El viernes 7 de agosto, George Clooney se convirtió en trending topic en Argentina, y no precisamente por un nuevo protagónico en el cine. Quien lo llevó a ser uno de los más nombrados en redes sociales fue el humorista gráfico Fernando Sendra, que lo mencionó en una tira "cómica" publicada en diario Clarín y que automáticamente causó el repudio de una gran cantidad de personas.
La viñeta estaba relacionada a una nueva resolución de la Inspección General de Justicia que establece que, de ahora en adelante, todas las sociedades que se inscriban deberán tener la misma cantidad de hombres y mujeres en sus directorios. Esta medida apunta a quebrar el "techo de cristal", que frena el ascenso de las mujeres a puestos jerárquicos en empresas y compañías.
Apenas unos centímetros en la última página del diario -enmarcados dentro de la sección "Humor"-, bastaron para encender las alarmas de las lectoras que ya no pasan por alto este tipo de comentarios: "¡Último momento! El 50% de los directorios de empresas deberá estar integrado por mujeres. Además, será obligatorio que antes de cada reunión se hable de George Clooney, tampones y dietas. 'Estamos en todos los detalles', aseguró el Gobierno", informaban desde ese recuadro los tres simpatiquísimos personajes a los que Sendra dio voz. Pero era humor.
Rápidamente, las redes sociales se llenaron de publicaciones reprobando el chiste del caricaturista. "Uy, a Clarín se le traspapeló un chiste de 1942", escribió en Twitter la periodista deportiva Ángela Lerena, y, en la misma línea se expresó la filósofa e investigadora de la UBA, Diana Maffía: "Qué bajón la paridad, ¿no, Sendra? Con lo lindo que es hablar de fútbol y de minas y compartir porno en el chat...".
Tras las repercusiones que generó la tira, el colectivo de Periodistas Argentinas lanzó un comunicado bajo el hashtag #NoNosDaLoMismo donde expresan su total repudio al mensaje "que atenta contra nuestras facultades y aportes intelectuales en diferentes áreas del conocimiento". Además, manifiesta que el humor "no es ingenuo ni inocente", sino que "establece y sostiene estructuras sociales".
Pero esta ola de críticas tuvo como corolario un descargo del dibujante que, lejos poner paños fríos, recrudeció el fuego cruzado. Bajo el título "Yo soy lo que puedo", Sendra ensayó una especie de explicación de su historieta -no sin antes ironizar acerca del lenguaje inclusivo-, en la que le habla directamente al colectivo feminista y se excusa diciendo que él es "lo que puede".
"Ustedes son feministas y yo soy lo que puedo, algo que no tiene título, algo difuso entre un pasado que no pasa y un presente que no entiendo. Pero en mi descargo puedo decir que soy el producto de una época en que se respetaba a las personas, fueran o no mujeres. Y quiero respetarlas a ustedes, no sólo porque son mujeres porque, para mí siempre, las feas, las lindas, las buenas, las inalcanzables, las cercanas y las demás en todo momento fueron personas. O persones, qué sé yo. La idea nunca es ofender, pero si alguien lo interpretó de esa manera, pido disculpas", concluyó.
Humor y Violencia Simbólica
Aire Digital habló con la psicóloga y escritora Cristina Lobaiza Estrada para analizar con mirada crítica ese tipo de humor que, desde la superficie y para algunos, puede parecer inofensivo, pero que, debajo de la capa protectora de la libertad de expresión, instala mensajes, cuanto menos, polémicos.
"La gente se ríe con lo que le cabe en su sistema normativo y ético. El humor en sí no es una categoría de valor, no es una ética... Esa es la pavada que nos hacen creer. Si, y sólo si, el humor se hace pasar por una dimensión ética -que no lo es- funciona como un caballo de Troya a través del cual permear una estructura para colocar más violencia simbólica", es decir, cualquier mensaje que reproduzca o multiplique discriminación, dominación o desigualdad, naturalizando la subordinación (en este caso, de las mujeres) en las relaciones sociales de todo tipo.
¡Ya no nos podemos expresar!
Los mismos chistes que antes pasaban desapercibidos o eran hasta festejados y no causaban malestar de ningún tipo por estar justamente normalizados, hoy provocan repudio. Para Lobaiza Estrada, esto se debe a una "reparametrización del campo", o lo que es lo mismo: un cambio de época, al que muchas y muchos se acostumbraron, pero en el que otros todavía se sienten desubicados e incómodos. Como el propio Sendra, que en su descargo dice que vive la actualidad a mitad de camino entre "un pasado que no pasó y un presente que no termina de entender".
Pero no es sólo el dibujante quien reproduce estos mensajes -según él- sin notarlo. Es también Jorge Rial, ofendido tras recibir una denuncia en INADI por el informe en su programa en el que se hacía referencia a hombres que envejecen "como señoras", o la Revista Barcelona publicando otro chiste gráfico misógino que normaliza y naturaliza la cultura de la violación en nombre del humor, y que después debió retirar de sus redes. Tres contenidos publicados con pocos días de diferencia, que no sólo fueron generados por alguien, sino que además pasaron una serie de filtros de edición hasta llegar a páginas de diarios y pantallas.
Un sistema que tira "error"
Desde abril de 2009, la Argentina cuenta con una "Ley de Protección Integral para Prevenir, Sancionar y Erradicar la Violencia con las Mujeres" (27.485) y dentro de esta, tipificada puntualmente la violencia mediática como "aquella publicación o difusión de mensajes e imágenes estereotipados a través de cualquier medio masivo de comunicación", que de manera directa o indirecta atenten contra la dignidad de las mujeres.
Según Lobaiza Estrada, la ley se aplica en contadas ocasiones. "En nuestro país existe, pero de la boca para afuera... No pasa nada, no hay acceso a la Justicia, no es una contravención, no es nada. No es una provocación, ni siquiera saben que eso está mal. Es la foto del país y el mundo en el que vivimos. Lo que ocurre es que, esto que antes pasaba, ahora pasa menos o no pasa. Estamos en un cambio de época, porque el sistema está atorado, no va más, se terminó. La buena noticia es que se acabó lo que se daba", aseguró la autora y activista.
El humor salva en muchos momentos y la risa hace bien a la salud, de eso no caben dudas. En todo caso, seguirá siendo tarea individual -y colectiva- pensar sobre qué cosas nos causan gracia, cuál es el límite y cuándo se cruza, fomentando mensajes que atrasan, legitiman violencias, y refuerzan estereotipos, como, por ejemplo, que lo único que las mujeres pueden aportar al ámbito laboral son comentarios sobre dietas, cosmética y hombres de película.
Temas
Te puede interesar





