Gustavo Cerati cumpliría hoy 64 años. El 4 de septiembre de 2014 selló el calendario como el día en que totalmente agradecido a la vida Gustavo decidió dejar estas tierras para nunca más regresar. Pero con la firme certeza de que nunca nadie dejaría de nombrarlo, no en vano “una eternidad esperé este instante”.
Cinco años sin la esperanza de que despierte milagrosamente del largo sueño que inició en mayo de 2010. Siempre quedará la intriga si en verdad “el tiempo fue arena en sus manos”. cuando sufrió el trágico accidente cerebrovascular después de un recital en la Universidad Simón Bolívar de Caracas, Venezuela.
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Aquel sábado, apenas pasada la medianoche, “cayó en la trampa del mar de fondo” . En el camarín primero se sintió muy cansado, luego perdió el habla y un equipo de paramédicos lo trasladó al centro de salud más cercano. Todo lo que siguió parece la peor pesadilla y a partir de allí “su mente se enfocó en el lago en el cielo”. Dos días estuvo internado sin un diagnóstico certero, un ACV, una operación, el traslado a Argentina y el ingreso a la clínica ALCLA, donde estuvo casi cuatro años en coma. Definitivamente el “eclipse no fue parcial y cegó nuestras miradas”.
El 15 de mayo del 2012, a dos años del ACV, en Anticipos del día entrevistamos a Lilian, la mamá de Gustavo Cerati. “A nosotros nos mueve una fe profunda, vemos las reacciones lentas, la enorme energía que le mandan sus seguidores desde todas partes de Latinoamérica y de todas partes del mundo.”
Con la increíble capacidad de ver siempre “el vaso medio lleno”, Lilian decía que Gustavo la escuchaba, respondía con miradas y estaba estimulado por musicoterapia. “Gustavo no va para atrás, está entero. El no tiene muerte cerebral”.
Todo el tiempo, aquella mujer que durante dos años jamás dejó solo a su hijo en la cama de la clínica, habló de las sanadoras energías que llegaban de todas partes de Latinoamérica. “Tengo los pies en la tierra y la mirada en el cielo, él hace musicoterapia, Gustavo reconoce voces, escucha”.
“Voy todos los días a la Clínica menos los martes, me obligaron mis hijos. Ese día hago taller literario pero sino voy hasta sábado y domingo. Él me necesita”.
Para su mamá, Gustavo, un hombre común
Lilian define a su hijo como un hombre común. “Cuando él llegaba a casa no se hablaba de su vida profesional. Cuando estaba en Buenos Aires era cita de honor, comer en casa con sus hijos, somos una familia muy unida”.
Por último, Lilian Gustavo habló del movimiento religioso que provocó Gustavo. De cómo sus fanáticos y la gente común interesada en su salud peregrinaba, acercaban estampitas, rosarios, imágenes de la Virgen o de los santos”.
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