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Sociedad mujeres | 8M |

Mujeres empresarias: Lidia Sartoris Angeli, una vida dedicada a viajar y conocer a las personas

Fue presidenta de OAME y es vicepresidenta honoraria de FCEM, una organización internacional de mujeres empresarias. En la era de las mujeres, plantea que el respeto y la educación son los pilares para una "vida compartida". 

Lidia Sartoris Angeli fue presidenta de la Organización Argentina de Mujeres Empresarias (OAME) durante 20 años. Más de medio siglo atrás, junto a su esposo José, creó Transatlántica, una empresa de turismo. “Mi marido, que era italiano, quería volver a Italia, y así empecé”, cuenta. Viajó por el mundo, fue a los congresos de la Femmes Chefs D'Entreprises Mondiales (FCEM), una organización internacional de mujeres empresarias de la que es vicepresidenta honoraria y comisionada para América Latina.

“La FCEM surgió después de la Segunda Guerra Mundial, con todos los problemas que existían, porque muchos varones ya no estaban al frente de sus empresas. Entonces, la fundadora madame Yvonne Foinant empezó a reunir a algunas otras empresarias, porque todas nos necesitamos: necesitamos de intercambiar ideas, formarnos, relacionarnos. Eso es el trabajo de la organización”, plantea sobre sus principios.

Aunque la vida de Lidia parece de película, ella recuerda que todo fue “con sacrificios”. “Por suerte, soy una persona muy organizada. Entonces con mucho equilibrio fui intercalando mi vida entre la empresa, mi familia y la organización. Y así tuve que viajar por todo el mundo, que siempre me gustó”, rememora. Lidia tuvo tres hijos: Horacio, Gustavo y Sergio, que falleció.

Entre tantas actividades, fundó una escuela, la Edmondo de Amicis, hace 38 años. “Es una escuela bicultural. Mi marido era italiano, estoy muy relacionada con toda la colectividad italiana, mis padres también eran italianos y queríamos transmitir esa cultura”, cuenta Lidia. José Pepe Angeli murió en 2016 y Lidia siguió con todos los proyectos que emprendieron juntos.

“A mi escuela le dedico el tiempo, siempre tratando de formar personal y en eso estoy muy conforme. Ahora tenemos chiquitos de 2 años, que van con el chupetito, con sus pañales. Y hasta el secundario. Formamos personas. Cuando te encontrás con alguien que antes era un chico y ahora es un profesional, uno no piensa en la satisfacción, simplemente piensa qué bueno es haber formado personas de bien”, dice.

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¿Se imaginó en 1956, cuando se casó con Pepe, que sería una empresaria de trascendencia internacional? “Muchas veces las cosas no se planifican, está en el ser de la persona, en el interés que tenés por las cosas, por las vidas”, plantea. Entre todas sus aptitudes, la que subraya es la capacidad de relacionarse con las personas y comunicar.

Los viajes, esos que fueron parte importante de su vida, le parecen “una actividad excelente”, porque “encontrás a las personas en el mejor momento de su vida”. Viajar es una manera de conectar con lo mejor de la vida.

¿Cuál fue su viaje preferido? “Tengo un defecto, no puedo seleccionar el viaje”, define. Para ella, todos fueron hermosos, aunque los haya repetido varias veces. “Cada momento te encuentra en diferentes estados de ánimo, ves las cosas nuevamente y las aprecias”.

El secreto de una vida plena es levantarse cada día “con ánimo y dispuesta a vivir el día cómo se presentaba”. Hay otro valor que destaca, la intuición. Y la pausa. “Hay un dicho. Cuando estamos cansados, dame un minuto, que me siento para meditar y tomarme una taza de té. Eso levanta el ánimo y te permite seguir adelante”, considera.

Este 8 de marzo la encuentra en un nuevo tiempo. “Estamos en la era de las mujeres”, afirma, y recuerda que hubo motivos culturales que las relegaron, con excepciones. “Sacando las personalidades como Marie Curie, y otras tantas, que se han destacado por su inteligencia y que fueron siempre muy respetadas y ganaron sus lugares. Pero ahora, la mujer tiene muchos lugares porque está capacitada, tiene mayores estudios y puede manifestar. No vamos a hablar de feminismo, hablemos de que la vida es compartida entre los dos géneros que están en el mundo”, es su forma de pensar.

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Para ella, desde la niñez hay que enseñar el respeto. “La mujer debe respetarse a sí misma para poder ser respetada. Entonces, con tu actividad, cada vez están ocupando lugares más relevantes. Son dirigentes de empresa, pero también formadoras de empresas, con sus emprendimientos”.

Vuelve a la experiencia de su organización, OAME. “Tenemos que ser líderes y capacitadoras. Líder se llama a quien quiere transmitir sus conocimientos, llegar a otras personas. Y así vamos educando y con la educación podemos ser respetadas en nuestro ámbito de trabajo, en nuestra ciudad, en nuestro país y en el mundo”.

A la pandemia la tomó como una oportunidad. “Pasé casi dos años encerrada, pero no me dispongo a ver novelas y casi nada de televisión, así que me he actualizado con el zoom, la computadora, la tablet, Internet, también con mucha capacitación que mi organización está brindando. De manera que simplemente lo que se pierde, un poco, es el movimiento”, explica.

“Tengo mis años, pero gracias a Dios conservo mi espíritu curioso, mi espíritu de conversar, de transmitir mi fe, mis pocos o muchos conocimientos, y creo que de esta manera aportamos algo a la sociedad”, es su declaración de principios.

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