Hallazgo de restos de desaparecidos en La Perla: el relato de la hija de Mario Nívoli, quien fue identificado tras 49 años
A 49 años del secuestro de Mario Alberto Nívoli, el Equipo Argentino de Antropología Forense logró identificar sus restos en La Perla. Su hija reconstruyó en AIRE el impacto del hallazgo, la búsqueda de décadas y cómo la memoria también se transmite a nuevas generaciones.
A 49 años del secuestro de Mario Alberto Nívoli, el Equipo Argentino de Antropología Forense logró identificar sus restos en La Perla.
En diálogo con el programa Santa Siesta, de AIRE, su hija, María Soledad, reconstruyó el impacto de la noticia y el largo camino recorrido por su familia. “Me dijeron: ‘Sole, hemos encontrado los restos de tu viejo’… y casi me caigo”, relató.
La noticia llegó 49 años después del secuestro de su padre, cuando ella tenía apenas cuatro meses de vida. “Fue un llanto explosivo, una mezcla de incredulidad total y sorpresa. Era algo del orden de lo imposible, pero ocurrió”, describió.
La historia familiar de los Nívoli está atravesada por el desarraigo y la persecución. Mario se radicó en Santa Fe para estudiar en la Facultad de Ingeniería Química, donde formó su familia y desarrolló su militancia política. En 1975, tras un atentado contra su casa atribuido a la Triple A, se trasladaron primero a Concordia y luego a Córdoba, donde finalmente fue secuestrado el 14 de febrero de 1977.
Embed - Identificaron los restos de su papá, 49 AÑOS después de su desaparición durante la Dictadura
Desde entonces, la búsqueda nunca se detuvo. “Mi mamá salió desde el día cero a tocar cada puerta: comisarías, el arzobispado, organismos. Hizo todo lo que se podía hacer”, recordó Soledad. Sin embargo, con el paso de los años, la esperanza de encontrar restos materiales se fue diluyendo. “Había hecho un trabajo más simbólico y había dejado de esperar encontrarlo”, admitió.
El giro llegó por la insistencia de una amiga y la persistencia del equipo forense. Un nuevo aporte de muestras genéticas permitió completar el perfil que, finalmente, hizo posible la identificación. “Ese enojo amoroso de una amiga y el trabajo de los antropólogos fueron claves”, señaló.
El impacto del hallazgo no fue solo personal. Para Soledad, implica también un cambio profundo en la forma de nombrar y recordar. “Yo dejé de tener un papá desaparecido. Y mi hijo dejó de tener un abuelo desaparecido”, afirmó.
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Luego de 49 años, Soledad Nívoli recibió la noticia de que habían identificado los restos de su papá.
Ese cruce generacional atraviesa toda su historia. Desde pequeño, su hijo creció con la figura del “abuelo Mario” presente a través de relatos y rituales familiares, como las visitas al árbol plantado en su memoria en el Bosque de la Memoria de Rosario. Sin embargo, hubo un episodio que, con el tiempo, adquirió un significado especial.
Cuando tenía apenas tres años, el niño pidió como regalo un esqueleto de juguete. Lo armaba, lo llevaba por la casa y, ante la pregunta de un visitante sobre su nombre, respondió: “El gran pariente”. “En ese momento no dimensionamos lo que significaba. Después entendimos que, de algún modo, estaba nombrando al abuelo”, contó Soledad.
Años más tarde, en medio de la reactivación de la búsqueda judicial, volvieron a armar ese esqueleto. Tras la confirmación del hallazgo, lo miró nuevamente: “Me di cuenta de que estaba sonriendo. Fue muy fuerte”.
Aunque el hallazgo representa un cierre para una etapa, Soledad insiste en que el proceso no termina: “Es un alivio enorme saber que esa espera concluye, pero la búsqueda sigue. Hay muchas familias que todavía están esperando”, subrayó.
También advirtió sobre la dimensión del horror: los restos encontrados pertenecen a una fosa común que fue removida durante la dictadura. “No encontramos una fosa común intacta, lo cual hubiese sido una buena noticia. Se recupera lo que quedó, lo que las máquinas no destruyeron”, explicó.
En ese marco, el aniversario número 50 del golpe encuentra a muchas familias en un punto de inflexión entre la memoria, la justicia y la reparación. “Si hay algo para decir es que no hay que soltar la búsqueda”, concluyó Soledad, retomando aquella insistencia que, años después, permitió encontrar a su padre.