Si bien en la actualidad las mujeres han ganado espacios en muchos trabajos ocupados históricamente por mayoría de hombres, la albañilería sigue siendo uno de los empleos donde cuesta mucho alcanzar la aceptación social. Todavía existe discriminación y falta de confianza a la capacidad del sexo femenino para realizar las tareas en obra y ese rechazo muchas veces no viene de parte del hombre sino también de otras mujeres (arquitectas, contratistas y clientas).
Karina Valenzuela es una mujer de voz y mirada dulce, tiene mucha calma al hablar y al conocerla cuesta imaginarla trepada a andamios y cargando baldes con mezcla. Cuando se charla con ella no pueden pasar más de 2 minutos sin que nombre a su marido y a sus hijos, lo que refleja el gran amor que tiene por su familia.
¿Por qué contar la historia de esta mujer albañil? Porque visibilizar y dar voz a las minorías ayuda, motiva e impulsa a muchas otras personas a luchar por sus sueños, a desarrollar la profesión que desea sin trabas ni obstáculos; y a entender que la fuerza interior y la determinación son mucho más influyentes que la condición física.
—¿Cómo fue tu infancia en Santa Fe?
—Soy la menor de 10 hermanos y fui criada prácticamente como hija única porque llegué 9 años después que el resto. En la escuela siempre fui una alumna regular porque no me sentaba mucho a estudiar, me gustaba más andar al aire libre y jugando por mi barrio Villa del Parque. Cuando termine la secundaria y me quise poner a estudiar me di cuenta que tenía que dedicarle tiempo y me arrepentí un poco de no haber sido más aplicada. Luego de un año sabático, empecé el profesorado de Artes Visuales en la escuela Mantovani, el cual tuve que abandonar por razones económicas. Al año siguiente me anoté en Profesorado de Nivel Primario y me faltaron 6 materias para recibirme, porque también tuve que desistir para ponerme a trabajar.
—¿Cómo se compone tu familia?
—Me casé a los 26 años con mi actual esposo, con quien estuvimos 10 años de novios y a quien conocí por medio de la Iglesia. Él era monaguillo y yo siempre participé de distintos grupos juveniles de la Parroquia San Francisco Solano. Luego llego nuestra primera hija del corazón, Viki. Y un tiempo después Dios obró y vino Gabriel; por último tuvimos a Romina.
—¿Por qué tomaste la decisión de volver a estudiar?
—Cuando mi hija menor estaba en tercer grado hable con mi familia y les dije que quería empezar a estudiar, a lo que me dijeron que si era mi decisión me iban a apoyar. Así que a mis 46 años volví a la escuela, me anote en la Escuela Técnica "Doctor Nicolás Avellaneda" para estudiar Maestro Mayor de Obras (M.M.O).
—¿Y por qué te inclinaste por la construcción? ¿Ya habías conocido a las chicas de Mujeres a la Obra?
—Empecé esta carrera porque habíamos comprado un terreno y quería ser yo la proyectista de mi propia casa, diseñándola a mi estilo y gusto, y que mi familia también participe, obviamente. Todavía no conocía Mujeres a la Obra, mi acercamiento al grupo fue antes de la pandemia a través de un curso de Sistema Drywall y uso de herramientas eléctricas. Como yo tenía otros cursos realizados en la escuela y algo de experiencia en obra con algunos de mis compañeros albañiles les lleve mi curriculum a la asociación y me convocaron para trabajar en la fachada del viejo Hospital Iturraspe, obra por la que fuimos distinguidas todas las obreras por el Concejo Municipal.
—¿Cómo conseguiste tu primer trabajo como albañil?
—La mayoría de mis compañeros de la escuela Avellaneda trabajan en la construcción como albañiles y algunos de ellos, porque no todos fueron buenos, me invitaron a participar de trabajos para que pueda aprender el oficio. Yo tengo la idea que para mandar a hacer, primero hay que saber hacer; por eso me encanta andar metiéndome en la obra, hacer mezcla, alcanzar ladrillos; me siento un obrero más.
—Ahora que estás a tres materias de recibirte de M.M.O., ¿preferís dirigir o ejecutar las obras?
—Me gusta combinar las dos cosas. Por momentos estoy ayudando o subiéndome a un andamio para alcanzar alguna herramienta, pero cuando me desocupo me gusta empezar a mirar cada detalle, que todo esté bien hecho.
—¿Actualmente estás trabajando en obras?
—Sí. Estoy trabajando junto a Héctor Quiroga, quien fue mi compañero en la escuela y por razones de la vida no pudo seguir estudiando. La verdad que nos complementamos muy bien: él sabe un montón y me ayuda a trasladar lo que vi en los libros, porque la pandemia complicó mucho todo el tema de las prácticas. Él aporta experiencia y yo conocimiento, y así seguimos adelante. Actualmente, estamos en una obra que nos llamaron solamente para techar y como el cliente quedó conforme nos están dando más trabajos.
Quiroga también habló con AIRE y contó cómo es su relación con Valenzuela a la hora de trabajar en la obra. "Es una muy buena compañera. Me parece una gran idea trabajar con mujeres. Yo nunca lo había hecho y resultó una buena experiencia. Estamos pensando en grande y formar nuestra propia empresa con la idea de seguir capacitando mujeres e incorporarlas. Que las mujeres estén en las obras está muy bueno porque aportan una visión diferente, ellas están en el detalle, en la prolijidad y en otros aspectos importantes como la seguridad, donde los hombres no le prestamos mucha atención y somos más de ir para adelante sin pensar", contó.
—Karina, ¿cuáles son los trabajos que más te gustan y cuáles no en la obra?
—Del trabajo en general me gusta todo, por ahí lo más feo es limpiar las herramientas que quedan sucias (risas). Pero hay que hacerlo igual. Trabajar en la losa los días de mucho calor es agobiante, pero sinceramente me gusta y me llena de energía, es algo inexplicable.
—Hay mucha gente que sigue opinando que la mujer no puede trabajar como albañil: ¿qué le dirías al respecto?
—Yo creo que no es así. Las mujeres estamos capacitadas para hacer este trabajo, a lo mejor lo hacemos a otra velocidad; pero lo podemos hacer y lo estamos demostrando día a día.
—¿Considerás que socialmente aún no está aceptada la mujer albañil? ¿Sentís cierta discriminación?
—Sí. Todavía nos miran de reojo, inclusive me ha pasado en alguna obra que hablan con mi compañero para indicarle algo y no conmigo, como ignorándome. Aún no se acepta que somos capaces, es difícil, y no solo sucede en la obra, también en la escuela. Al ser mujeres por ahí no tenemos la misma experiencia que los hombres y noto, en algunos de ellos, cierta resistencia a perder territorio. Hoy por hoy me encuentro en una postura donde no quiero competir con el hombre, no quiero sacarle su lugar, ni hacerlo quedar mal; al contrario, quiero acompañarlo en este trabajo que tanto me gusta y disfruto.
—Ahora que ya tenés cierta experiencia en obra, ¿cuáles consideras que tienen que ser las características de un buen albañil?
—Bueno, es muy amplia esa pregunta, pero un albañil por sobre todas las cosas debe ser responsable y cumplir con lo que se pacta. También saber trabajar, que las cosas estén bien hechas; pero fundamentalmente ser responsable, ético y comprometido, haciendo una cadena que va a seguir dando trabajo.
—¿Querés dar un mensaje o agradecer a alguien?
—Nada de lo que hago sería posible sin el apoyo incondicional de mi marido e hijos, mis gracias a ellos fundamentalmente. No me quiero olvidar de mencionar a un gran profesor que hoy ya está jubilado y que fue un importante apoyo durante la pandemia: Marcos Botbol. Fue un gran motivador para que sigamos estudiando en la virtualidad y siento una gran admiración por él. También agradecer a mi compañera Patricia Fabarín, que fuimos las dos únicas mujeres que llegamos hasta 6to año del turno noche apoyándonos mutuamente en este camino.
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