Menores que delinquen: "Bajar la edad de imputabilidad es construir la casa desde el techo", advirtió un psiquiatra infantil
En Ahora Vengo, el psiquiatra infantojuvenil Andrés Luccisano analizó la violencia adolescente y alertó que bajar la imputabilidad no resuelve el problema de fondo.
El especialista advirtió que para frenar la violencia adolescente, dijo, hace falta un compromiso integral de familias, escuela, comunidad y Estado.
“Bajar la imputabilidad es construir la casa desde el techo”, sintetizó el psiquiatra infantojuvenil Andrés Luccisano en Ahora Vengo, al analizar la seguidilla de hechos de violencia extrema protagonizados por adolescentes enSanta Fe y la región. Para el especialista, el debate no puede agotarse en lo legal: el núcleo está en la crianza, los límites y una “anestesia social” que borra la noción de consecuencias.
Luccisano advirtió que no se trata de episodios aislados ni exclusivos de grandes ciudades. “Son adolescentes que actúan en grupo, con una violencia desmedida y con la impresión de que son actos que no van a tener consecuencias”, afirmó.
“Bajar la imputabilidad es construir la casa desde el techo”, según Andrés Luccisano
Embed
El psiquiatra fue directo en torno a la edad de punibilidad. Reconoció que a los 14 años existe conciencia del acto, pero marcó una diferencia clave: “No es que no tengan conciencia de lo que está pasando, sino que no hay una concepción de las consecuencias”.
Y allí ubicó su idea central: para Luccisano, bajar la imputabilidad sin abordar lo previo es una respuesta incompleta. “Es muchísimo más profundo. Plantear directamente bajar la edad de imputabilidad es empezar a construir una casa desde el techo”, sostuvo.
De todos modos, aclaró que, si luego de trabajar lo indispensable no se llega a una resolución, habrá que discutir qué consecuencias debe asumir un adolescente que comete un crimen.
Violencia adolescente y “anestesia social”: qué ve el especialista
Luccisano describió una escena que excede a los jóvenes y apunta a los adultos. Habló de “ausencia de ley” y de una anestesia que atraviesa distintos ámbitos: “Hay una anestesia social, una anestesia escolar, una anestesia familiar y también una anestesia legal”.
En su lectura, esta falta de marco se expresa en hechos donde aparecen la premeditación y la desproporción. “En el caso de Jeremías Monzón hay una premeditación muy marcada”, señaló, y lo vinculó con conflictos que, aunque cotidianos, para un adolescente pueden volverse enormes: relaciones, bullying y hostigamientos.
baja edad imputabilidad.png
“Bajar la imputabilidad es construir la casa desde el techo”, sintetizó el psiquiatra infantojuvenil Andrés Luccisano en Ahora Vengo.
También apuntó a una responsabilidad colectiva: “Se necesita un pueblo entero para criar a un niño. Si no hay familia, escuela y sociedad acompañando, esto nos involucra a todos”.
Redes, videojuegos y bullying: los factores que se potencian
Luccisano sumó un componente que, dijo, muchos adultos subestiman: la exposición constante a la violencia en entornos digitales. “Esta altísima exposición suele desensibilizar”, planteó.
En esa línea, aportó datos sobre consumos culturales: indicó que el 85% de los adolescentes juega videojuegos y que, de ese grupo, el 35% usa juegos “shooters”, asociados a escenas de violencia. Según explicó, eso puede instalar la idea de que “no pasa nada” si se golpea, roba o mata.
También definió al bullying como un “germen” que puede derivar en violencia. Citó cifras que mencionó la OMS: “El 50% de los adolescentes en algún momento han sufrido bullying”. En Buenos Aires, dijo, el 66% aparece marcado como víctima; el 70% lo recibe en la escuela y el 30% en redes. Y advirtió un dato sensible: entre el 25% y el 30% de quienes lo padecen no lo hablan, lo que puede despertar sentimientos de venganza e ira.
El grupo, los impulsos y el rol de los adultos
El psiquiatra explicó que en la adolescencia todavía no están plenamente desarrollados los recursos de inhibición de la conducta, lo que facilita actos impulsivos. A la vez, ubicó el peso del “grupo” y del sentido de pertenencia, donde se juega la identidad, el poder y la mirada del otro.
Pero volvió a insistir en el mismo punto: sin adultos que ordenen y marquen límites, el problema se agrava. “Pasamos de querer una crianza amorosa a terminar haciendo una crianza temerosa”, sostuvo. Y remató: “Los adultos nos ubicamos en un lugar de miedo a imponer reglas”.
Luccisano cerró su diagnóstico con un llamado a reponer autoridad y empatía: para frenar la violencia adolescente, dijo, hace falta un compromiso integral de familias, escuela, comunidad y Estado, mucho antes de discutir solo la imputabilidad.