En la ciudad de Santa Fe, la histórica bajante en la cuenca del río Paraná achicó una alfombra en que la que los santafesinos esconden “mugre” desde hace siglos. En muchos tramos de la enorme costa que dejó el repliegue del río se amontonan escombros, viejos neumáticos, antiguas cañerías, lingas de acero y miles de botellas, por dar sólo algunos ejemplos.
Este lunes 20 de abril a las 00, el río tocó nivel más bajo en 49 años: 0,92 metros. Al mediodía -cuando Aire Digital recorrió la laguna Setúbal y el riacho Santa Fe- subió dos centímetros y midió 0,94 metros.
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La ancha costa al lado del Puente Colgante, es un punto ideal para observar lo sucio que está el lecho de la laguna. Es la playa de los escombros y los vidrios rotos. Entre las cascotes, piedras y botellas, están los restos de una vieja reposera de playa, quizás de la época en la que los santafesinos se metían al agua en este tramo.
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En este lugar, además, ahora hay una postal diferente. Con la bajante emergió una parte del lecho, muy cerca del Colgante. Parece “un islote”, que además confirma la advertencia que siempre hacen los guardavidas de la Costanera Este, cuando piden que nadie nade después de las boyas porque la laguna se hace muy profunda cerca de la costa.
En el camino hacia la zona de playa, que este último verano se utilizó sólo como balneario porque los análisis bacteriológicos determinaron que el agua no era apta para el uso recreativo, los escombros y la basura siguen, aunque no en la misma concentración que cerca del Puente Colgante.
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Cada vez que hay bajante, a algunos santafesinos se les suele ocurrir la misma idea: aprovechar la oportunidad para limpiar las costas. Ahora en cuarentena no se puede, pero en otras ocasiones vecinos y ambientalistas se han organizado para hacerlo los fines de semana. El Municipio debería hacerlo –también controlar y multar a los que ensucian la laguna–, pero es comprensible que en medio de la pandemia las prioridades sean otras.
Desde el Viaducto Oroño, también desde la explanada de la costanera que está al lado del Club Regatas, las imágenes del embarcadero del Yacht Club Santa Fe son impresionantes: el pontón blanco directamente está sobre el lecho de la laguna, lo mismo que muchas embarcaciones yendo hacia la Vuelta del Paraguayo, después de las ruinas del viejo “puente palito”.
La costa del Parque de la Constitución es otro lugar interesante para mirar en primer plano la cantidad de basura que se arroja al riacho: en diez metros hay tirados viejos caños de hormigón, de acero, los restos de un cama de madera para chicos, neumáticos de auto, de bici y hasta un antiguo rollo Agfa.
Hace quince días, Aire de Santa Fe contó que encontraron una vieja granada en la costa de Colastiné Sur, que hizo detonar la Brigada de Explosivos. Y en el lecho de la laguna que emergió frente al Parque Tecnológico también aparecieron dos anclas.
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La más probable es que las sorpresas sigan. El Instituto Nacional del Agua (IAN) proyecta que el río seguirá bajando en Santa Fe y medirá cerca de 0,86 metros el 1 de mayo.
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