En grandes tanques que siempre estaban cargados con agua negra, la ropa giraba, entraba y salía durante 45 minutos hasta convertirse en una prenda negra, ideal para la ocasión de luto de los santafesinos. La tintorería El Indio Americano se especializó, en sus inicios, en hacer “el luto en el día”, es decir, teñir la ropa para velar a las personas que se morían desprevenidamente. Esa práctica ya se perdió, pero la tintorería continúa trabajando en la calle Ituzaingó al 2200 de la ciudad de Santa Fe. Como característica de todos aquellos negocios que duran años, se reinventó y ahora también es lavandería y sus dueños se dedican a la venta de jabón y suavizantes.
“Nadie recuerda la fecha exacta en la que comenzó a funcionar el negocio. Oficialmente figura en 1948, pero mis padres y mis abuelos siempre decían que en realidad empezó unos tres años antes, en el ‘45”, contó a Aire Digital, Cintia del Pino, actual dueña y trabajadora de El Indio Americano. Su abuelo Agustín había puesto una lavandería llamada la Norteamericana, que no funcionó. Es por eso que decidió crear otro local en calle Rivadavia al 2800. A los pocos años, el hombre falleció y la abuela de Cintia, Mercedes Borgeat de del Pino, se hizo cargo del local. “El alma siempre fue mi abuela Mechita”, aseguró. En honor a ella, Cintia decidió festejar los aniversarios de la lavandería, el mismo día en que cumpliría años la mujer que sacó adelante el negocio.
En la década del 70, el local con unos 25 empleados se mudó a su actual ubicación. Los espacios eran más pequeños, las pocas máquinas más grande y en el piso de arriba vivían sus dueños. Con el tiempo el local se fue agrandando y la casa de arriba ya no se utiliza. El por qué del nombre, hasta el día de hoy es un misterio. Cintia supone que tiene relación con el nombre del primer negocio de su abuelo y también porque Agustín del Pino era fanático de los Western. “Los indios le habrán impactado”, explicó sonriendo.
La segunda generación de los del Pino se hizo cargo del local oficialmente en 1968. “Mi papá, Omorfil del Pino, era previsor”, señaló Cintia. Cuando el hombre quedó a cargo del negocio, abrió el campo e incorporó el servicio de lavandería. “Yo soy igual y Santiago, mi hijo, lo heredó”, sostuvo. “Ahora incorporó la venta de nuestros productos: el jabón y suavizante que usamos para trabajar”, explicó.
Un negocio familiar y redituable
Todos los miembros de la familia del Pino pasaron por la lavandería e incorporaron algo nuevo e innovador. Esa, se podría decir, es la característica esencial de El Indio Americano y también lo que lo mantiene en pie. “Mi abuelo quería iniciar un negocio que fuera redituable en las buenas y en las malas, por eso eligió la tintorería”, afirmó Cintia, y luego se explicó: “la gente siempre necesita lavar los sacos, las camperas grandes o los acolchados. En las buenas, suelen mandar más cosas a la tintorería o lavandería, pero en las malas también porque hay prendas que es necesario cuidar”.
En sus primeros años El Indio Americano se posicionó fuertemente entre los santafesinos porque hacía “lutos en el día”, pero luego incorporó las grandes máquinas y hoy es uno de los únicos locales que se dedica a la limpieza de los acolchados de plumas King Size o los camperones de plumas.
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“Los procesos desde el inicio del local hasta ahora, son los mismos”, aclaró Cintia. “Lo que cambió es la maquinaria”, precisó. Antes, el lavado en seco se hacía con productos más lentos y varias prendas se lavaban a mano. “Hay una aclaración necesaria: lavado en seco no significa que la ropa no se moja, sino que entra y sale seca”, explicó la actual dueña del lugar.
Otro de los cambios importantes en el mundo, al que la tintorería se adaptó fue la moda. “Las telas cambian, por lo tanto las estructuras y las formas de tratarlas también”, indicó Cintia. Sin embargo, destacó que el negocio fue acompañando el proceso exitosamente.
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Actualmente, El Indio Americano trabaja con cuatro personas, seis lavarropas, las máquinas para secar y dos planchas que conserva desde la época en que Mechita estaba en el negocio. Antes la ropa se limpiaba, se planchaba y se entregaba envuelta en papel. Ahora, "el planchado es mucho más rápido y tenemos nuestra propia embolsadora", indicó Cintia. "Todo el proceso es más rápido porque los químicos, sobre todo, son más efectivos", destacó.
El secreto para lavar los acolchados de plumas gigantes
En el negocio de Del Pino conservan una secadora de grandes dimensiones y muchos años. Es ella la que le permite hacer la diferencia con los demás locales del mismo rubro. "Las personas no pueden y tampoco se animan a lavar los acolchados de plumas grandes en sus casas o los camperones. Y está bien porque si las plumas quedan pegadas y húmedas, después hacen olor y se arruinan", explicó la mujer.
El local encontró la manera de solucionar los problemas. Además de la máquina de unos dos metros de alto, Cintia y Santiago tienen un truco secreto. Para secar las prendas también utilizan un elemento que es usado para jugar al tenis. "Con unos ocho o diez elementos de esos, dentro de la secadora, el problema está solucionado", aseguró. "Esto permite que las plumas no se peguen y el acolchado salga tal cual entró", remarcó.
Un negocio "para siempre"
Cintia asegura que el local siempre funciona, también en las épocas en las que la gente tiene menos recursos para pagar los servicios. Como sus padres y ella, sostiene que Santiago, su hijo, lleva en la sangre la búsqueda de nuevos campos para continuar en pie. "Yo no me imagino una vida fuera de la tintorería", expresó. A pesar de que es docente de profesión, mientras ejerció nunca dejó de trabajar en la lavandería. "Cuando estaba en la secundaria venía a trabajar como castigo, después de más grande mientras trabajaba ayudaba los sábados", relató. "Yo era muy compinche con mi abuela y absorbí todo lo que acá se hacía", aseguró.
La actual dueña del local está segura de que el negocio va a perdurar por muchos años más. "Vamos día a día. Siempre se mantuvo gracias a todo lo que nos enseñó mi abuela", explicó. "Ella decía que si tenés respeto por los clientes, de los que no sos propietario, y si mantenés la calidad, ellos te van a elegir. Se van a ir, van a comparar y a pesar de los precios, van a elegir la calidad", narró. Para todos los del Pino, eso es lo importante, aquello que le enseñó Mechita y que se esfuerzan por mantener todos los días con el trabajo diario: la calidad de su servicio.
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