martes 29 de septiembre de 2020
Sociedad | Cambio climático | Río Paraná | Bajante

Por el cambio climático y la deforestación, el río Paraná tendrá bajantes y crecientes más extremas

Los cambios en el uso del suelo en Brasil y en Paraguay impactan sobre el comportamiento hidrológico de los ríos de la Cuenca del Plata. Las proyecciones de los expertos para las próximas décadas.

La sequía más importante de las últimas décadas impacta en la cuenca del Plata generando una bajante histórica en el río Paraná tanto por extensión en el tiempo como por nivel del caudal de agua. Según los científicos que participaron del panel “Cambio global en la cuenca del Plata: humedales y caudales ambientales”, organizado por la Fundación Humedales, es esperable que en las próximas décadas haya más crecidas y más bajantes extremas del río como consecuencia de la mayor variabilidad climática y los cambios en el uso del suelo en el sur de Sudamérica, donde la agricultura y la ganadería originaron desmontes masivos en amplias zonas de Brasil, Paraguay y Argentina.

La falta de agua en el Paraná es “uno de los principales problemas ambientales de la actualidad en Argentina”. Así lo señaló Rubén Quintana, el presidente de la Fundación Humedales durante el encuentro “Cambio global en la cuenca del Plata: humedales y caudales ambientales”. Para el experto la bajante era “inimaginable” y genera un nivel de preocupación que obliga a avanzar en una mejor coordinación entre actores para poder tomar mejores políticas públicas.

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Este fenómeno genera, además, una serie de implicancias ambientales y socioeconómicas que comprometen el derecho al acceso al agua, la seguridad hídrica de toda la región y el desarrollo de muchas actividades productivas. Como pasa siempre, los sectores vulnerables son los más afectados, con los pescadores artesanales en primer lugar.

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Esta enorme parte del lecho del Paraná emergió cerca de Rosario por la bajante en la cuenca.

Esta enorme parte del lecho del Paraná emergió cerca de Rosario por la bajante en la cuenca.

Pero además la falta de agua impacta de forma directa sobre los ecosistemas acuáticos y de humedales tanto sobre la vegetación como en la fauna silvestre y potencia el efecto de los incendios, que se volvieron más frecuentes. “Habrá un mayor ingreso de ganadería por las aguas bajas, ya hemos visto eso”, alertó.

Si se pone la lupa en el cambio climático, una de sus manifestaciones más comunes en la intensificación de eventos extremos.

“Enfrentaremos varias problemáticas en los meses próximos, la región tiene un marcado déficit hídrico que no mejorará en al menos dos meses. Estamos con caudales mínimos que no se vieron en medio siglo”, resaltó el científico, para quien es necesario avanzar hacia una mirada de “caudales ambientales” que sirva como herramienta de gestión de los recursos hídricos que ayude a “preservar la calidad y cantidad de agua de una cuenca para que funcionen los ecosistemas y sus servicios ecosistémicos”.

Cambio climático, una clave

Inés Camilloni, docente e investigadora en cambio climático del Conicet, explicó que en los primeros cuatro meses de este año se registraron lluvias por debajo de lo normal en un promedio de 20%. “Hay una sequía que, si bien no es récord, es significativa”, insistió.

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Esta sequía (causa de la bajante del río) no se explica por la variabilidad climática estacional de la región, que se mantiene en condiciones neutrales. Sin embargo, los científicos han descubierto que los cambios en el uso del suelo generan que las variaciones en los caudales “amplifiquen” lo que ocurre con las lluvias: “Cuando hay menos lluvias, como ahora, el caudal se reduce de manera amplificada”, dijo.

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Enormes extensiones de lecho de los ríos de la cuenca del Paraná "emergieron" con la bajante.

Enormes extensiones de lecho de los ríos de la cuenca del Paraná "emergieron" con la bajante.

Si se pone la lupa en el cambio climático, una de sus manifestaciones más comunes en la intensificación de eventos extremos. Si se analizan los cambios en las precipitaciones en el mundo, se detecta una tendencia al aumento en la cuenca del Plata de un 30% en promedio desde los años 60 del siglo pasado.

¿Cómo respondieron los ríos? Camilloni explicó que en un contexto de cambios en las precipitaciones la respuesta de los caudales es la amplificación: a más lluvia, más caudal; a menos lluvia, menos caudal “amplificado”.

Si bien las proyecciones para las próximas décadas no detectan un patrón homogéneo, si se esperan cambios en los extremos: los caudales mínimos serán cada vez más mínimos, y los máximos cada vez más máximos hacia fin de siglo. “El caudal medio no cambiará significativamente, pero si los mínimos y los máximos. En un escenario de cambio climático, lo que esperamos es que se acentúe esta variabilidad”, dijo la experta.

Navegación y mediciones

Por su lado el experto del Instituto Nacional del Agua (INA), Juan Borus puntualizó que una bajante como la 2020 “los hace repensar varias cosas”, ya que desde un principio ese organismo se preocupó más por los excedentes que por la falta de agua.

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“Hoy tenemos caudales muy bajos y hay que irse hasta el año 1971 para la zona del Paraná navegable. Para los meses de abril y mayo, el río nunca estuvo tan bajo en Rosario en esos meses desde que se instaló la escala en 1884”, dijo el científico, quien aseguró que están “muy sorprendidos”.

Borus puntualizó el efecto sobre los ríos de los cambios en el uso del suelo en las últimas décadas en la región, a los que calificó como “enormes”: “El estado de Paraná en Brasil no tiene ni el 1% de la cobertura natural que tenía antes. También hubo cambios drásticos en la tierra agrícola en Paraguay, lo que a su vez genera cambios en las respuestas hidrológicas.

Esta bajante está dejando efectos a lo largo de toda la cuenca: mayor inestabilidad en márgenes e islas, desbarrancamientos, impacto en el turismo y reducción de la capacidad en las tomas de agua son algunos de ellos.

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