Cada vez más mujeres dejan de pensar en el amor y la pareja como un proyecto de vida

Testimonios de mujeres de distintas edades muestran una tendencia cultural: hoy muchas priorizan autonomía, trabajo, amistades y bienestar antes que el amor.

Mujeres priorizan autonomía, trabajo y bienestar antes que el amor romántico.

Mujeres priorizan autonomía, trabajo y bienestar antes que el amor romántico.

Está en el aire: para muchas mujeres, encontrar el amor y formar una pareja ya no está entre sus prioridades, y no necesariamente para las grandes, sean o no madres. La pregunta por redes sociales genera una avalancha: chicas de 22 años, cincuentonas, mujeres de 36, todas tienen una razón para considerar que el mejor plan es la soltería.

“Me genera un desgaste físico y emocional regrande, y prefiero guardarme mi energía para mí. También siento que no hay muchas posibilidades de encontrar a alguien que coincida con mis responsabilidades, con mis horarios laborales y con mi forma de vida”, señala Mercedes, de 51 años.

“Tampoco quiero que nada rompa la paz de mi hogar, porque, bueno, mis hijos ya son todos adultos, se fueron de casa, y aunque no está bueno vivir sola por la cuestión socioeconómica, porque siento mucha inseguridad, no quiero romper la paz que hay dentro de mi casa”, agrega.

Si bien no se trata de generalizar, cada quien genera sus acuerdos de pareja, para muchas mujeres, un proyecto en común implica resignar espacios personales.

El costo personal de una pareja

Juana es mucho más joven, tiene 29 y estudia arquitectura. “Vengo de estar casi 6 años en pareja y terminé hace 4 meses. Y la ruptura principal se debió justamente a esta pregunta, por qué hoy el proyecto de cada uno ya no estaba en común”, responde sobre su situación actual, que no considera definitiva. “Para que funcione cualquier pareja, cada cual tiene que tener sus proyectos individuales, tienen que ser compatibles, y en mi pareja no estaba esa compatibilidad”, sigue.

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Muchas mujeres se cuestionan las expectativas desiguales y los roles tradicionales en las relaciones de pareja.

Muchas mujeres se cuestionan las expectativas desiguales y los roles tradicionales en las relaciones de pareja.

Lo que le pasó a ella es lo que viven muchas mujeres, la mayoría. “Por priorizar, tal vez, mi proyecto en pareja, me fui haciendo otro tipo de cosas y desvié un poquito el camino a este proyecto personal”, asume.

No tiene ganas de meterse en otro proyecto. “Hay que tener tiempo y disposición, y no sé si la prioridad, pero tiene que estar entre los proyectos prioritarios, y hoy no tengo ganas de poner el proyecto de pareja como una prioridad en mi vida”, plantea.

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Morena tiene 22 años y es más taxativa: “Estoy en celibato hace un año”, define. “No es un buen proyecto estar en pareja porque no tengo tiempo. Básicamente, estudio diseño de indumentaria en la UNR. Además de eso, tengo otros intereses, también me gusta estudiar, me gusta la música, me gusta el cine, me gusta la escritura, y son cosas que llevan un montón de tiempo, y la verdad que prefiero priorizarme”, responde esta joven, que no quiere “priorizar una búsqueda más romántica”.

En los últimos años, el movimiento feminista cuestionó la idea del amor romántico como gran formador de subjetividades, para que las mujeres pongan en el centro de su vida la búsqueda de una pareja.

Cuando el proyecto propio pasa al frente

“La verdad que una de las razones por las que yo empecé el celibato fue porque no encontraba a alguien con quien matchear, sentimentalmente, más que nada porque para química sexual están todos, pero después para algo que lleve compromiso, la verdad, hay pocos, y creo que todos estamos más o menos en la misma”, sigue Morena, con sus 22 años.

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La realidad socioeconómica aparece en el relato de Morena. “Todos trabajamos, todos tenemos trabajos mal remunerados, al menos en mi rango etario, creo que nadie tiene trabajo en blanco o un trabajo con obra social, un trabajo de 6 horas al día, que te permita al mismo tiempo estudiar, que te permita al mismo tiempo tener una relación, que te permita ver a tus amigos, a tu familia”, describe.

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Desgaste emocional, falta de tiempo y búsqueda de paz personal influyen en la decisión.

Desgaste emocional, falta de tiempo y búsqueda de paz personal influyen en la decisión.

Pero también considera que la gente de su edad está toda “muy en cualquiera”. Y por eso no cree que valga la pena poner en juego su formación académica para estar con alguien.

Aunque no todas lo dicen, lo que subyace es la disparidad entre compromiso y expectativas entre varones y mujeres. Ellas priorizan sus proyectos personales porque saben que la pareja, muchas veces, las obliga a resignarlos, o dedicarles menos tiempo. En tanto, ellos nunca encontraron una contradicción entre una cosa y otra.

Desencanto, cansancio y vínculos desiguales

Pamela tiene 36 años. “Soy mamá de un niño de 6 años. Me separé cuando mi hijo tenía dos y desde entonces tuve algunos intentos de conocer a varones pero siempre algo falla. Entonces, cansada de no encontrar al compañero ideal, opté por no buscar más pareja”, relata su experiencia.

Al principio, me costó, fue un duelo. “Pensé en algún momento en volver porque no quiero estar sola toda la vida, pero a medida que pasa el tiempo voy superando ese duelo y la vida va pareciendo más fácil así, soltera”.

Lo que le pasa a Pamela es lo que viven muchas. “La decisión de no tener pareja tuvo que ver estrictamente con los varones y sus prácticas. Además de la cantidad de varones violentos y/o machistas que existen, para mí, hay una especie de común denominador en todos los varones que conocí. Es un patrón de comportamiento que evidentemente se repite porque a varias amigas solteras les pasó lo mismo y lo analizamos bastante”, cuenta una decepción generacional.

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“Muchos varones no buscan una compañera, buscan una madre, una empleada doméstica, una sumisa, una psicóloga (en el mejor de los casos). Pero es difícil proyectar un futuro con un varón que o no sabe lo que quiere, o si lo sabe actúa como si no lo supiera para no hacerse cargo de lo que le pasa y eso, en quienes somos mujeres adultas, madres e independientes, agota”, resume en un párrafo una queja mucho más común de lo que parece.

La búsqueda de pareja, además, lleva un tiempo infinito, y desgaste emocional. Pamela habla del “mercado de los vínculos”, ese que le exige mucho a las mujeres, ya sea desde lo estético, el tiempo, y los comportamientos. “Hay unas reglas que no son reglas. No podés ser muy ansiosa, no podés mostrar interés, no podés mostrar mucho amor, es un libro del ‘no podés’ o ‘lo vas a espantar’ y, ¡confirmado! Si sos mucho alguna de esas cosas, espantás varones. Lo cual me parece un absurdo”, sigue.

Para ella, en su generación “no existen varones que no sean machistas. Algunos entienden un poco más y empatizan, pero en el plano de los vínculos, no se bancan estar con mujeres que no los necesiten o que no dependan de ellos”.

Como una madre trabajadora, hoy considera que tiene “otras prioridades en la vida que no son las de casarme y tener una casa con el perrito y todo”. Así llegó a una conclusión: “No necesito pareja para sentirme realizada. Al contrario, siempre que tuve pareja me sentí infeliz de tener que cumplir las expectativas de otra persona criada y atravesada por el machismo”.

La heterosexualidad bajo revisión

Otra es la situación de Daniela Fernández, que tiene 40 años y hace cuatro años volvió a la soltería, luego de seis años en pareja. “Es una decisión más circunstancial que otra cosa, no es una convicción profunda ni algo que me gustaría sostener a lo largo de mucho tiempo. Al contrario, no renuncio a la idea de compartir mi vida con alguien ni ahora ni hacia adelante”.

Dice que, desde un lugar “muy privilegiado” tiene una vida que le gusta mucho. “Tengo proyectos que me entusiasman, amistades profundas, nuevas y viejas, una familia que ocupa un lugar muy central en mi vida, y también me gusta pertenecer a un montón de comunidades de las que formo parte”, enumera. Y su trabajo, que hoy es “una herramienta” que le permite justamente construir la vida que desea.

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Para ella, “la soledad tiene sus desafíos”. Y también sus ventajas. “Me permitió conocerme a mí muchísimo más, tener mayores recursos, y tener una vida con un poco de sentido”. También habla de los desafíos de esta época. “Vivimos en un tiempo de mucha velocidad, todo parece consumirse, descartarse, reemplazarse”, señaló.

Hace unas décadas, una mujer de 40 años ya había tenido sus hijos, y se dedicaba a la familia. Eso cambió. Itatí Vallejo es coach ontológico, también tiene 40 años. “Hoy, tener una pareja no está entre mis principales prioridades. He tenido malas experiencias en lo afectivo y, además, cada vez me resulta más difícil encontrar un compañero de vida porque mi realidad es muy demandante”, cuenta.

Una historia que viene de lejos

El trabajo no remunerado sobrevuela todas las respuestas. Y aunque pueda parecer un fenómeno nuevo, también Instagram trae una información que sorprende. “En abril de 1889, la revista semanal británica Tit-Bits organizó un concurso invitando a mujeres solteras a responder a la pregunta: ‘¿Por qué soy solterona?’”.

La abrumadora cantidad de respuestas ingeniosas, directas y abiertamente independientes sorprendió a los editores, haciendo imposible elegir una sola ganadora.

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Lo que hizo la revista fue publicar una página completa con las mejores respuestas, premiando a cada lectora seleccionada con 5 chelines por sus reflexiones progresistas y mordaces sobre el cortejo y el matrimonio en la época victoriana.

Según esta publicación, “las respuestas ofrecían una crítica sorprendentemente moderna de las agotadoras expectativas domésticas de la época y de las deficiencias de comportamiento de los hombres”.

Otras maneras de amar y vincularse

Lo de Na es diferente, y también vale la pena contarlo. “La cuestión de la pareja como proyecto personal dejó de cerrarme cuando me divorcié, fue la primera vez en toda mi historia vital en la que me pregunté qué era lo que yo quería”, cuenta.

Y reflexiona: “Creo que, como nos ha pasado a muchas mujeres a lo largo de nuestras vidas, que nos dimos cuenta que estábamos siempre muy pendientes de lo que querían los demás y nos preguntamos muy pocas veces qué era lo que nosotras queríamos y qué era lo que nos gustaba a nosotras”.

Por eso mismo, la pareja “como se conoce socialmente” no la convoca. “En realidad, no me representa, me resulta muy difícil también poder sostenerla”, dice.

Hoy elige vínculos no monógamos. “Y no necesariamente eso implica que pueda tener muchos vínculos en simultáneo. A veces sucede, otras veces no. Pero la exclusividad está puesta sobre la mesa para debatir”, reflexiona.

Es que la pareja, sobre todo para las mujeres, organiza la vida. “En las personas que me rodean, sus parejas ocupan un lugar principal y ordenan su cotidiano y sus proyectos de vida. Y a mí no me pasa eso”, sostiene.

Para ella, ese lugar central son sus amistades. “Me parecen mucho más sólidas y menos transitorias las relaciones de amistad”, afirma.

Entre la decepción con los vínculos que ya se tuvieron, las expectativas diferenciales, y los proyectos de vida propios como prioridad, el amor romántico se deshilacha. Desencuentros con varones que no se comprometen, apps de citas donde se elige como en una góndola de supermercado, exigencias desmedidas. No para todas, pero hay una corriente de mujeres que dice “paso” cuando le hablan de ponerse en pareja.

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