Mucho alcohol en gel, lavandina y reiteradas pasadas de limpieza extrema, esos elementos están presentes en todos los locales. Lo importante es abrir el mayor tiempo posible mientras se lo permitan. Este lunes los comerciantes santafesinos volvieron a abrir sus puertas, pero en el mientras tanto quedaron varias cuestiones olvidadas. ¿Cómo limpiar? ¿Cuántas pasadas realizar? ¿Cómo recibir a la gente? Son algunas de las preguntas que hasta ahora no tuvieron una respuesta oficial y unificada. La falta de protocolo de higiene y sanidad provocó que por cada local los comerciantes tomen medidas particulares para proteger a empleados y clientes.
"Vamos a dejarle las cajas con los zapatos al lado para que las personas decidan si se los miden o no", contó Alejandra Guibaudo, encargada de una zapatería ubicada en la peatonal, en diálogo con Aire Digital. Como no tienen un protocolo que indique cómo deben medirse las prendas los clientes, decidieron dejar que cada uno elija qué hacer. "Acá no pasó como en Mar del Plata que establecieron reglas para cada local y decidieron que nadie puede medirse", aclaró mientras supervisaba la reorganización del local para reabrir las puertas luego de dos meses.
En el local comenzaron con la limpieza y el equipamiento el lunes temprano. Las cajas de zapatos invaden el depósito al que de a poco van desocupando. "Todo esto es nuevo", destacó la vendedora mientras señalaba las más de 300 cajas de zapatos con cada pieza en su parte superior. A los pedidos de la temporada de invierno lograron hacerlos antes de que comience la pandemia, sin embargo nunca lograron venderlos. "Tuvimos que devolver varios pedidos porque había muchas cosas que nos sobraban y que no sabíamos dónde poner, y no íbamos a poder vender todo tampoco", explicó Guibaudo. Durante la cuarentena total realizaron ventas online pero "no se vendió casi nada", lamentó la mujer, con una mirada de desilusión.
"Se dice esto, se dice lo otro, pero todavía no nos bajaron un protocolo estricto para cumplir", remarcó Laura Rebechi, trabajadora de un local de venta de ropa de niños.
Las empleadas de un local de venta de ropa de niños tampoco saben cómo hacer que sus clientes se midan la ropa manteniendo las prevenciones para no contagiarse del virus. "Se dice esto, se dice lo otro, pero todavía no nos bajaron un protocolo estricto para cumplir", remarcó Laura Rebechi, trabajadora del lugar. De la misma forma que la empleada de la zapatería, señaló que no tuvieron ningún conocimiento de protocolos a seguir como sí lo hicieron en Mar del Plata, por ejemplo. En su caso, el riesgo de contagio de coronavirus es doble porque al lugar asisten niños. "Con los nenes es más complicado por si se tienen que medir", aseguró y agregó que "por ahora pensamos dejarlos que se midan y luego dejar la prenda en una percha ventilándose por 48 horas en el patio".
De 13 a 18 mientras el local esté abierto van a trabajar tres empleadas: dos atenderán clientes y otra controlará el ingreso de cada cliente. "Pueden pasar de a dos y se tienen que limpiar el calzado con el trapo con lavandina y le ponemos alcohol en las manos", indicó Rebechi. Las vendedoras del lugar estiman que el mayor problema va a ser lograr que ingresen sólo dos personas porque como es un local para chicos suelen estar acompañados con sus madres. "Vamos a tener que atender de a un cliente, pero si una persona viene con dos menores no podemos decirle que se quede sólo afuera", detalló.
"Con los nenes es más complicado por si se tienen que medir", aseguró y agregó que "por ahora pensamos dejarlos que se midan y luego dejar la prenda en una percha ventilándose por 48 horas en el patio".
Además de dudas sobre cómo proceder, los trabajadores también manifestaron preocupaciones. "Tenemos miedo, pero vamos a trabajar la mayor cantidad de tiempo y días posibles mientras nos lo permitan", expresó la empleada de la tienda de ropa de niños. "También tenemos ansiedad porque queremos vender", dio Rebechi y explicó que durante los dos meses anteriores vendieron menos del 10% que en los días normales. A esta complicación se le suma el aumento en los precios. Por eso, para los comerciantes esta reapertura es como una nueva inauguración. "Hoy reinauguramos", aseguró sonriente.
La mezcla de la felicidad por abrir y el miedo a contagiarse está presente en varios de los comerciantes santafesinos. La ilusión por ver a los clientes pasando la puerta de su cotillón se nota en los ojos de María Cortopassi, que hace un mes se la pasa sacando fotos y filmando sus productos para enviar a los clientes por WhatsApp. "De 47 fotos de productos diferentes que mandaba, me compraban 20", contó decepcionada, y aseguró que de $2.000 que vende normalmente por persona, durante la cuarentena y con la venta online el número bajó a $500.
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"Ya lloré, me lamenté y ahora acepté la situación", contó la dueña de ese local y las otra tres sucursales del negocio familiar. "Ahora queremos abrir pero cuidándonos", dijo Cortopassi mientras mostraba el trapo con lavandina y las botellas cargadas de alcohol para rociar a los clientes que ingresen. Como todos, también tienen miedo. "La gente sale del cajero o del banco de acá enfrente y suele cruzarse de a montones", aclaró con temor al contagio. "Vamos a seguir con las ventas online para incentivar a la gente para que se quede en casa", explicó.
"Ya lloré, me lamenté y ahora acepté la situación", contó la dueña de ese local y las otra tres sucursales del negocio familiar.
Las ventas disminuyeron en el cotillón y sus dueños esperan que la situación siga de esa manera durante mucho tiempo debido al impedimento de realizar eventos masivos. Además del mínimo requerimiento de ese tipo de productos, la vendedora señaló que "la gente tiene poca plata, no puede salir a comprar así como si nada". Ante la escasez de compras, algunos locales comerciales decidieron tomar medidas para incentivar a los clientes. Los dueños de una histórica relojería propusieron planes y promociones. "Extendimos de 30 días a 60 la posibilidad de cambio", explicó Patricia Cattaneo, dueña del local. También contó que tuvieron complicaciones para conseguir los productos necesarios, aunque la venta online no tuvo el mismo éxito que la presencial.
Es claro que las mayores preocupaciones de los comerciantes tienen que ver con el contagio y las pocas ventas. "Da miedo, pero es necesario", contó Génesis Jurillo, una trabajadora de un reconocido local de ventas de accesorios. "Tomamos todas las medidas y realizamos tres limpiezas generales entre las 13 a las 18", agregó.
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Cuando le dieron la posibilidad de abrir sus locales, los comerciantes no dudaron en reacondicionar los espacios y adaptarse a protocolos propios. Sin embargo, algunos de ellos sostienen que es temprana la medida de la reapertura. Es el caso de una librería que tiene más de cuatro locales pero sólo trabaja en uno. Sin embargo, atiende a los clientes desde la puerta y nos lo deja ingresar a las instalaciones. "A pesar de que estamos habilitados para dejar pasar a los clientes, decidimos no hacerlo para cuidar a los empleados", explicó Sandra Pamater. Durante los últimos dos meses realizaron encargues online y las gente los retiraba por la ventana, pero nunca los dejaron entrar al local. "La gente casi siempre viene con libros o autores elegidos, por eso el contacto es sólo para entregarle los libros y recibir la plata", aclaró Pamater. "Tampoco dejábamos que toquen los libros para mirarlos, se los mostramos nosotros y ellos miran", precisó.
Hace 25 años que la librería trabaja en el mismo lugar. "Nunca vivimos algo así con la imposibilidad de trabajar normalmente", contó la dueña. "Pasamos inundación y gripe A, pero seguimos abriendo", aseguró. Sin embargo, con la pandemia del coronavirus ni pudieron. Debieron cerrar las puertas completamente por dos semanas y luego atender de manera online. Ahora, desean esperar unos días más para que sea seguro volver a trabajar.
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