miércoles 23 de septiembre de 2020
Política | Reconquista | Avellaneda | Vicentin

Una grieta política que partió a dos ciudades del norte santafesino

A favor y en contra de la estatización de Vicentin. A favor y en contra del gobierno nacional. La ruptura política quedó de manifiesta con fuerza en el Día de la Independencia.

El arroyo del Rey es el límite geográfico que separa Reconquista y Avellaneda pero ahora surgió una nueva frontera política que divide las dos ciudades, como es la crisis de Vicentin. La grieta partió y agitó a nivel social esta zona del norte de Santa Fe, como nunca antes había ocurrido en su historia.

En este 9 de julio quedó expuesta esta nueva escenografía política, con dos manifestaciones multitudinarias, una en Reconquista, a favor del gobierno, y otra en Avellaneda, en respaldo a la agroexportadora, dos expresiones que rebasaron las consignas originarias que las convocaron y tensaron la cuerda en el norte provincial, en un feriado en el que el distanciamiento obligatorio, para prevenir el contagio del coronavirus, se rompió en mil pedazos en las calles de ambas ciudades.

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En Avellaneda la manifestación fue multitudinaria.

En Avellaneda la manifestación fue multitudinaria.

Nadie imaginó alguna vez que en la esquina de la calle 14 en Avellaneda, donde hace más de 90 años nació Vicentin como un almacén de ramos generales, se iba a transformar en el germen de una protesta nacional, en el que este conflicto sólo aportó apenas un grano de arena a una realidad compleja cruzada por la pandemia y una crisis económica que aún no tiene límites de caída.

El primer antecedente del malestar profundo

El 10 de junio pasado los empleados de la agroexportadora en concurso de acreedores, con una deuda de 99.000 millones, bloquearon la salida del hotel Reconquista para evitar que el subinterventor designado por el presidente Alberto Fernández fuera a tomar el control de la administración de Vicentin.

Dos días antes el presidente había anunciado que se iba a intervenir la compañía y que iba a enviar al congreso una ley para expropiar la empresa, que cayó en cesación de pagos el 4 de diciembre pasado con el argumento de atravesar una situación de “estrés financiero” que dejó sin poder cobrar a 2.600 acreedores.

A partir de ese momento, todos los días en Avellaneda la gente salió a cacerolear y unos días después ese ruido comenzó a amplificarse en otras ciudades del interior e incluso Buenos Aires. El gobierno nacional no había medido lo que podría provocar el anuncio del decreto 522/20.

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Luego, empezó a tomar protagonismo el juez Civil y Comercial de Reconquista, Fabián Lorenzini, que está al frente de la convocatoria de acreedores más importante de la historia de Santa Fe. El magistrado, oriundo del paraje Los Laureles, volteó la intervención el 19 de junio pasado y restituyó a los directivos de Vicentin en sus puestos al mando de una empresa casi en quiebra, que tiene un plantel de 1200 trabajadores. Ese mismo día el gobierno de Omar Perotti presentó al mediodía un plan de intervención que excluía la expropiación de la compañía, pero esa herramienta parecía haber llegado tarde en medio de un clima social que no quería absorber los bemoles de un problema complejo.

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Avellaneda y Reconquista se manifiestan en contra de la intervención de Vicentin.

Avellaneda y Reconquista se manifiestan en contra de la intervención de Vicentin.

El 21 de junio pasado, el banderazo que se hizo en Avellaneda endulzó la mirada de los dirigentes de la oposición que nunca habían visto en el norte de Santa Fe casi 10.000 personas que habían roto la cuarentena para pedir por “el respeto a la propiedad privada”, uno de los lemas que afloró en la crisis de Vicentin.

“Acá la gente no salió a festejar ni siquiera cuando Argentina salió campeón del mundo”, admitió ese momento el intendente de Avellaneda Dionisio Scarpin, imbuido en vocero de la empresa en la escena mediática.

Una nueva convocatoria

Para el 9 de julio se repitió la convocatoria en Avellaneda y del otro lado, en Reconquista, donde una multisectorial de gremios, en su mayoría estatales, convocaron a una caravana a favor del gobierno nacional.

El martes pasado se reunieron los intendentes de Reconquista, Amadeo Vallejos (PJ), y de Avellaneda, Dionisio Scarpín (Juntos por el Cambio), para mostrar cierta armonía política en momentos de extrema tensión en esa zona, luego del estallido de la crisis de Vicentin.

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Las caravanas se extendieron a lo largo de kilómetros.

Las caravanas se extendieron a lo largo de kilómetros.

Junto a un avión Pucará que sirve de homenaje a los caídos en Malvinas, en el Parque Sur, de Reconquista, unos 2.000 manifestantes enrolados en la “multisectorial por la soberanía nacional y el trabajo regional” realizaron una caravana hasta la sede del Banco Nación, una entidad que tiene una acreencia en la convocatoria de acreedores de Vicentin de 18.000 millones.

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La multisectorial que convocó a la marcha se nutrió de gremios y agrupaciones políticas afines al kirchnerismo, como el sindicato de Aceiteros, ATE, y el Movimiento Evita. Aldo Sotelo, secretario general del Sindicato de Trabajadores Municipales de Reconquista, afirmó que la convocatoria “se realizó para expresar un respaldo al gobierno nacional y mostrar el apoyo a la intervención de Vicentin”. Por unos parlantes montados en una camioneta la voz de un dirigente planteaba la grieta que comenzaba a mellar la tarde: “Aquella es la marcha de los poderosos; esta es de aquellos que queremos soberanía”.

Arriba de su auto VW Gol, Daniel Oschen, un empleado de comercio de Reconquista, graficó la situación con bronca: “Yo no reniego de los que están del otro lado del puente (que separa las dos ciudades), porque allí hay familiares míos, pero quiero estar de este lado para que salgan a la luz los negociados de esta empresa”.

“No queremos ser más estafados en la Argentina”, planteó Sotelo, que admitió que costó juntar “compañeros” que marchen en Reconquista, una ciudad donde no existe la costumbre de manifestarse en las calles.

20 cuadras de embotellamiento

Cerca de las 16, la concentración en Avellaneda, del otro lado del puente, era multitudinaria. Y los pobladores que querían llegar desde Reconquista enfrentaron un embotellamiento de más de 20 cuadras. Como la gente no podía llegar a Avellaneda, los manifestantes que estaban en esa localidad decidieron marchar hacia Reconquista. En el puente que separa las dos ciudades se montó una fuerte custodia policial para controlar que las dos marchas no chocaran.

“Esto es inédito. Nunca se dio en la historia de Avellaneda y Reconquista una manifestación tan multitudinaria. Esto va a mostrar al gobierno que no pueden ir por todo”, planteó eufórico José Osvaldo Nadali, quien trataba de ordenar a la gran masa de gente que se dirigía a Reconquista, algo que no estaba en los planes.

Nadali coincidió con Daniel Oschen, quien se manifestaba a favor del gobierno, en un punto: “Esto es lo mismo que en 2008, cuando estalló el llamado conflicto con el campo”.

Como ocurrió el 21 de junio pasado, en el primer banderazo que se hizo en Avellaneda, los manifestantes portaban carteles con el lema que también los nucleó más allá de la crisis de Vicentin, como es la “defensa de la propiedad privada”. “Libertad”, era el otro grito que nucleó la consigna de la protesta. En el recorrido al centro de Reconquista un cronista de C5N fue agredido.

En medio de esa tensión que reina en las dos ciudades del norte de Santa Fe, el juez civil y comercial de Reconquista Fabián Lorenzini convocó para el miércoles próximo a los directivos de Vicentin y a los representantes del gobierno de Santa Fe a una audiencia "en busca de una posible solución restaurativa al conflicto". Aunque no hay demasiadas expectativas en ese encuentro es una puerta que el magistrado abre para reducir el nivel de conflicto.

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