En las últimas horas, un hombre hirió a tiros a dos jóvenes que hacían ruidos molestos con el caño de escape de una motocicleta. Según indicaron testigos, el agresor habría salido de su domicilio con un arma de fuego a disparar a los adolescentes, cansado de que cada fin de semana los mismos se la pasaran provocando un revuelo impresionante en el barrio.
De acuerdo a la Policía de Misiones, las personas agredidas fueron identificadas como Marcelo Andrés S. de 21 años y Carlos Agustín B de 24, quienes se encontraban al momento del ataque en la esquina de la feria franca, ubicada en la Calle Santa Ana esquina Avenida Marco Paz, del Barrio Unión.
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Una joven identificada como Ludmila brindó su versión de los hechos
La misma dijo que en durante la madrugada se encontraba en compañía de los dos jóvenes y que, al salir del Pool “Frigio”, comenzaron a dar vueltas hasta que, en un momento dado, se detuvieron sobre la calle en cuestión, debido a que la motocicleta de uno de los jóvenes no funcionaba correctamente. En ese instante vio a un hombre parado sobre la vereda apuntando con un rifle en dirección hacia ellos y les disparó.
“Cuando nos íbamos, mi novio (uno de los jóvenes atacados) me dice que sintió una electricidad, pensando que le había pateado la moto. Le comenzó a faltar el aire y cuando nos dimos cuenta tenía sangre en la espalda. Me comunico con Andrés (el otro joven herido) para saber si estaba bien y él me responde que tenía una herida en la cabeza y que estaba sangrando mucho”.
Después de esto, ambos jóvenes fueron por sus propios medios de urgencia al Hospital Samic de Eldorado.
El médico de turno diagnosticó:
Marcelo Andrés S., lesión compatible con orificio de entrada de proyectil de arma de fuego sin orificio de salida en la región frontal parietal, la cual quedó alojado en subcetaneo sin riego de vida, lúcido ubicado en tiempo y espacio y Carlos Agustín B presenta lesión compatible con orificio de entrada de proyectil de arma de fuego a nivel de la espalda, sin orificio de salida. El proyectil se encuentra alojado detrás de la vértebra T10.
Al poco tiempo del incidente, los vecinos virilizaron imágenes de los jóvenes, heridos y ensangrentados; lejos de lamentar el hecho, apuntaron a la falta de controles y el incesante ruido provocado por estos motociclistas y otros que suelen unirse a la diversión.
Un químico, cocaína estirada y una red narco: lazos y roles de la banda que traficaba drogas de Santa Fe a la Patagonia en baldes de pintura
La llamativa detención de un técnico químico el pasado domingo en una casa de la Costanera de la ciudad de Santa Fe dejó al descubierto a una organización narco que desde hacía al menos un año traficaba cocaína hasta la Patagonia en encomiendas de todo tipo. Entre ellas, dentro de baldes con pintura blanca.
La causa forma parte de una investigación que llevó a cabo el personal de la División Unidad Operativa de la Policía Federal de Caleta Olivia, en la provincia de Santa Cruz. La misma estuvo instruida por la jueza federal Marta Isabel Yáñez, que tras un año de pesquisa ordenó un total de 21 allanamientos, de los cuales 14 tuvieron lugar en Santa Fe y localidades linderas.
El operativo, denominado por la fuerza policial como “Blanco Pintor”, dejó como saldo la detención de 13 personas, entre ellas la del químico santafesino Sergio Amer, de 55 años, quien quedó a disposición de la Justicia federal santacruceña tras haber sido acusado de favorecer con sus conocimientos técnicos a uno de los “cabecillas” de la banda para estirar la cocaína que luego se enviaba a la Patagonia y se distribuía en puntos de venta ubicados en las localidades de Caleta Olivia, Perito Moreno y Los Antiguos.
Uno de los cargamentos de la banda fue interceptado por los investigadores el pasado 20 de mayo en un centro logístico de la empresa Vía Cargo de Pablo Nogués -provincia de Buenos Aires- y cuyo resultado fue el hallazgo de dos kilos de cocaína que iban camuflados en pintura. A lo largo de la investigación, se comprobó que la “mercadería” no solo llegaba de esa manera, sino también oculta en otros envoltorios cubiertos con sustancias, tipo betún, para evitar que los perros huelan la droga en un posible control.
De menos a más
La caída de esta organización es el resultado de un entrecruzamiento de llamadas e interceptación de escuchas telefónicas que primero apuntaron a un hombre, apodado “Manzana”, que se encontraba radicado en Caleta Olivia. Sin embargo, con el devenir de los meses, se logró establecer que el presunto proveedor era un muchacho oriundo de la localidad de Perito pero que desde hacía un tiempo vivía en Santa Fe capital.
Se trata de Matías Blanco, de 35 años, quien para la jueza Yañez es el eje central de la investigación. Las escuchas telefónicas que obtuvieron los agentes de la federal lo posicionaron como el nexo principal entre los eslabones inferiores de la cadena narco, en Santa Cruz, y los grandes abastecedores que le suministraban el polvo blanco en el litoral.
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El mismo, según develaron las escuchas, se encargaba de realizar los despachos de las encomiendas, que partían hacia el sur del país, y luego exigir a los vendedores al menudeo las ganancias recaudadas las cuales, creen los investigadores, eran enviadas por medio de servicios de transferencia de dinero u otros mecanismos.
El trabajo de los investigadores pudo detectar que aquellos envíos no se habrían dado con la frecuencia que Blanco exigía por lo que debió realizar un viaje relámpago meses atrás para poder cobrar sus “ganancias”, cuyo monto ascendería a más de medio millón de pesos, indicaron fuentes judiciales a Aire Digital.
Estiramiento
Entre los contactos que fueron surgiendo por las escuchas de las líneas telefónicas que utilizó Blanco, el que mayor atención causó fue el del ingeniero químico Amer, a quien los investigadores detuvieron en su domicilio del barrio Villa Setúbal el pasado domingo 23 de mayo.
Es que el vínculo entre ambos surgió cuando el sindicado cabecilla, el 5 de mayo pasado, lo contactara por teléfono para hacer un “trabajito” que implicó nada más ni nada menos que manipular kilos de cocaína de máxima pureza y luego “estirarlos” mediante la utilización de cafeína y otros químicos de corte para luego insertarlos en la red narco.
Dicho “trabajito” -sospechan tras una escucha interceptada- se lo contó Blanco al químico en una reunión que habrían tenido en el café de una estación de servicio ubicada en bulevar Pellegrini y 25 de Mayo, en el macrocentro santafesino. A partir de allí, se forjó una sociedad que terminó quebrantándose el domingo pasado tras los 21 allanamientos en simultáneo que ordenó la jueza Yáñez.
En el allanamiento a la casa de Amer, los investigadores secuestraron -tras una requisa- dinero en efectivo, tres teléfonos celulares y dos bolsas con sustancias tipo de “corte” y otra muy similar a la de bicarbonato. Luego detuvieron al químico y lo trasladaron hasta la sede de la PFA de la Recoleta de Santa Fe y pusieron a disposición de la Justicia.
Dos días después, el 25 de mayo, se llevó a cabo la audiencia indagatoria ante la jueza Yáñez en donde se le atribuyó haber “brindado sus servicios técnicos y profesionales especializados a Blanco y el resto de los implicados en la causa, para el estiramiento de la cocaína que manejaba la organización. Tras haber escuchado los cargos, Amer se abstuvo a declarar, y solicitó por medio de su abogado la excarcelación, por lo que se formó un incidente judicial que deberá ser analizado por la jueza de instrucción.
Dos kilos, un hotel y un celular destruido
Al igual que el químico, Blanco también terminó detenido por los investigadores de la PFA durante el pasado fin de semana largo. Sin embargo, su búsqueda debió extenderse hasta la ciudad de Paraná. Precisamente, cayó en un hotel céntrico de la capital entrerriana ubicado en Enrique Carbó 62.
En ese residencial, el pasado 23 de mayo, el santacruceño y su pareja terminaron siendo sorprendidos por un grupo de agentes policiales que, tras irrumpir en la habitación N°4, los esposaron. Seguidamente, requisaron el lugar y encontraron que uno de los teléfonos se encontraba completamente roto. Según Blanco, el aparato se rompió luego de una “discusión de pareja”, revelaron fuentes consultadas por el procedimiento.
Si bien en esa habitación de Paraná los uniformados no encontraron drogas que comprometieran a la pareja, unas horas antes, en la vivienda de Blanco, en el barrio Santa Marta de Santa Fe (Bernard al 9500), los investigadores encontraron una mochila que los comprometió de lleno con la causa: dos kilos de cocaína envueltos en papel metalizado que se encontraban dentro de una mochila.
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