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Santa Fe Reserva ecológica | UNL | Costanera

Un nuevo abrazo a la reserva ecológica sumó la participación de profesionales y organizaciones

La concentración se realizó este sábado y concurrieron unas 150 personas que ratificaron el rechazo a la construcción del edificio universitario en el terreno vecino a la reserva.

Desde el comienzo de las obras para la construcción del aulario de la Universidad Nacional del Litoral en la Costanera Este, grupos ecologistas comenzaron a convocar a concentraciones pacíficas cada fin de semana en inmediaciones del terreno que limita con la reserva ecológica. Reclaman que no se construya en este lugar el aulario de la UNL para evitar el impacto ambiental sobre el espacio natural lindante.

La manifestación comenzó pasadas las 15 del sábado. Asistieron unas 150 personas que recorrieron la reserva ecológica y documentaron a través de fotos y videos el avance de la maquinaria de la empresa Coemyc SA, que realizó movimientos de tierra y vegetación en la última semana.

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Del evento participaron profesionales, organizaciones y estudiantes interesados en la conservación del espacio natural donde se encuentra abundante flora y fauna autóctona.

El eco social que tuvo el rechazo a la construcción del edificio de la UNL junto a la reserva ecológica llevó a que diputados presentaran un proyecto en la Legislatura santafesina con el objetivo de frenar la obra y exigir estudios de impacto ambiental.

La iniciativa creada en conjunto con las organizaciones Friday For Future, Animal Libre, Capibara, CeProNat y ciudadanos comprometidos con la preservación del ambiente, señala entre sus fundamentos que la obra de la UNL impactaría sobre el paisaje de la ciudad en al menos dos sentidos. En primer lugar, implica la "reducción del espacio verde que bordea la Reserva Ecológica mediante la tala de árboles nativos, la destrucción de la vegetación y el desalojo de los animales no humanos que habitan esos suelos". En segundo lugar, "el uso del edificio impactaría en el territorio específico de la Reserva en función de la contaminación visual y sonora producida por el incremento en la circulación de personas, afectando la dinámica de la Reserva y alejando a los animales no humanos que la habitan en la proximidad al aulario".

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Para los críticos de la obra, no existe estudio técnico de impacto ambiental. El formulario de categorización ambiental, presentado en 2016, no menciona la cercanía del nuevo espacio con la reserva, por lo que los ambientalistas dudan de la aprobación obtenida al siguiente año por la Dirección General de Desarrollo Sustentable.

Enrique Mammarella, rector de la prestigiosa casa de estudios, aseguró que se trata de una "obra de arquitectura sustentable" y que cuenta con certificaciones ambientales como las categorizaciones técnicas y ambientales en el marco de la ley de Medio Ambiente y Desarrollo Sustentable de la provincia de Santa Fe; la obtención de categoría 1, de bajo o nulo impacto ambiental, declarado por la Dirección General de Desarrollo Sustentable del Ministerio de Medioambiente de la provincia; y la aprobación de la Dirección de Edificaciones Privadas y de la Secretaría de Recursos Hídricos de la Municipalidad de Santa Fe.

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Marcelo Saba, director de Obras de la UNL, se refirió a la cercanía con la reserva y destacó que el nuevo edificio "será un balcón a la reserva ecológica administrada junto a la Fundación Hábitat desde 1998, que la va a jerarquizar". "Nuestro compromiso es que la infraestructura universitaria conviva con ese espacio natural, de co-administrar sus bordes, haciendo que desde los espacios cerrados haya zonas de transición, galerías, espacios abiertos hacia ese gran pulmón que protegemos", sostuvo.

El nuevo edificio de la Ciudad Universitaria es resultado del "Concurso Nacional de Anteproyectos: Plaza del Arte y Ciencia”. El lugar determinado es un terreno de forma triangular, cuya superficie aproximada es de 3,5 hectáreas. Linda al norte con el Parque Tecnológico CONICET y la Costanera Este, y su límite sur lo representa el llamado camino de “Los cuises”.