¿Por qué hacemos cábalas en la Copa Mundial de Fútbol 2026? cuando lo simbólico también juega
Cuando juega la Selección Argentina en la Copa Mundial de Fútbol, millones de personas repiten rituales. La magia y las cábalas también construyen comunidad.
Se moviliza un país que ama el fútbol, a Leo Messi, a Diego Maradona y las ceremonias colectivas.
Cada vez que juega la Selección Argentina en la Copa Mundial de Fútbol 2026, millones de personas repiten rituales: se sientan en el mismo lugar, invocan a Maradona, curan el mal de ojo de Messi, consultan cartas, rezan, hacen promesas.
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¿Por qué hacemos tanto para intervenir sobre un resultado que no depende de nosotros?
“Verdaderamente creo que la magia, como recurso de elaboración de símbolos comunitarios colectivos, existe”, considera Rocío Cabral Menna, investigadora y docente, que centra su trabajo en la brujería en la literatura latinoamericana.
Y señala que todos esos rituales colectivos tienen efecto también en lo que pasa en la cancha. “Hay un valor simbólico en cuáles son las formas de nombrar, de decir y de agenciar en lo comunitario que se cuaja en las prácticas mágicas o cabalísticas o esotéricas o como les queramos decir y que sí tienen un efecto sobre lo real”, afirma.
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La agencia es la capacidad de una persona —o un colectivo— para actuar, tomar decisiones e intervenir sobre su propia vida, incluso en contextos de desigualdad.
Cuando cuidar reemplazó a exigir
Para esta investigadora, antes del Mundial 2022 la relación entre la sociedad argentina y la Selección que comanda Leo Messi se transformó. “Más allá de las cábalas que siempre fueron muy de la Argentina, hubo un estallido de estas prácticas mágicas que no habíamos visto antes”, plantea.
Su hipótesis es que, antes de Qatar, hubo una decisión de cuidar a la Selección Argentina. Y cree que la movilización feminista que conmovió a la sociedad de nuestro país en la década pasada tuvo mucho que ver con “la recuperación de ciertos saberes locales”.
“Durante muchos años, en Argentina hubo una cosa muy compleja alrededor de la figura de Messi. Antes no estábamos seguros de bancar a Messi tanto como lo estamos ahora”, es el relato de esta investigadora que durante aquel mundial fue entrevistada por el influyente medio estadounidense The New York Times.
Cuando empezaron a difundirse las prácticas mágicas, Rocío recuerda que una de las primeras acciones en redes sociales fue una bruja que pide ayuda comunitaria para cuidar a Messi, que estaba “ojeado”.
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“La magia forma parte del pensamiento de todas las culturas en su núcleo y con el mal de ojo pasa eso. Habla de una mirada que te puede hacer un daño”, considera la investigadora, para deslindar también que no se trata de una característica latinoamericana, sino de esos rituales que recuperan el sentido de lo humano para una comunidad.
“De repente salen estas pibitas a decir: ‘Che, hay que curarle el ojeo a Messi’. Y se arma un movimiento nacional de pendejas curando el mal de ojo. Ahí hay una inversión de cómo estamos mirando a Messi”, analiza la investigadora.
La revuelta del aliento
Para ella, en ese movimiento, Messi “deja de ser esa persona a la que le exigimos felicidad. Como comunidad, tenemos que cuidar a Messi. Nosotros tenemos que proteger a nuestros jugadores”, sigue su análisis. Lo considera “una revuelta del aliento”.
“Es una operación bárbara, perfecta. Moviliza nacionalmente, a la comunidad y eso es agencia. Eso sí es hacer algo”, argumenta sobre el impacto concreto de esta energía.
Ese vínculo tan estrecho con la Selección también lo analiza —de otra manera— el sociólogo Pablo Semán quien, entrevistado en el programa Buenas Tardes China, consideró que “es un espejo que nos mejora como sociedad”. Cree que el grupo capitaneado por Messi y dirigido por Lionel Scaloni genera identificación porque muestra lo que puede la sociedad unida.
De reclamar, cuestionar, criticar, se pasó a proteger, alentar, acompañar. “Después, eso trasciende a la figura de Messi”, analiza el movimiento de las brujas argentinas que se bautizaron La brujineta, comunidad virtual que organizó rituales durante el Mundial, que llegó a convocar a miles en todo el país.
“Empieza a aparecer este compromiso social de proteger a los jugadores en este plano mágico, místico, esotérico, que al fin y al cabo es simbólico”, analiza Cabral Menna.
Una comunidad en movimiento
Porque lo simbólico es potente. Se trata de “cómo construimos estas figuras que son tan clave para la felicidad nacional”.
Los jugadores dejaron de ser los únicos responsables de la felicidad colectiva. La sociedad se comprometió a construirla junto con ellos.
Para la investigadora, es muy distinto que los jugadores —sus familias, sus amigos— entren a las redes sociales y vean que les dicen “pecho frío”, a que sepan que en el país hay cientos de miles de personas poniendo una estampita con su cara.
“No hay forma de que no lo sientas, más allá de lo que va a pasar en el ámbito de la física cuántica o de lo que sea”, considera.
Es una selección que “está recibiendo un amor comunitario de todo el pueblo argentino que se construye en el plano de la magia como un discurso que opera sobre lo real”, analiza.
Maradona y los altares
En esos rituales, los muertos tienen un lugar destacado. Maradona fue invocado en miles y millones de altares caseros, posteos en redes sociales, banderas en el país y en Estados Unidos. Justamente, Cabral Menna y la ilustradora Sasha Giandana llevan adelante el emprendimiento Cálculos y Oráculos, que puede visitarse en instagram.
Allí recuperan los símbolos, como el Diego y tantos otros, donde se condensa el sentido de comunidad, la identidad que se lleva con orgullo por el mundo.
Ahí también entran a tallar las cábalas, esas acciones rituales que acompañan el juego de la selección. Para Cabral Menna, las cábalas postulan “una percepción del mundo en clave afectiva”.
“En realidad no estamos tan separados de las cosas como creemos”, postula. Y recupera la teoría del “efecto mariposa”. Esas prácticas de repetición se basan en la existencia de “un lazo que nos conecta con todo”.
A partir de esa convicción, cada persona puede “replicar ese orden del mundo en pequeña escala, para seguir generando los mismos efectos”. Sentarse en la misma silla, encerrarse en el baño, mirar los partidos siempre con las mismas personas, acciones destinadas a generar efectos sobre lo real.
En su lectura, la magia tiene “potencial revolucionario en un mundo que tiende a hacernos pensar aislados y separados de todo y de todos”, sigue.
El lazo que nos conecta
Y en ese sentido, está claro que el partido contra Inglaterra era “un partido picante, que había que ganar, porque era un gesto simbólico del pueblo argentino”. Y no sólo simbólico.
El gesto rebelde de desplegar una bandera con la leyenda “Las Malvinas son argentinas” forma parte -considera Cabral Menna- “de la picaresca nacional”.
Porque prohibir el “mapita” de islas Malvinas -tal como comunicó la ministra de Seguridad de la Nación Alejandra Monteoliva- generó un efecto contrario. “Cuando a un símbolo lo quieren ocultar, la rebeldía de hacerlo aparecer igual es un gesto mágico”.
El recurso mágico contradice “la idea contemporánea de que estamos solos en un mundo que no tiene ningún sentido”. Según entiende, “en los momentos en que los discursos de individualismo más prosperan, emergen las comunidades de resistencia”.
No eran palabras vacías las canciones elegidas por la Selección en Qatar y en este Mundial. Si en 2022 fue “por los pibes de Malvinas que jamás olvidaré” y este año, “por Malvinas, por el Diego, por la última de Leo”, lo que se teje es el lazo social. Por eso, cada vez que juega la Selección, millones se sientan en la misma silla, rezan, curan el mal de ojo, levantan altares. No porque crean que pueden controlar el resultado, sino porque, durante noventa minutos, recuperan un sentido de comunidad.








