sábado 11 de julio de 2020
Santa Fe | cuarentena | aislamiento | pandemia

Del café a la cerveza: crónica de una vuelta a medias

Los bares, restaurantes, cafeterías y cervecerías reabrieron sus puertas este lunes. Durante el día, los locales gastronómicos fueron escenario de un progresivo y lento paso a la "nueva normalidad".

Tímidos, cuidadosos, desconfiados como todo aquel al que se le abre una puerta después de meses sin poder salir. Al contrario de lo esperado, los santafesinos no se amontonaron en las puertas de los bares ni los dueños se apuraron a abrir. La noche del lunes pintaba como aquella en la que los farolitos de las veredas volverían a darle color y brillo a una de las calles principales de la noche santafesina. Sin embargo, unos pocos fueron los que se animaron a abrir sus puertas a pesar de la incertidumbre que provoca la pandemia y, otra vez, la falta de un protocolo sanitario claro, oficial y general. De unos 24 bares (nocturnos) ubicados a lo largo de 18 cuadras, sólo ocho abrieron durante la noche de la primera jornada de la "nueva normalidad".

Durante las primeras horas del día las cafeterías abrieron paso. Los protocolos de higiene, el uso del tapabocas, el distanciamiento y la capacidad máxima del 50% se respetaron a rajatabla. Si bien la mayoría respetó la regla de la reserva previa, se hizo difícil decirle que no a algún cliente que llegaba a la puerta mientras había mucho espacio disponible y ya habían pasado más de 80 días con facturación en 0. La misma secuencia se repitió en las pastelerías, bares y restaurantes a la tarde y la noche.

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Los bares de Santa Fe cerrados durante la cuarentena estricta.

Por la mañana los clientes "de siempre" ocuparon casi todas las sillas y mesas disponibles en las cafeterías y pastelerías. Aquellos que suelen desayunar mirando la calle o los que llevan adelante reuniones de trabajo estuvieron presentes. Desde su asiento, mirando al televisor que mostraba los números de la pandemia que lo mantuvo encerrado durante 80 días por ser población de riesgo, un señor de unos 80 años de saco azul marino, barbijo verde oscuro y pantalón de vestir gris presenció la charla que mantuvo Marta, una de las clientas de siempre, con los dueños de la cafetería a la que va cada mañana. "Viste que te dije que el lunes te ibas a poder volver a sentar en tu mesa", le dijo la propietaria del local de Bulevar y Güemes.

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Cerca de las 19, ese mismo cliente, el espectador de la anterior escena, apareció en el bar de la esquina de Bulevar y Mitre. El lugar suele ser el sitio perfecto para los clientes repetidos que esperan disfrutar de una cena tranquila. Sin embargo, desde ahora sus comidas deben empezar y terminar antes. Abril Foresto, empleada del bar, indicó a Aire Digital que el local abrió sus puertas minutos después de las 18 cuando terminaron de reorganizar las mesas y debe cerrar a las 23. "El cierre es una hora antes de lo habitual en los días de semana y dos o tres horas menos de trabajo durante los fines de semana", explicó. "Es difícil hacer que la gente grande entienda las nuevas medidas, por ejemplo, que tiene que entrar con el barbijo y sacárselo recién cuando se sienta en su mesa", expresó la joven. En el local trabajan con la misma cantidad de empleados de lunes a viernes pero los sábados y domingos van a ser menos ya que los demás trabajadores son de afuera de Santa Fe y no pueden viajar.

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Los bares reabrieron este lunes en Santa Fe tras más de 80 días sin funcionar.

Los bares reabrieron este lunes en Santa Fe tras más de 80 días sin funcionar.

Como el señor del saco que en este primer día de nueva normalidad ya pasó por, al menos, dos bares, muchos santafesinos volvieron a la rutina de pasear por los locales. Otros, en cambio, se vieron atraídos por las ganas de volver a tomar "la pinta" de las tardecitas. Sin embargo, sus opciones no fueron muchas porque sólo tres cervecerías del recorrido abrieron durante la noche.

De unos 24 bares (nocturnos) ubicados a lo largo de 18 cuadras, sólo ocho abrieron durante la noche de la primera jornada de la "nueva normalidad".

Entre las mesas del oscuro interior del bar ubicado en Bulevar entre Rivadavia y San Luis las mozas circulan con doble protección facial: el barbijo y la máscara. Sola, en el interior una señora sin compañía levanta la copa y bebe. Quién sabe cuánto tiempo habrá esperado volver al bar. El mecanismo para entrar se basa en pruebas que el consumidor va pasando hasta poder tomarse la añorada pinta. Mientras la música, el ansiado sonido de las risas de reuniones en las que circula la cerveza y el ruido de los cubiertos llaman a entrar, en la puerta de ingreso un hombre hace guardia con una botella de alcohol en gel en las manos. A cada cliente le hecha el líquido para higienizar. Una vez adentro sigue la prueba de las camareras, quienes preguntan por las reservas y de no tenerlas, invitan a esperar mientras toman los datos. Nadie puede pasar por el bar sin dejar su nombre, su DNI, su número de teléfono celular y su firma en la planilla. Después sigue la limpieza de la mesa y la carta, y recién ahí el pedido de la bebida y la comida.

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Los bares de Santa Fe, cerrados durante la cuarentena estricta.&nbsp;

Los bares de Santa Fe, cerrados durante la cuarentena estricta.

El mismo protocolo se repitió en todos los bares en los que abrieron, eso sí, con algunas variaciones mínimas. Hay algunas cuestiones que los dueños y empleados de los locales gastronómicos no tienen claras: ¿cuántas personas por mesa entran? ¿Se pueden festejar cumpleaños? ¿Hasta qué hora se pueden quedar los empleados limpiando el lugar? ¿Si hay espacios libres y los clientes piden entrar, se los deja pasar o se los envía a reservar? ¿Se los hace esperar? Como toda nueva etapa que se habilita, hay dudas. "Son grises", aseguró Mauro Cuetos, uno de los dueños del bar ubicado en Bulevar entre calles Alberdi y Mitre. "Esperemos que a lo largo de esta semana se aclaren", sostuvo. En su local hubo al menos tres reservas previas pero varios se sumaron con el pasar de las horas al ver que el lugar estaba abierto. "Cruzaron, vieron cómo era el protocolo, hicieron la reserva y volvieron", contó.

"Es difícil hacer que la gente grande entienda las nuevas medidas, por ejemplo, que tiene que entrar con el barbijo y sacárselo recién cuando se sienta en su mesa", expresó Abril Foresto, empleada del bar de Bulevar y Mitre.

A pesar de que durante estos tres meses el negocio logró seguir en actividad, aunque recaudando un poco menos del 10%, estaban ansiosos por abrir. "Son tres meses cerrados, hoy tenía que abrir porque no me podía quedar en casa", explicó Cuetos, quien contó que todos los empleados continúan trabajando aunque menos cantidad de horas. "Los chicos y los clientes entendieron que trabajamos así porque no tenemos otra opción", contó el dueño del bar. Destacó que de a poco se van adaptando a todas las medidas. "Tenemos las máscaras y los barbijos descartables que nos mandaron desde la Cámara gastronómica a todos los locales adheridos que nos ayudó mucho", remarcó.

Los miedos que impiden abrir

Los bares que abrieron por la tarde y noche no llegan a ser el 50% de los que existen en el centro de la ciudad. Los motivos son varios, pero muchos de ellos señalan las lagunas en los protocolos, la falta de previa preparación y el miedo a que un contagio vuelva el tiempo para atrás y deban aislar a todo el personal.

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"Nosotros decidimos esperar unos diez días más para ver cómo evoluciona la cosa", contó a Aire Digital, Guillermo Montiel, dueño de una pastelería por calle San Martín entre Obispo Gelabert y Santiago del Estero . Para el joven es mejor seguir trabajando con delivery porque "nos va bien" y esperar para abrir cuando no haya ningún riesgo. "Se que varios están haciendo lo mismo", aseguró en referencia a sus compañeros. Montiel teme que algún contagio provoque que las diez personas que trabajan con él deban ser aisladas y de la misma forma sus familias. "Serían como 70 personas encerradas", remarcó.

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La espera del dueño de la pastelería también se debe a las dudas con el protocolo de higiene. Lo mismo le sucedió a los encargados y empleados de la cafetería de esa misma esquina. "Está todo en el aire, por eso nosotros hoy no abrimos y empezamos mañana con las cosas más claras", contó la empleada Alejandra Benavidez en diálogo con Aire Digital. La joven aclaró que durante el día mucha gente les preguntó si atendían en el lugar, pero ellos dispusieron que las mesas todavía no se utilizaran y continuaron atendiendo con la modalidad "take away". Para la chica muchos de los bares abrieron "por la necesidad pero no porque haya un protocolo claro", sino que existe una mezcla entre el dispuesto por provincia y el municipal a lo que se le suman las recomendaciones del "boca a boca". El martes esperar comenzar a atender a sus clientes en el local con sólo siete mesas adentro y algunas afuera.

Los bares que abrieron por la tarde y noche no llegan a ser el 50% de los que existen en el centro de la ciudad. Los motivos son varios, pero muchos de ellos señalan las lagunas en los protocolos, la falta de previa preparación y el miedo a que un contagio vuelva el tiempo para atrás y deban aislar a todo el personal.

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Como los trabajadores de la pastelería y la cafetería, muchos otros empleados, encargados y dueños decidieron esperar y se ausentaron en el debut de este lunes. La gran apertura se espera para los próximos días, incluso para el próximo fin de semana. Es que el frío, la incertidumbre, el miedo y el vértigo que provoca la repentina libertad demora la vuelta.

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