El emplazamiento del edificio de la Universidad Nacional del Litoral que limita con la reserva ecológica en la Costanera Este sigue generando el rechazo de grupos ambientalistas y el debate desembarcó en la Legislatura provincial. La iniciativa presentada solicita informes sobre el posible impacto socioambiental de la obra y la posibilidad de incorporar la voz del ciudadano santafesino para evaluar la continuidad de la construcción.
La construcción del Edificio Complementario de Servicios Educativos de la UNL comenzó hace dos semanas en un terreno de forma triangular, cuya superficie aproximada es de 3,5 hectáreas. Linda al norte con el Parque Tecnológico CONICET y la Costanera Este, y su límite sur lo representa el llamado camino de “Los cuises”. La obra que se ubica lindando con el terreno de la reserva ecológica, tiene como principal crítica el impacto que podría generar una edificación de 3.368 m2 en la fauna y flora autóctona que intenta preservarse a escasos metros.
El rechazo de grupos ambientalistas, estudiantiles y científicos tomó tal dimensión que el debate llegó a la Legislatura provincial a través de un proyecto en el que se solicita al Ejecutivo informes sobre "impactos socioambientales de la construcción y su posterior puesta en funcionamiento, especialmente en relación con la Reserva Ecológica". También pide "la posibilidad de implementar un mecanismo de participación ciudadana, atento al rechazo expresado por organizaciones ambientalistas y animalistas, estudiantes y ciudadanos/as en general, en el marco del Acuerdo de Escazú".
El proyecto creado en conjunto con las organizaciones Friday For Future, Animal Libre, Capibara, CeProNat y ciudadanos comprometidos con la preservación del ambiente, señala entre sus fundamentos que la obra de la UNL impactaría sobre el paisaje de la ciudad en al menos dos sentidos. En primer lugar, implica la "reducción del espacio verde que bordea la Reserva Ecológica mediante la tala de árboles nativos, la destrucción de la vegetación y el desalojo de los animales no humanos que habitan esos suelos". En segundo lugar, "el uso del edificio impactaría en el territorio específico de la Reserva en función de la contaminación visual y sonora producida por el incremento en la circulación de personas, afectando la dinámica de la Reserva y alejando a los animales no humanos que la habitan en la proximidad al aulario".
Manifestaciones
El fin de semana pasado se realizó una concentración en inmediaciones de la reserva ecológica donde ambientalistas expresaron el rechazo a la obra ejecutada en su primera fase por la empresa CoemyC SA, y que sigue llevándose adelante, según aseguraron desde la casa de estudios. Una manifestación similar se convoca para el próximo sábado por la tarde, con la intención de "abrazar" simbólicamente la reserva.
Gabriela, integrante del Centro de Protección a la Naturaleza (Cepronat) dijo durante la primera concentración que la obra complementaria de la Universidad "es como firmarle la sentencia de muerte a la reserva". Por su parte, el director de Obras y Servicios de la UNL, Marcelo Saba, explicó en el móvil de Aire de Santa Fe que todos los estudios de impacto ambiental fueron realizados, aprobados por el Ministerio de Medio Ambiente, autorizados por la Municipalidad de Santa Fe y que "el préstamo otorgado para la ejecución de la construcción de aulas fue otorgado por un organismo internacional que tiene muchas exigencias ambientales".
La reserva fue creada en 1998 a partir de un convenio de colaboración firmado entre la UNL y la Fundación Hábitat y Desarrollo. Es un espacio natural con una superficie aproximada de 12 hectáreas pertenecientes a la UNL con acceso sobre Costanera Este.
El objetivo de su creación fue conservar una muestra representativa del valle de inundación del río Paraná con fines investigativos favorecidos por la cercanía a la Ciudad Universitaria del paraje El Pozo, donde se cursan diferentes carreras vinculadas con el ambiente.
También, la reserva se convirtió en el hogar de numerosos animales que buscando un lugar seguro, escapando de cazadores furtivos, de la tala de los árboles y del fuego se acercan porque encuentran en ella un refugio seguro.
Impacto ambiental
Para los críticos de la obra, no existe estudio técnico de impacto ambiental. El formulario de categorización ambiental, presentado en 2016, no menciona la cercanía del nuevo espacio con la reserva, por lo que los ambientalistas dudan de la aprobación obtenida al siguiente año por la Dirección General de Desarrollo Sustentable, perteneciente al Ministerio de Medioambiente de Santa Fe, que otorgó a la obra la categoría uno, es decir, de bajo impacto ambiental.
Esa categorización significa que la obra no presenta impactos negativos o, de hacerlo, lo hacen en forma mínima, dentro de lo tolerado y previsto por la legislación vigente.
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