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Sociedad Historias de la vieja Santa Fe | Santa Fe |

La mujer detrás del billar, el café y los gatos que se niegan a ser olvidados en Santa Fe

El conocido Café Tokio Norte sigue en pie gracias al trabajo de la dueña, Amelia Higa. Ella prepara el café y sirve a los clientes siempre acompañada de sus gatos y custodiada por las antiguas mesas de billar.

En el medio del salón Amelia Higa parece diminuta. Tanto, que nadie podría creer que es solo ella la que mantiene al antiguo gigante en pie. Entre las mesas de billar, las sillas que conserva desde 1915, las fotos y el reflejo del espejo gigante que anuncia American Club, la mujer deambula por el Café Tokio Norte acompañada de su gato Neko.

Amelia heredó el negocio que su padre abrió en 1915 en calle San Martín. En la década del ‘30 Higa mudó el comercio a su actual ubicación, en calle Rivadavia 2973. Antes fue en busca de su prometida, la madre de Amelia. Ahora sólo quedan el edificio, los gatos y su hija menor, pero la pareja supo vivir y aprovechar la época de oro de su bar que estaba repleto de gente las 24 horas del día.

El billar, el café y los gatos se niegan a ser olvidados en Santa Fe

Con el pasar del tiempo, el lugar fue perdiendo el movimiento interno que despertaba el juego del billar. Sus clientes no lo abandonaron jamás, solo que varios de los más fieles asistentes ya no viven para contarlo.

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“El día que cierre mi negocio, me voy a sentir como el actor de Cinema Paradiso cuando le demuelen el cine”, expresó Amelia. Para la mujer, el bar no es parte de su vida, sino que es su vida. Es todo lo que tiene. “Yo creo que lo sigo manteniendo por cariño, con los años uno valora mucho más las cosas”, aseguró. No tiene hijos, ni herederos directos. Sólo dos sobrinas que “ya tienen sus trabajos”, indicó. Pero Amelia, no piensa en qué va a pasar cuando ella no esté, sino en que ahora el negocio debe continuar. “Si yo paso por este lugar y algún día lo veo cerrado, lloraría como una loca. Acá está mi juventud, mi infancia”, dijo.

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Las mesas de billar se conservan tapadas en el interior del bar Tokio, como esperando que alguien venga a jugar sobre ellas.

Las mesas de billar se conservan tapadas en el interior del bar Tokio, como esperando que alguien venga a jugar sobre ellas.

Todos los días la mujer se levanta y se dirige al local de los grandes ventanales y la imponente puerta de entrada con una cortina que indica el nombre del Café Tokio Norte. En el lugar la esperan los gatos, su compañía eterna mientras pasea con el televisor encendido “por costumbre, porque es triste mirar las noticias de hoy”. Ella atiende a los pocos clientes de siempre que todavía la visitan. De más está decir que los conoce a todos. Ella prepara las mesas, el café y limpia los restos. “Puedo hacerlo sola, estoy acostumbrada”, afirmó.

En cuanto al mantenimiento del edificio, que fue declarado Patrimonio Cultural de Santa Fe, asegura que si bien el inmueble es suyo y no debe pagar alquiler, es difícil porque tiene que saldar los impuestos de cada mes. “Tuvo que arreglar la parte de arriba, del techo, hace poco y me costó una fortuna”, aclaró, y añadió: “Me cuesta sostenerlo, pero los clientes ya lo aceptan como tal y trato de mantener el lugar como antes”.

Como antes

A pesar del paso de 105 años desde la instalación del primer café, Amelia lucha para que el lugar se mantenga intacto. Como si en el interior de las altas paredes del bar no pasaran los años, la mujer logró que su local se convierta en una verdadera máquina del tiempo en medio de la ciudad de Santa Fe.

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En la pared de al lado del mostrador se exhiben más de 30 cuadros con fotos, placas o cartas que le dejaron reconocidos escritores, profesores y políticos a Amelia. En una de las imágenes se aprecia al campeón de billar Ezequiel Navarra, que realizó una exhibición en el lugar en 1938. Como lo cuenta Amelia, en la foto se ve el local repleto de gente entusiasmada en una noche de billar.

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Amelia nació en 1939 ya

Amelia nació en 1939 ya "siendo dueña" del bar Tokio que heredó de sus padres.

Tal vez la imagen más importante para Amelia es la que le recuerda el origen del negocio. “Nunca me acuerdo con exactitud la fecha en la que mi padre cambió de lugar el negocio, pero por lo que indica ese cuadro tiene que ser en la década del 30”, explicó. En la foto, se ve el frente del bar, cuando todavía estaba en calle San Martín unos años antes de la llegada del comienzo de la década.

El gran espejo que resalta entre los cuadros determina que, a pesar de que el lugar se conserve intacto, el tiempo pasa. “American Club. Cigarettes 35 centavos”, indica la inscripción. “Imaginate la estabilidad económica del país de ese momento, que era posible colocar un precio en un espejo”, bromeó Amelia.

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El Café Tokio Norte conserva las mesas de billar, las sillas y los mismos gatos de toda la vida.

El Café Tokio Norte conserva las mesas de billar, las sillas y los mismos gatos de toda la vida.

Las mesas de billar

Al entrar al lugar, es posible sorprenderse por mucha cosas. Sin embargo, hay algo que no puede pasar desapercibido: las cinco mesas de billar que el bar Tokio todavía conserva de sus épocas doradas de juego. “El paño se gasta cuando se usa, pero ahora ya nadie sabe jugar”, precisó Amelia, que contó que las tiene tapadas para que no se arruinen. En el fondo del local está la más imponente de las mesas, que mide el doble que las demás.

Amelia recuerda que hasta el año pasado había personas que solían ir a jugar, pero ahora ya no. “Acá en las mejores épocas la gente venía a desayunar, después se iba a trabajar y luego volvía, se iba al baile y venía acá a terminar el día”, relató. “Con mis amigas hacíamos lo mismo, siempre que había que juntarse veníamos al bar porque tenemos un patio grande atrás”, narró.

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El Café Tokio Norte es como una máquina del tiempo en medio de la ciudad de Santa Fe.

El Café Tokio Norte es como una máquina del tiempo en medio de la ciudad de Santa Fe.

Con el paso del tiempo, los clientes de siempre dejaron de asistir. “La gente viene o deja de venir porque recuerda. Hay un grupo de amigos de los cuales unos pocos quedan vivos y no pueden venir al negocio porque les trae recuerdos de los que no están”, indicó Amelia mientras buscaba la foto de los muchachos posando al lado de la mesa de billar.

Los gatos

A lo largo de la barra en la que Amelia prepara el café se exhiben varias fotografías. Muchas de ellas conservan la imagen de los gatos, animales característicos del sitio. Amelia contó que no siempre estuvieron porque hubo una época en la que se lo prohibieron terminantemente. Sin embargo, los animalitos parecen adueñarse del lugar. “Si me preguntás si son los dueños del bar, yo creo que sí”, opinó Higa.

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El gato del bar Tokio, llamado Neko, como se dice gato en japonés.

El gato del bar Tokio, llamado Neko, como se dice gato en japonés.

La mujer contó que durante su vida tuvo al menos cinco,”pero duran mucho mis gatos”, aseguró. Indicó que el bar es su casa. “Ellos nacieron acá y se quedan, como todos los gatos que tienen su lugar propio”, aclaró.

La dueña sostiene que sus gatos nunca molestaron a la gente. Con los ojos iluminados y una pequeña sonrisa, Amelia recuerda que una vez una clienta se asustó porque los gatos le acercaron una rata de juguete que ella le había comprado para que jueguen. “Me acuerdo que me asusté por el grito que pegó la chica”, contó.

“Los gatos se suben a la falda de los clientes por dos motivos: porque te quieren, o porque no y saben que te pueden molestar”, indicó Amelia que, después de tantos años acompañada de los animalitos, se volvió una experta. “En la zona son importantes, es necesario tenerlos”, aclaró.

El lugar todavía es elegido

Entre las fotos de Amelia aparecen varias personas reconocidas como Beatríz Sarlo, Navarra el campeón de Billar, algunos chefs, artistas, escritores, actores y políticos santafesinos. Muchos de ellos decidieron utilizar el lugar para realizar eventos. “Vienen a pedírmelo y como no tengo muchos clientes, puedo dejárselos por unas horas”, contó Amelia.

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Amelia trabaja sola en el bar Tokio, pero no permite que ningún cliente tenga que esperar más de lo habitual.

Amelia trabaja sola en el bar Tokio, pero no permite que ningún cliente tenga que esperar más de lo habitual.

“Ahora trabajo poco, antes no se podía porque había gente todo el tiempo. Desde las 5 que venían los primeros a desayunar hasta la noche tarde”, relató la dueña del Tokio. Amelia sostiene que nació en el año 1939 “siendo dueña del negocio” y nunca estuvo entre sus planes abandonarlo. Pasan los años y ella sigue en el lugar acompañada de sus fieles gatos. Dice no estar segura de por qué la siguen eligiendo, pero de todas forma recibe a los clientes y su atención es única. “No sé por qué siguen viniendo, no es por los años, porque hay bares más antiguos”, indicó. “A lo mejor es porque es original, más del pueblo”, destacó.

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Los recuerdos de Amelia Higa están todos dentro de las paredes del Café Tokio Norte de Santa Fe.

Los recuerdos de Amelia Higa están todos dentro de las paredes del Café Tokio Norte de Santa Fe.

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