La monogamia y la no monogamia son formas consensuadas de una pareja que se vincula sexo afectivamente. La monogamia es la característica en la que esa dupla decide exclusividad sexual. Cuando se habla de no monogamia, refiere a un acuerdo en donde esa característica no está, es decir, ambas partes pueden tener relaciones sexuales o vínculos con otras personas.
Pero, ¿se puede definir si una forma de relación es mejor que la otra? Aire Digital habló con dos sexólogos para responder a esta pregunta, Ana Blanc y Federico Andrek. La profesional definió la no monogamia como un término muy amplio ya que abarcar múltiples realidades, desde el estar con otras personas partiendo de una pareja base, al swingerismo, las parejas abiertas o los tríos.
Pero también hay diferentes grados de no monogamia que no implican estar sexualmente con otras personas. "Se es no monogámico cuando no se la acepta como única forma de relacionarse", dijo Blanc. De ahí se desprenden numerosos comportamientos como mirar sexo (voyeurismo), ser visto (exhibicionismo), sexting, cybersexo, salir a tomar algo o a bailar, Intercambiar likes, reacciones, coqueteo, y también puede haber algo de interacción como besarse o acariciarse.
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Para poder elegir cuál es la forma que más va con la personalidad, deseos y necesidades en un momento específico de la vida de una personas, se necesita conocer las opciones, y al establecerse a la monogamia como la norma, se deja por fuera a las demás formas de vinculación. Al respecto Blanc explicó que "cuando somos chicos nos van perfilando a ser monogámicos, pero al varón se lo incentiva muchísimo a no ser monogámico, es algo que siempre tuvo permitido y aplaudido el ser infiel".
Partiendo de ese permiso al varón y a la mujer no, es desde donde se critica a la monogamia como hipócrita. En una relación no monogámica no existe la infidelidad porque está explícito en el acuerdo la no exclusividad sexual. Para Andrek, "la cuestión del contrato, de lo que se espera cuando se está en una pareja, es justamente lo que en muchos casos no se habla, y las personas se comprometen suponiendo que ambas partes quieren lo mismo y no siempre es así. Eso con el tiempo es lo que trae problemas", dijo.
Pero no todo es fácil y color de rosa en la no monogamia. Blanc explicó que esta forma de relación tiene sus dificultades, entrecruzamientos, y que "tenemos que entender que como sale de la norma, puede enfrentarnos con varios fantasmas, generar muchas inseguridades, y hay que ser responsables de las decisiones que tomamos cuando se va contra la norma".
La diferencia con el amor libre
Muchas veces se confunde a la no monogamia con el amor libre, pero la diferencia radica en que el amor libre es más que un consenso en la pareja, es una posición política de cómo uno entiende y vive los vínculos. "Va en la capacidad de amar de manera amplia. Esto da la posibilidad de mutabilidad, ya que no necesita perpetuarse y tener rótulos para experimentar que lo que se siente es amor real y no otra cosa", explicó Andrek. El amor libre es una posición donde no entran las expectativas del amor romántico que se aprenden en las novelas, películas y canciones, donde se necesita de otra persona para ser feliz.
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Este mito del amor romántico está tan arraigado, que se cree que sólo se puede amar a una persona, porque amar a dos, a tres o cuatro es pecado. Cuando alguien se enamora de varias personas, muchas veces no se anima a visibilizarlo porque tiene miedo al estigma social, y en la mujer es mucho más difícil porque sobre ella pesa la "responsabilidad de ser la Virgen María, cuidar los hijos y hacerse cargo de la casa", dijo el profesional.
El amor libre tiene conceptualizaciones muy amplias, podría entenderse como un amor que no es posesivo, donde no hay celos proyectados en la pareja. Esto no quiere decir no sentir celos, sino reconocerlos y trabajarlos. Para Blanc, los celos son parte de las personas y no los trabaja en su consultorio como algo negativo. En este sentido, lo "libre" toma grados en que uno es libre y entiende la libertad de la pareja, y eso depende de las reglas que se establezcan.
La responsabilidad afectiva es la posibilidad de ser honesto y sincero de lo que a una persona le pasa con otra, y lo que necesita en ese vínculo.
Todas las prácticas no monogámicas tienen restricciones, si se entiende que por haber reglas se coarta la libertad, no hay amor libre posible. Pero si por el contrario, se piensa en trabajar esas reglas, hacerse cargo de lo que sucede a nivel emocional, se deconstruye y trabaja para ser cada vez menos posesivos, si se puede hablar de libertad.
Cómo salir de la monogamia, si así se quiere
Blanc no cree que estas prácticas sean para todos y todas, pero puede serlo si hay un abordaje de asesoramiento y especialistas que acompañen. En este sentido recalcó que "siempre tienen que ser personas formadas, porque esto si lo trata un psicólogo, un coach, sin tener formación en sexualidad, género, no monogamia y nuevas vinculaciones más modernas, la persona puede hacer mucho daño creyendo que hace un bien", aseveró.
Salir de la lógica monogámica requiere de un proceso gradual empático, respetado por uno mismo y por la otra persona si se está con una pareja. Para hacerlo "tengo que respetarme mucho primero yo, trabajar mi autoestima, mi persona, mi ser, para luego poder trabajarlo en conjunto si estoy en una relación. Es una deconstrucción gradual, nuestro emocional necesita tiempos distintos a los de la vida de la inmediatez que vivimos actualmente", dijo Blanc.
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Para la profesional es difícil una relación monogámica sana, "no digo que la monogamia no es sana intrínsecamente, sino que no aprendimos a que no lo sea, porque las reglas con las que se juega generalmente son de posesión, de poca elección y libertad", expresó. Pero decir esto no es una invitación a la no monogamia, sino una incitación a la reflexión y a cuestionar todo desde la pregunta de si la forma de relacionarse actual es la que se elige realmente o si fue impuesta. "La no monogamia no se si es mejor o peor, puede ser más honesta y realista. Una real elección y no una imposición", dijo Blanc.
Además agregó que "en varios estudios se indican que trae más satisfacción sexual y marital. Las parejas no monogámicas suelen hablar mucho más que las monogámicas, suelen tener muchos más intereses en común, comparten diversidades de experiencias, desarrollan muchas habilidades comunicacionales y sociales porque tienen que enfrentar muchos acuerdos y renegociarlos", se explayó.
Pero por otra parte, cuando las parejas van a consultorio con la idea abrir la relación, se mueven muchas estructuras y suelen sentir que peligra el vínculo. Que si le gusta otra persona o sale a tomar algo con un tercero, la relación corre peligro. Para la profesional, hay que reforzar mucho la pareja desde lo emocional para que pueda subsistir en el intercambio sexual con otras personas.
La clave es la responsabilidad afectiva
La responsabilidad afectiva es la posibilidad de ser honesto y sincero de lo que a una persona le pasa con otra, y lo que necesita en ese vínculo. "El amor libre entiende que el amor no es estanco, que pueden aparecer situaciones o personas. Yo mismo puedo mutar en lo que siento, sentir algo en un momento y otra cosa en otro. El amor está para eso, para que podamos crecer y conocer más partes de uno", manifestó Andrek.
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Blanc explicó que muchas veces se manipula la verdad de lo que se siente por miedo a que la otra persona se quiera ir. Responsabilidad afectiva es ser responsable de comunicar lo que se quiere y necesita, lo que si y lo que no va a pasar, y dejar que la otra persona sea libre de elegir y decidir en ese momento con todo eso. Y después de todo, poder hacerle frente y sostener las consecuencias de vincularnos con varias personas.
Es difícil definir si una forma de relación es mejor que la otra. Lo que si se puede dilucidar es la importancia de la honestidad de uno mismo con los sentimientos propios, y a partir de ahí se puede decidir cuál es la mejor forma de relación que va con la personalidad y las necesidades de cada uno, en cada momento específico de la vida, y saber que eso puede cambiar.
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