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Una mujer santafesina pide internación para su hijo con patalogía pisquiátrica: denunció que vive "un calvario" y que teme por su vida

Patricia M. pide por la internación de su hijo diagnosticado con esquizofrenia agravada por retraso madurativo. Advierte que corre riesgo la vida de la familia.

Una madre de la ciudad de Santa Fe reclama desde hace años una orden judicial de internación para su hijo, diagnosticado con esquizofrenia que, según relató, se agrava por un retraso madurativo. La mujer aseguró que atraviesa “un calvario” marcado por episodios de violencia, consumo, amenazas y un peregrinaje sin respuestas.

Un diagnóstico temprano y señales de alarma

Según el relato de Patricia, el cuadro de su hijo, diagnosticado como esquizofrenia, comenzó hace más de una década y desde allí, el peregrinar es permanente entre médicos, guardias, juzgados y defensorías. “La única solución es la internación, porque nos va a matar”, afirmó.

Después de diferentes estudios, en el año 2014, el hijo de Patricia fue diagnosticado con ezquizofrenia. Hoy tiene 35 años y, aunque físicamente es un adulto, ella remarca que el retraso madurativo complejiza todo: “Al tener retraso se comporta como un chico, en adulto, en el físico grande”, dijo en diálogo con AIRE.

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En aquellos primeros años, explicó, un psiquiatra le advirtió lo que podía ocurrir con el avance de la enfermedad. “El médico que le diagnosticó la enfermedad me dijo: ‘Hacete la idea de que va a llegar un momento que lo vas a tener que tener internado’”, relató. Y agregó que le anticiparon una escalada típica cuando no hay adherencia al tratamiento: “Esas enfermedades hacen que ellos no quieran tomar medicación, va a llegar un momento -me dijo el médico- que no te la va a querer tomar, que te va a levantar la mano”.

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Patricia también reconstruyó episodios graves vinculados a brotes psicóticos y violencia. Contó que el diagnóstico se precipitó luego de hallazgos y hechos extremos: “Se le encontró nueve cuchillos abajo del colchón”.

En otro momento, sostuvo, su hijo agredió a un tercero y luego no recordaba lo sucedido. “Él después no se acordaba”, afirmó. También mencionó situaciones donde, en medio de alucinaciones, se desencadenaron ataques y reacciones violentas en la vía pública. “Él alucina”, resumió.

Del “había cama” al laberinto judicial: el reclamo hasta hoy

Patricia explicó que durante un tiempo su hijo pudo ser atendido con internaciones breves. “En los primeros años no había problema. Había cama, estuvo internado un tiempo. después también estuvo varias veces”, detalló. Sin embargo, dijo que desde hace aproximadamente cinco años el acceso se volvió más difícil por cambios en los requisitos: “Me dicen que cambió la ley después. Ya sí o sí tiene que ser la internación con el aval del juzgado de familia, el de un juez”.

Desde entonces, asegura que el sistema le exige una orden que no consigue, aún cuando psiquiatras le extendieron certificados recomendando internación. “El médico me dio el certificado, pero no lo quieren recibir porque si no tiene una orden de internación avalada por un juez no se hacen cargo”, sostuvo.

En paralelo, la violencia se volvió cotidiana: “Me roba, me pega, me pide plata”. Según contó, esa situación la empujó a vender pertenencias y endeudarse: “Hizo que yo vendiera muebles, que me endeudase con mutuales; no pude pagar el alquiler, ando de familiar en familiar viviendo de prestado”.

La mujer también describió episodios recientes que terminaron en guardias, sin una solución de fondo. “El 24 y 25 de diciembre lo tuve que llevar a internarlo tras forcejeos con cuchillos”, relató, y vinculó el agravamiento a consumos: “Alcohol, droga”. Patricia aseguró que llegó a sufrir agresiones directas: “A mí me agarra del cuello”, y recordó un episodio con lesiones.

En el tramo judicial, dijo sentirse desoída y maltratada. “Se me burlan, me dicen que ya las tengo cansadas”, contó sobre sus idas al juzgado. En ese recorrido, afirmó que le entregaban oficios que no eran una orden de internación, sino un simple traslado a guardia. “Un médico del 107 ve el oficio y me dice: ‘Esto es un traslado a una guardia clínica. Esto no es una orden judicial’”, relató. Y remarcó su desesperación: “Yo le decía, por favor tengo el certificado. La única solución es la internación; él alucina, escucha voces”.

Ante la falta de respuestas, Patricia dijo que intentó sostener internaciones privadas. Contó que consiguió una institución que lo recibió sin orden judicial, pero a un costo imposible de mantener: “Tuve que vender los muebles, hace un año atrás, 700 mil pesos por mes me cobraban. En diciembre aumentó a un millón, yo no podía pagar y me lo dejaron afuera”. Según su testimonio, la descompensación fue inmediata: “Cuando me lo dejaron afuera, a la semana otra vez, pidiendo plata, robándome todo”.

Hoy, Patricia insiste en que no pide castigo sino atención adecuada: “Es un enfermo, no es un delincuente”, remarcó. Y explica que su reclamo es, sobre todo, preventivo: “Antes que ocurra una desgracia”, repite, mientras sostiene que vive con miedo. “La única solución a esos hechos de violencia es que pueda estar internado, él quiere internarse cuando está en sus cabales”, concluyó la entrevistada mientras reclama que la Justicia santafesina se expida al respecto.