jueves 28 de enero de 2021
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¿Igualdad? Menos del 11% de los países del mundo están actualmente liderados por mujeres

Entre los 193 países oficialmente reconocidos por Naciones Unidas, existen solo 10 jefas de Estado y 13 jefas de gobierno (en dos de estos países, ambos cargos están en manos de la misma persona). Si bien las mujeres son las protagonistas de muchas luchas sociales -especialmente en América Latina- siguen siendo los varones quienes ocupan la mayor parte de los espacios de toma de decisiones.

Al día de la fecha, muchos países a lo largo del mundo aún no han tenido presidentas mujeres y eso pareciera no escandalizar a nadie. Ni ciencia ficción ni relato del siglo pasado. Corre el año 2020 y las fotografías de encuentros regionales o internacionales siguen estando repletas de mandatarios hombres (en su mayoría blancos, heterosexuales, de clase media/alta y de avanzada edad). ¿Por qué está tan normalizado?

https://twitter.com/ONUMujeres/status/1290767017524572171

Según el último ranking “Mujeres en la política 2020” elaborado por ONU Mujeres y la Unión Interparlamentaria, sólo 21 de 193 países pertenecientes a Naciones Unidas son gobernados por mujeres; es decir, apenas poco más del 10 por ciento. Se trata de 10 Jefas de Estado (10/152 = 6,6%) y 13 Jefas de Gobierno (13/193 = 6,7%), y en dos de estos países la misma persona asume ambos cargos. En Europa son 10, en Asia 4, en América y África 3 respectivamente y en Oceanía 1.

Los países liderados por mujeres son:

Alemania (canciller Angela Merkel)

Bangladesh (primera ministra Sheikh Hasina)

Barbados (primera ministra Mia Mottley)

Estado Plurinacional de Bolivia (presidenta interina Jeanine Áñez, a días de traspasar el mando)

Dinamarca (primera Ministra Mette Frederiksen)

Eslovaquia (presidenta Zuzana Čaputová)

Estonia (presidenta Kersti Kaljulaid)

Etiopía (presidenta Sahle-Work Zewde)

Finlandia (primera ministra Sanna Marin, la más joven del mundo)

Georgia (presidenta Salomé Zurabishvili)

Grecia (la primera presidenta mujer, Katerina Sakellaropoulou)

Islandia (primera ministra Katrín Jakobsdóttir)

Namibia (primera ministra Saara Kuugongelwa, la primera en la historia de su país)

Nepal (presidenta Bidhya Devi Bhandari)

Noruega (primera Ministra Erna Solberg)

Nueva Zelanda (primera ministra Jacinda Ardern)

Serbia (primera ministra Ana Brnabić- jefa de Gobierno)

Singapur (presidenta Halimah Yacob)

Suiza (presidenta 2020 del Consejo Federal, Simonetta Sommaruga)

Togo (primera ministra Victoire Tomegah Dogbé)

Trinidad y Tobago (presidenta Paula-Mae Weekes)

Los datos parecieran mejorar ligeramente al descender en el escalafón de poder: el 20,5% de las presidencias de parlamentos de todo el planeta están ocupadas por mujeres, es decir, 57 de 278 Parlamentos mundiales. En el caso de la vicepresidencia, el porcentaje asciende hasta el 25%. Entre los países que cuentan con un mayor equilibrio destaca Ruanda (61,3% de parlamentarias), Cuba (53%) y Emiratos Árabes Unidos (50%).

El mapa de ONU Mujeres también analiza las carteras que están en manos de las mujeres. Principalmente, se les atribuyen los ministerios que se encargan de asuntos sociales, de temas de familia, infancia, juventud y dependencia, y de medio ambiente y recursos naturales. En cambio, la presencia es mucho menor en otras áreas como defensa, finanzas, derechos humanos, economía o asuntos parlamentarios.

Carteras ministeriales.png
Fuente: “Mujeres en la política 2020”, ONU Mujeres

Fuente: “Mujeres en la política 2020”, ONU Mujeres

Las primeras presidentas del mundo no asumieron hace mucho

Hace 60 años, el 21 de julio de 1960, una mujer era elegida por primera vez en la historia de la humanidad como jefa de Gobierno. Su nombre era Sirimavo Bandaranaike: luego de que asesinaran a su esposo, continuó su trabajo al asumir como primera ministra en Ceilán, (país denominado actualmente Sri Lanka).

https://twitter.com/LomanaGloria/status/1285445457448140800

De este lado del mundo, Isabel Martínez de Perón ocupaba en 1974 el cargo que quedaba vacío tras la muerte de Juan Domingo Perón, hasta que en 1976 fue desplazada por el golpe de Estado cívico-militar. En la región, recién en 1990 Violeta Barrios de Chamorro era electa constitucionalmente en Nicaragua.

En la Primera Conferencia Mundial sobre la Mujer de la ONU, celebrada en México en 1975, se exhortó a los gobiernos a crear las bases de una participación igualitaria de las mujeres en la política. Sin embargo, no fue hasta enero de 2006 que África vio asumir a la primera presidenta de todo el continente, Ellen Johnson Sirleaf en Liberia (cargo que ocupó hasta 2018).

Ellen Johnson Sirleaf de Liberia - primera presidenta mujer de África.jpg
Ellen Johnson Sirleaf asumió el máximo cargo de Liberia en 2006, y se convirtió en la primera presidenta mujer de África. Gobernó por 12 años.

Ellen Johnson Sirleaf asumió el máximo cargo de Liberia en 2006, y se convirtió en la primera presidenta mujer de África. Gobernó por 12 años.

Este año, el mundo tiene los ojos puestos sobre Kamala Harris, candidata a la vicepresidencia estadounidense por el Partido Demócrata en la fórmula de Joe Biden. “Es una candidatura muy trascendente, ya que es la primera mujer afroamericana y de ascendencia asiática en ser nominada para ese puesto. Y, además, es la cuarta mujer en la lista presidencial de uno de los dos partidos más importantes de Estados Unidos. Es un hito para la representación de mujeres afroamericanas en el gobierno de su país: perfila un momento histórico con profundos significados simbólicos, políticos y culturales”, opina Desirée Viteri, Doctoranda en Derecho y Ciencia Política e integrante ecuatoriana de la Red de Politólogas #NoSinMujeres.

https://twitter.com/KamalaHarris/status/1322000021299093504

¿Dónde están las presidentas en América Latina?

En un momento, América Latina llegó a tener hasta cuatro presidentas mujeres en simultáneo: Michelle Bachelet en Chile (2014-2018), Cristina Fernández en Argentina (2007-2015), Dilma Rousseff en Brasil (2011-2016) y Laura Chinchilla en Costa Rica (2010-2014). Pero, ¿qué pasa ahora?

“En estos últimos treinta años, las reformas electorales de género en América Latina lo que han obligado es a modificar el comportamiento de los partidos políticos. La representación de las mujeres ha aumentado hasta el 30%. Con esas leyes de cupo, Argentina fue pionera para asegurar un piso de participación femenina, pero el 30% se convertía en un techo. Decimos que la paridad es necesaria pero no suficiente, porque también hay relaciones de poder desiguales entre las mujeres: no es lo mismo ser una mujer blanca de clase media en una ciudad que ser una mujer maya kakchiquel en Guatemala que quiere acceder a un cargo político. Las dificultades de acceso a la política se vinculan con la clase social, la generación, la lengua, la etnia y el hecho de formar parte de la diversidad sexual, entre otras identidades”, explica Cora Ruiz Tena, politóloga española especializada en género y juventudes, integrante también de la Red de Politólogas #NoSinMujeres.

https://twitter.com/AiredeSantaFe/status/1319589952846483457

Cora también dirige el proyecto SISA Mujeres Activando de la organización Asuntos del Sur. Se focalizan en el fortalecimiento de los liderazgos de la diversidad de mujeres (indígenas, mestizas, afrodescendientes, rurales, urbanas, trans y jóvenes) en países como Ecuador, Guatemala, Paraguay, Argentina, Colombia, Brasil, México y Venezuela.

“Si bien el número de cargos electos pareciera que aumenta, en América Latina se ha estancado y ha habido una caída drástica de las mujeres jefas de Gobierno y de Estado. Los partidos políticos buscan todas aquellas estrategias -como hicieron con las leyes de cupo- para saltarse la legalidad. Parece una paradoja, porque en realidad las mujeres en la región están siendo las protagonistas de las luchas sociales”, agrega Ruiz Tena.

La especialista coincide en que “desde el 2015 con el #NiUnaMenos se dio un punto de inflexión y empezaron a haber respuestas políticas colectivas. Tuvo su réplica en Guatemala con el #VivasNosQueremos, en 2016. El incendio que mató a 41 niñas en un hogar estatal fue motivo también para que se organizaran. En Brasil, se movilizaron frente a la llegada de Bolsonaro a la presidencia y también se gestó el movimiento de lucha por pedir justicia ante el femicidio de Marielle Franco. En Argentina, en 2018, la agenda del aborto legal. Los paros internacionales de mujeres que fueron entrelazándose desde 2016, conectando experiencias incluso con España y Portugal. En 2019, las mujeres en México consiguieron la paridad en todos los niveles de gobierno. Después vino el estallido social en América Latina a fines de ese año, donde tomaron las calles con muchas fuerzas las mujeres (en especial, indígenas y juventudes). En Chile estuvieron en ese pie de lucha, con la instalación artística de Un violador en tu camino que traspasó todas las fronteras”.

https://twitter.com/ONUMujeresMX/status/1128481438360309760

Si bien las voces feministas se fueron multiplicando desde el Sur Global hacia el mundo, “esto no se traduce todavía en que puedan estar ocupando espacios de toma de decisiones y, mucho menos, la primera línea política. Por ejemplo, que sean jefas de Gobierno”.

¿A qué se tienen que enfrentar?

“Los problemas parten, sobre todo, de los estereotipos y de las estructuras patriarcales y roles de género. Las mujeres se encuentran con mas obstáculos, no solo para llegar al poder sino para poder permanecer en él”, sostiene Desirée Viteri. Desde el proyecto “SISA Mujeres Activando”, sistematizaron distintas dimensiones de estos obstáculos que la politóloga Cora Ruiz Tena resume en seis:

Dimensión sociocultural: “Las normas, tradiciones, valores morales y religiosos que tienen un rol importante en esta creencia de que las mujeres no deben participar en la política y que se entiende todavía hoy que es un asunto de varones”.

Dimensión institucional: “Cuando las mujeres deciden participar en política, se encuentran con que los organigramas, las jerarquías, las reglas electorales y los presupuestos están diseñados por y para ellos”.

Dimensión familiar: “El hecho de tener jornadas interminables del hogar, de reproducción, de cuidados. La falta de control sobre los derechos reproductivos y sexuales: es decir, el hecho de no poder decidir si quiero o no tener hijos o hijas y cuándo tenerlos dificulta la capacidad de planificar la participación política y la construcción de un liderazgo.”

https://twitter.com/Jevirivas/status/687373154751221760

Dimensión de la experiencia política pública de las mujeres: “Las mujeres tienen menos probabilidades, porque han estado subrepresentadas históricamente en estos espacios en donde los hombres tejen redes de contactos, experiencia social profesional y capacidad de acceder a los presupuestos”.

Dimensión de las subjetividades femeninas: “Tenemos miedos e inseguridades producto de esta educación que recibimos desde chicas, vinculada a ocupar roles domésticos y de maternidad. Cuando se cruza con el racismo, se agudiza: por ejemplo, la hipersexualización e hipererotización de las mujeres afros y su estigma en la política estatal”.

Dimensión de la insolidaridad de género: “El sistema patriarcal lo que nos promueve es una enemistad histórica entre nosotras, evitando que nos auto reconozcamos como líderes”.

"Ya no podemos seguir viviendo en un mundo donde el poder esté reservado solamente para los hombres. Sin mujeres verdaderamente involucradas en los cargos de poder, una sociedad igualitaria no deja de ser una utopía”, concluye la activista Desirée Viteri.

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