Agostina Vega no es la excepción: por qué las víctimas de femicidio siguen siendo cuestionadas
De Agostina Vega a Ángeles Rawson y Lola Chomnalez, una reflexión sobre la tendencia a analizar la conducta de las víctimas antes que la de los agresores.
Un patrón que se repite: las víctimas suelen quedar bajo la lupa pública incluso después de ser asesinadas.
Agostina Vega era una adolescente de 14 años. Vivía con su mamá en General Mosconi, una barriada humilde de la ciudad de Córdoba, e iba a una escuela de la zona. Desapareció el sábado 23 de mayo por la noche y, tras ser buscada por casi una semana, fue encontrada muerta en un descampado del barrio Ampliación Ferreira, en Córdoba.
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Claudio Barrelier, ex pareja de la madre de Agostina, fue el último que la vio con vida, luego de pedirle (y pagarle el taxi) a la menor para que vaya a su casa, bajo el supuesto de que tenía "una sorpresa para su mamá".
Agostina Vega y una discusión que se repite después de cada femicidio
No ha pasado ni una semana, pero ya han surgido muchas versiones, intentos de explicaciones y cuestionamientos, muchos de ellos enfocados en Agostina: desde qué tipo de fotos se sacaba, por qué salía sola, hasta si era activa sexualmente. En fin, qué hacía o dejaba de hacer una nena de 14 años. Se podría seguir examinando cada rincón de la vida de Agostina, cada secreto y aspecto que rodeaba a la adolescente con la intención de encontrar un porqué, una razón, una explicación a cómo es que Agostina se encontró con un final tan trágico y si, con las medidas correctas, podría haberse evitado.
Nadie niega el papel que juega el entorno en los niños y adolescentes, ya sea el rol de la familia a la hora de tomar recaudos para el cuidado de sus hijos, en la educación, o el uso de redes sociales y la exposición de los menores a ellas. Pero, entre tantos qué, cómo y por qué se comienza a dar lugar a una enredadera de muchas preguntas y pocas respuestas. El querer buscar a aquel que falló en prevenir la tragedia, desvía la atención del único hecho concreto: a Agostina la mataron. Tiraron su cuerpo a un descampado como si se tratara de un desecho. Y que el culpable es un femicida.
Una violencia que desconoce edades, clases sociales y contextos
Aun así, las redes sociales son uno de los espacios en donde más se ha dado rienda suelta a las opiniones, comentarios, análisis, críticas y sermones a todo el entorno de Agostina. Desde que se conoció la noticia, muchos internautas han puesto el foco exclusivamente en cómo se podría haber evitado. Porque, al fin y al cabo, los menores están expuestos, vulnerables y propensos a riesgos, y el rol de los adultos es asegurar su seguridad. Y, en este caso, quizás sí se podía haber evitado. Pero, ¿es así todo el tiempo? ¿Es siempre causa = consecuencia?
Así lo propuso, en tono irónico, una usuaria en X (ex Twitter): "Todos analizando la vida de Agostina, qué hacía y qué dejaba de hacer. Lola paseaba por la playa. Ángeles volvía de su clase de gimnasia. ¿Me ayudan con la lista, chicas?", escribió. La publicación se llenó de miles de citados por parte de otras mujeres, recordando casos aberrantes de femicidios. Entre ellos:
Jimena Hernández tenía 11 años. La mataron en el Instituto de la Santa Unión de los Sagrados Corazones en Buenos Aires el 12 de junio de 1988 durante una competencia de natación en su colegio.
Natalia Melmann, de 15 años, salía de bailar a la noche cuando, Gustavo Daniel "El Gallo" Fernández, un exconvicto de 30 años de edad con vínculos con la policía de Miramar, la secuestra y lleva, junto a dos efectivos policiales, a una cabaña sin agua ni luz. La torturan y violan para, posteriormente, ahorcarla con un cordón de zapatilla. Ocurrió el 4 de febrero de 2001. Natalia fue entregada como un "regalo" a un comisario de la fuerza. En su femicidio, fueron cinco los involucrados. Todos policías. El quinto todavía es buscado.
Brenda Micaela Gordillo fue asesinada a los 24 años en marzo de 2020. El femicida fue su novio, Naim Vera, de 19 años, quien la asfixió, descuartizó y quemó.
Sandra Ayala Gamboa, de 21 años y estudiante de medicina, fue convocada el 16 de febrero de 2007 a una supuesta entrevista de trabajo. Seis días después, encontraron el cuerpo de Sandra, violada y asesinada.
Micaela García salía de bailar de un boliche en Gualeguay cuando Sebastian Wagner la violó y mató en 2017. Wagner había sido condenado por la violación de dos mujeres, pero se le otorgó libertad condicional, a pesar de que el informe criminológico había sido negativo y no se recomendaba liberarlo.
Romina Barría tenía 30 años y era madre de una hija. El 4 de octubre de 2016, su pareja, Jorge Huenumil, la apuñaló en la espalda y en el corazón, degolló y prendió fuego dentro de su casa. Encontraron su cuerpo en un sillón.
Valeria Schwab tenía 38 años cuando volvía de su caminata habitual en la zona costera de Comodoro Rivadavia. Nunca volvió a su casa. Su cuerpo fue encontrado en una zona de barrancos por su familia y amigos, antes que la Policía. Fue asesinada en enero de 2026 y su femicida se suicidó.
Claudia Schaefer, de 44 años, fue asesinada de 66 puñaladas por su esposo, el empresario Fernando Farré, en agosto de 2015.
Catalina Gutiérrez era una estudiante de Arquitectura de 21 años. Su cuerpo fue encontrado en el asiento trasero de su auto, en un descampado del barrio Ampliación Kennedy, luego de que su madre denunciara que no había regresado a su casa. Fue asesinada por su amigo y compañero de la facultad, Néstor Soto.
Emma tenía 2 meses. Su padre, Gustavo Ariel Olguín Ormeño, la abusó sexualmente y asesinó a golpes en agosto de 2023.
Cuando las preguntas desvían la atención: por qué el debate vuelve una y otra vez sobre las víctimas
En un femicidio, no es "qué hizo para ser asesinada". Entre las víctimas, abunda la diversidad: de clase alta, clase baja o clase media; adultas, adolescentes y nenas; en pareja o solteras; blancas, morochas, rubias, pelirrojas; unas llevaban puesto pantalón, otras pollera, algunas uniforme del colegio; salieron de noche y también de día; estaban solas, otras acompañadas.
Y como estos casos, hay miles más. Son incontables.
Según MuMaLá, en lo que va del año, en Argentina ya son 105 los femicidios. 1 muerte violenta cada 35 horas. 3096 femicidios y transfemicidios desde junio de 2015 a mayo de 2026.
A mujeres y niñas se les sigue arrebatando la vida todos los días. ¿Hasta cuándo se va a seguir debatiendo sobre el accionar o no accionar de la víctima? Porque es fina la línea entre cuestionar y culpabilizar; cuando se cruza, se desvía el foco. Ya no es "a Agostina la mataron", es: ¿y Agostina qué hacía? ¿Qué fotos se sacaba? ¿Por qué andaba sola? ¿Por qué la dejaron salir? ¿Por qué hablaba con el asesino? ¿Dónde estaba la madre?
Los entornos, la familia y un posible mal accionar deben ser investigados y tenidos en cuenta en la causa. Pero, cuando en Internet hay tanta pluralidad de voces, la narrativa inevitablemente tiende a deslizarse hacia la víctima y su entorno, no hacia el victimario.
Hoy es Agostina, pero hay miles de nombres más de mujeres que han perdido la vida a manos de hombres. Existen casos manchados con vulnerabilidad, pero también los hay con mujeres adultas con conciencia y decisiones propias, y de adolescentes y nenas donde los padres las han protegido y cuidado. Igualmente, las han matado. Porque no es qué tenía puesto, por qué caminaba sola, con quién se juntaba, cómo era su vida sexual, o quién de su entorno tiene la culpa de que la hayan matado.
La violencia de género no discrimina, ni por el rango etario, el color de piel ni el estatus social. Tampoco cómo la víctima vivía su vida, o por lo que haya hecho o dejado de hacer.
La mujer no tiene la culpa de que haya sido asesinada. Es espeluznante que se deban hacer estas aclaraciones, más incluso tras un femicidio. Quizás, algún día, se deje de culpar a la víctima por ser asesinada. Y, quizás, cuando ese día llegue, ya no tengamos que escribir estos recordatorios ridículos.






