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Sociedad Medioambiente |

Crisis climática y movilización de los jóvenes, ejes de la década que termina

La quema del Amazonas y Greta Thunberg se convirtieron en símbolos del debate ambiental. En Argentina, cada vez más actores cuestionan el modelo de desarrollo.

Como nunca antes, el impacto del calentamiento global se ha sentido en primera persona en todos los rincones del planeta durante la década que termina, que según los científicos de Naciones Unidas ha sido la más calurosa y con mayor cantidad de desastres climáticos desde que hay registro.

La crisis climática ya no pasa desapercibida y quienes mejor parecen haberlo interpretado son las generaciones jóvenes: inspirados en una adolescente de Suecia, Greta Thunberg, estudiantes de todo el mundo (Argentina incluida) se manifestaron en la mayoría de los países para gritar un mensaje muy claro: “No hay planeta B”.

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Este año, la quema del Amazonas en Brasil por presión de la frontera agrícola-ganadera desató una polémica geopolítica anclada en los reclamos ambientales con la amenaza europea de no comprar alimentos producidos de manera no sustentable. Impactos diplomáticos nuevos anclados en la creciente exigencia social a favor de una mutación del modelo industrial de desarrollo adoptado por la humanidad durante el último siglo y medio.

¿Y en Argentina cómo estamos? Hay un dato de la más pura actualidad que también sitúa a la agenda ambiental en primera línea: los primeros conflictos que enfrenta el nuevo gobierno son socioambientales y tienen que ver con la intención de gobiernos provinciales de retroceder en la legislación de protección al agua tanto en Mendoza como en Chubut, por presión de la megaminería.

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La intervención de Greenpeace en la Rural de Palermo a mediados de año, que desató una simbólica guerra entre “gauchos y veganos”, es una síntesis del estado del debate: como nunca antes pasó en Argentina, se cuestiona la forma de producir alimentos, de usar las tierras y el agua, de producir tecnología y alentar consumos. Como nunca antes, y ante la urgencia que plantea la crisis climática global, la sensación de que llegó la hora de revisar el modelo civilizatorio está presente en la agenda social del día a día.

Una década al rojo vivo

Según el último informe de la Organización Meteorológica Mundial (OMM) dependiente de Naciones Unidas, el año 2019 “pone punto final a una década marcada por registros de calor excepcionales, por el retroceso de los hielos y por subidas del nivel del mar sin precedentes a nivel mundial”. Cambios que, según establece la ciencia, resultaron exacerbados por las emisiones de gases de efecto invernadero que genera la actividad productiva humana.

El listado que realizó la OMM es contundente: casi con toda certeza, las temperaturas medias del quinquenio 2015/2019 y de la década 2010/2019 serán las más elevadas desde que existen registros, y 2019 será el segundo o tercer año más cálido del que se tienen datos.

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En este último año la temperatura media mundial (entre enero y octubre) estuvo aproximadamente 1,1 °C por encima de los niveles preindustriales, mientras que las concentraciones de dióxido de carbono en la atmósfera (el gas que provoca el calentamiento) alcanzaron un nuevo máximo histórico de 407,8 partes por millón en 2018, y en 2019 no dejaron de aumentar. Este gas permanece en la atmósfera durante siglos y en los océanos durante períodos todavía más prolongados, por lo que perpetúa el cambio climático.

Jóvenes por el clima, un movimiento que se volvió mundial

Hace menos de dos años, una estudiante de secundaria sueca se sentó frente al parlamento de ese país con una pancarta casera que decía “Skolstrejk för Klimatet”, o “huelga escolar por el clima” en ese idioma. Desde ese día, el movimiento de jóvenes alrededor del mundo que se movilizan para pedir acciones climáticas urgentes a sus gobiernos no paró de crecer.

Greta Thunberg es hoy un símbolo de una generación que no se resigna a la falta de decisión política de los líderes mundiales, y la inspiración también en Argentina de un movimiento que empezó a ocupar un lugar en la agenda pública y que ayudó, por ejemplo, a que el Congreso Nacional promulgara una ley para luchar contra el cambio climático, algo impensado hasta hace poquísimo tiempo atrás.

Papa Francisco y Greta Thunberg.jpg

El pedido de los jóvenes es claro: que se cumplan las metas del Acuerdo de París firmado en 2015, en el cual los países se comprometen a mantener la temperatura mundial a no más de 1,5°C por encima del comienzo de la era industrial. Por ahora, todos los países (sobre todo los más contaminantes, que son Estados Unidos, China e India) están lejísimo de esa meta.

El secretario general de Naciones Unidas, Antonio Guterres, lo tiene claro: “Mi generación no ha respondido de forma adecuada al desafío dramático del cambio climático. Esto lo sienten profundamente los jóvenes. Con razón están enojados”.

Argentina, entre el agro y Vaca Muerta

Es grande y contundente la bibliografía científica que explica que los usos de la tierra que hace el modelo agropecuario industrializado son una amenaza para el equilibrio del planeta. La deforestación, la pérdida de biodiversidad y la erosión de los suelos generan daños sistémicos que empeoran la ecuación ambiental global.

Y si bien en términos totales Argentina no está entre los mayores contaminantes del planeta, cuando el cálculo se hace per cápita allí aparece que cada habitante del país emite (en promedio) más gases de efecto invernadero que un francés o que un español, ciudadanos de economías avanzadas.

La apuesta continua al desarrollo de combustibles fósiles es otro lastre en ese sentido, y Vaca Muerta es el mejor ejemplo: en momentos en los cuales muchos actores poderosos de la economía mundial advierten sobre la corta vida que les queda a los mega emprendimientos apoyados en fósiles, los gobiernos locales siguen presentando a ese yacimiento como la solución a todos los problemas.

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