Nombres bordados en la marcha del 24 de marzo, Día Nacional de la Memoria por la Verdad y la Justicia
Bordados de Santa Fe en la bandera colectiva que marchará este 24 de marzo en Buenos Aires, en el Día Nacional de la Memoria por la Verdad y la Justicia.
Este 24 de marzo, en el Día Nacional de la Memoria por la Verdad y la Justicia, los nombres de personas desaparecidas bordados en Santa Fe. (Foto Gentileza José Cettour)
Una enorme bandera con los nombres de personas desaparecidas, bordadas con amor y detalles, participará de la marcha por el 24 de marzo, Día Nacional de la Memoria por la Verdad y la Justicia en la ciudad de Buenos Aires. Más de un centenar de pañuelos llegaron desde Santa Fe, donde la convocatoria de Bordando Luchas desbordó de entusiasmo y participación.
Stella Vallejos había vuelto a bordar durante la pandemia, una actividad que estuvo en pausa durante más de 40 años. Cuando fue detenida por razones políticas en la cárcel de Devoto, el bordado fue refugio, resistencia y una manera de brindarles su amor a las familias, que no entendían muy bien por qué les pedían tantas toallas de colores. “Usábamos los hilos para bordar y, para la familia, significaba tener algo nuestro”, cuenta Stella.
Entonces, sus carceleros las amenazaban: “De acá van a salir muertas o locas”.
Del encierro al bordado: una historia de resistencia en el 24 de marzo
“No podíamos hacer nada, teníamos todo prohibido y entonces hacíamos una gran variedad de actividades para resistir el aislamiento y romper con ese mandato”, cuenta ahora, emocionada por la recuperación de identidad de 12 personas que estuvieron desaparecidas en el centro clandestino de detención La Perla, en Córdoba.
Desde 2020, Stella regala sus bordados a personas queridas. A la flor o el colibrí les suma alguna frase referida a la lucha feminista, a la memoria, a los ideales de justicia social.
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Este 24 de marzo, en el Día Nacional de la Memoria por la Verdad y la Justicia, los nombres de personas desaparecidas bordados en Santa Fe. (Foto Gentileza José Cettour)
“No tengo ningún bordado en mi casa, los fui regalando a todos y sé que esos regalos son muy atesorados”, cuenta.
Bordando Luchas es una colectiva nacida en Buenos Aires que propuso este bordado federal de nombres de personas desaparecidas.
“La única forma de eliminar un bordado es quemarlo, es como una marca indeleble”, dice Stella. Desde siempre fue considerada una actividad doméstica, femenina. “Lo sacamos del espacio privado, lo transformamos en clave de derechos humanos y feminista”, agrega.
Stella recibió la propuesta de otra ex presa política, Patricia Traba. “Desde el minuto cero me pareció hermoso bordar los nombres de los compañeros. Y ahí metimos la difusión boca a boca. La expectativa que teníamos era, como mucho, poder hacer 40”, cuenta sobre la génesis. El calor les impedía juntarse a bordar en las plazas, como hacían en otros lugares del país, así que lo hicieron en la sede del Partido Justicialista y también en el sitio de memoria de la ex comisaría 4°.
La convocatoria creció desde abajo
Para organizarse, tuvieron que aprender a manejar el Excel gigante que organizaba los nombres, para evitar —en lo posible— las superposiciones.
“Ese Excel en Santa Fe lo arma otro compañero, Luis Larpin, en base a un trabajo de investigación muy bueno que se lee en el libro Sembrando memoria”. Allí recopilaron los nombres de personas desaparecidas que eran de Santa Fe, aunque no todos cayeron en la provincia. Como Mario Nívoli, que fue uno de los 12 identificados en La Perla.
“Lo que pasó es algo que aún no logro comprender en profundidad. Siempre nos cuesta mucho una actividad, hay que militar para que la gente vaya. Y en esto fue al revés: nos pedían bordar, gente que nunca había bordado, gente que no conocíamos”, cuenta con emoción la convocatoria.
“Fue algo que vino desde abajo y desde los costados. Y la consigna era bordar bien grande el nombre y el apellido del compañero o la compañera y después lo que cada uno quisiera, como un plus, y también iba acompañado por un audio sobre sus breves vidas”, relata.
Bordar nombres propios, bordar historias
Un mate, una pelota de rugby, una nota musical, un guardapolvo: algunos de los bordados que acompañaron los nombres, coloridos, bellos, que se leen en los lienzos.
Uno de los que se sumó fue Froilán Aguirre, también ex detenido por razones políticas. “Me entusiasmó mucho, inmediatamente pensé en mis parientes: yo tengo un tío y dos primos desaparecidos”. Su tío era Paco Urondo y sus primos, Claudia Urondo y Mario Lorenzo Koncurat, el Jote.
“Sentí la necesidad de participar y que sus nombres fueran hechos por mí. Decidí hacer el bordado de mi primo Mario Lorenzo Koncurat. A mi hija le surgió hacer el de mi prima Claudia Josefina Urondo”, cuenta a Aire.
“Así que yo, sin haber bordado nunca en mi vida, me puse con un pedazo de lienzo y, por supuesto, le dediqué todo el amor y la dedicación que tenía por Jote, como le decíamos a mi primo”, cuenta ahora.
Ofrenda para los compañeros
Froilán era militante de la Unión de Estudiantes Secundarios: tenía 17 años cuando lo secuestraron en 1976. Fue trasladado a centros clandestinos, después a la Guardia de Infantería Reforzada, a Coronda, a Caseros y a la Unidad 9 de La Plata, de donde salió con libertad vigilada.
Estaba secuestrado el 3 de diciembre de 1976, el día de su cumpleaños. Ese día, Claudia y el Jote cayeron heridos en la ESMA, el lugar donde desaparecieron.
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Este 24 de marzo, en el Día Nacional de la Memoria por la Verdad y la Justicia, los nombres de personas desaparecidas bordados en Santa Fe. (Foto Gentileza José Cettour)
“Mi hija hizo el de Claudia con mucha dedicación y mucho cariño porque, si bien no la conoció, obviamente la vio por fotos. En la familia siempre se le tuvo un enorme cariño a Claudia, entonces siempre la recordamos, así que mi hija es como si la hubiera conocido”, cuenta Froilán.
Toda la familia bordó. Su esposa, que es de Laguna Paiva, le prestó mayor dedicación al de Rubén Macor, que era su vecino. “Todos le pusimos más dedicación a los que conocimos”, dice Froilán.
¿Por qué le interesó la propuesta? “Es como una ofrenda que hemos hecho a estos compañeros”, dice.
“Uno pone algo hecho con sus propias manos, una artesanía dedicada con mucho cariño, para que los nombres de estos compañeros estén todos juntos en una bandera”, sigue el militante, y subraya “la voluntad política para que los compañeros trasciendan la generación, para que las políticas de memoria, verdad y justicia se instalen y se hagan cada vez más carne en nuestra sociedad”.
Considera que “todas las maneras de participar construyen memoria, construyen justicia y construyen democracia”.
Más allá del hilo y la aguja
Dianela Fernández es militante feminista, docente y música. No es de la generación de los 70, pero también borda todos los días la memoria, no solo con hilo y aguja.
“Me gustó la idea del bordado, me atrapó. Conocía el trabajo porque Stella me había mostrado trabajos; he hablado con otras bordadoras que también vienen bordando memorias y me parecía un movimiento muy interesante, muy convocante, porque había bordadoras de distintos lugares del país y era una unión invisible, pero muy fuerte y muy sólida. Era encontrar otro dispositivo y otra forma de construir memoria y de construir desde lo colectivo, desde el lugar que estemos”, consideró Dianela.
Le tocó bordar el nombre de Hilda Cardozo, que también era trabajadora social. Si bien Dianela no ejerce, esa es su profesión. Hoy es docente de plástica.
“La gente bordó porque quiso, porque le gustó, porque disfrutó. Porque quiso hacer memoria también”, dice Stella, todavía maravillada porque terminaron mandando “un montón de bordados”.
Una bandera colectiva para sostener la memoria
Como la colectiva Bordando Luchas les pidió que los unieran por el lado más angosto, dos compañeros que en la cárcel aprendieron a coser —y al salir compraron dos máquinas— se encargaron de unir esos costados. “Se formaron cuatro rollos de 40 pañuelos cada uno, los envolvimos sobre unos tubos y los pusimos en una caja, para que fueran a Buenos Aires”.
Así, quienes vean imágenes de una inmensa bandera bordada por gente de todo el país, que marchará hoy en la ciudad de Buenos Aires, sabrán que muchas manos santafesinas formaron parte de ese entramado.
Para Stella, la memoria de las personas desaparecidas “se merece esa gran bandera colorida, con belleza y color”. Cree que en ese amor puesto en cada puntada, “de alguna manera están presentes: no son nombres y apellidos de documento de identidad. Cada persona que bordó conoce algo de ese compañero”.
“Somos tercos, tenaces y tenemos un mandato histórico, porque quedamos vivos”, dice Stella sobre esa insistencia en bordar la memoria. Y la transmisión llega a niñas como Cayetana, de nueve años, quien vio cómo bordaba su mamá y quiso sumarse. A Cayetana la puso triste saber la historia del adolescente que le tocó bordar. Y seguramente sabrá para siempre que algunas cosas no pueden suceder nunca más.