de las tareas del hogar, como los mandados y la limpieza. Su hermano, en cambio, tenía otras responsabilidades. "Quién sabe qué hacía, pero siempre en menor cantidad", bromea.
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Analia Giordanino es profesora de Letras, docente en diversas escuelas públicas y escritora.
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En el caso de Alejandra, su madre fue quien la crió y cuando tuvo hermanas menores, le tocó cuidarlas desde los 13 años, incluso postergando un año escolar para hacerlo. "El cuidado no encaja con la forma de vida que quiero tener. No quiero dar mi tiempo a otra persona, quiero dármelo a mí", afirma hoy tras su experiencia.
Lo que heredaron y lo que eligen transformar
Las mujeres de cada generación reciben de sus madres y de su entorno una forma de ver el mundo, de transitar la vida y de entender el rol de la mujer en la sociedad. Algunas de esas enseñanzas las abrazan con orgullo, mientras que otras las desafían y buscan transformarlas.
Alejandra reconoce que tiene muchas oportunidades que su mamá nunca tuvo: estudiar, vivir en la ciudad, expresarse con libertad.
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“Es algo que vengo rompiendo. Ella creció en el campo, en una época en la que estas cosas no se hablaban: el empoderamiento, el salir de casa, el decir lo que una siente. Yo lo hago no solo por mí, sino por todas las mujeres de mi familia que jamás tuvieron la oportunidad, porque siempre había algo más importante: formar una familia, trabajar, sostener el hogar”.
Las conquistas de cada generación marcan el camino para la siguiente. Aunque persisten barreras y desigualdades, cada una ha dado un paso más allá del límite que le impusieron.
Amores, parejas y elecciones de vida
Las historias de amor y las formas en las que las generaciones anteriores construyeron sus parejas también reflejan los cambios en la sociedad.
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Alejandra García es estudiante de Medicina, voluntaria en la Casa de las Mujeres Libres y militante en la campaña por la Emergencia en Violencia contra las Mujeres.
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Stella recuerda que su papá le llevaba casi 19 años a su mamá. “Ella buscaba un hombre bueno y trabajador. Se conocieron cuando mi mamá vivía en una pieza con su hermano y trabajaba bordando para una firma. Cuando empezaron a verse, las citas eran en las esquinas, lo hacía esperar para que 'la valore'".
"Cuando oficializaron el noviazgo —siguió— se mudó a la casa de una tía porque no quería que la familia de él supiera que prácticamente vivía sola: en esa época, eso estaba mal visto”.
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Postales del casamiento de Stella.
Para Stella, el amor y la vida en pareja fueron diferentes. “Cuando me casé, no lo hice de blanco. Solo queríamos vivir juntos. Fue todo más libre. Nos casamos por civil y llegamos caminando a la parroquia donde militaba mi marido. Recuerdo que, cuando se lo contamos a nuestros padres, pusieron el grito en el cielo y pensaron que estaba embarazada”.
Alejandra, también ve que hoy las relaciones se construyen desde otro lugar. “Mis papás se conocieron en Santa Fe, salieron por la ciudad, se fueron a vivir juntos y luego mi mamá quedó embarazada. En su momento, casarse no les pareció necesario, aunque ella a veces dice que le hubiera gustado hacerlo por Iglesia y con vestido blanco”.
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Stella fue la primera en terminar la secundaria; Analía, la primera en obtener un título universitario. Y hoy, Alejandra no siente la presión ni de casarse ni de formar una familia a determinada edad.
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Las generaciones de mujeres en la familia han ido rompiendo algunos techos invisibles, logrando lo que parecía inalcanzable para sus madres y abuelas. Stella fue la primera en terminar la secundaria; Analía, la primera en obtener un título universitario. Y hoy, Alejandra no siente la presión ni de casarse ni de formar una familia a determinada edad.
“Las cosas cambiaron tanto que a mis hijos ni se les ocurre preguntar sobre matrimonio o parejas formales. Son etapas que se fueron superando”, reflexiona Stella.
El camino de estas tres mujeres, entrelazado a lo largo de los años, muestra de alguna manera, como tantas otras historias, cómo las generaciones van desafiando mandatos, rompiendo barreras y conquistando nuevos espacios.
Y, aunque cada una tiene su propia historia, todas coinciden en algo: las mujeres de hoy pueden elegir su destino de una manera que antes era impensada. Queda mucho por recorrer, pero interpelarse y reflexionar juntas es el camino.