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Política Alberto Fernández | Agustín Rossi | Omar Perotti

Si no cambia Alberto Fernández no cambia nada, más allá de la reorganización del gabinete nacional

El presidente Alberto Fernández no encuentra el modo de remozar el gabinete sin lastimar sus vínculos con Cristina Fernández y Omar Perotti. Por qué suena el nombre de Agustín Rossi y qué puede cambiar después de Semana Santa.

Antes del inicio de la semana en que –para la narrativa épica judeocristiana el mesías es crucificado y resucita convirtiendo en victoria eterna y ejemplificadora lo que parecía una derrota de la divinidad a manos de un puñado de profanos- se escucharon toda clase de premoniciones acerca de la reconfiguración de un gabinete que ya había sido retocado hace cuatro meses, en busca de un síntesis ideológica y pragmática que aún no tiene y una dinámica ejecutiva que recuperase el centro de la escena política y –sin un dispositivo de difusión coordinado ni potente- disputase la composición de la agenda temática que “les importa a les argentines”.

Algunas frases en orden más o menos cronológico: “Vamos a gobernar con los que estén alineados al modelo económico” (Martín Guzmán); “El que no esté de acuerdo con nuestra política económica, no debería estorbar” (Aníbal Fernández); “El presidente es el imprescindible en ésta alianza de gobierno” (Santiago Cafiero); “Si Alberto sigue así, cerramos con Máximo y listo” (Fernando Chino Navarro); “El presidente ya ha tomado una decisión” (Alejandro Grimson); “Que te pongan una banda y te den el bastón un poquito es pero no todo el poder, créanme, ni te cuento si además no se hacen las cosas que hay que hacer” (Cristina Fernández).

Todas frases resonantes y puestas en boca de funcionarios de primera línea y que –salvo la de Cristina, que fuese convenientemente explicada al presidente por ella misma y a los lectores de AIRE por Ezequiel Nieva- parecen vaticinar una depuración entre leales (o lo que Aníbal Fernández entiende por lealtad) e infieles, entre retardatarios y revolucionarios, entre albertistas y kirchneristas. Todes peronistas.

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El nombre de Agustín Rossi sonó para liderar el Ministerio del Interior o la Jefatura de Gabinete, pero no hay nada confirmado.

El nombre de Agustín Rossi sonó para liderar el Ministerio del Interior o la Jefatura de Gabinete, pero no hay nada confirmado.

Pero entes de analizar los nombres en danza, las dificultades para imponerlos, los tiempos de esa “reconfiguración” y la eficacia concreta de semejante ingeniería, el vaticinio propio y sujeto a información relevada hasta el cierre de ésta nota: lo del rayo albertizador after pascuas no tiene chances, ni siquiera el relevo más cantado –que es Agustín Rossi- tiene fecha de anuncio, el presidente va a intentar sostener hasta el final de su mandato a los tres pilares que sostienen su modelo de gestión (por lo que ni Economía, ni Desarrollo Productivo, ni Trabajo serán tocados), si se producen cambios donde realmente hay molestias contra funcionarios afines al modelo de gestión de la vicepresidenta, no alcanzarán a los funcionarios apuntados por las operaciones de prensa. No hay margen, ni rencores ni razones para desplazar a Wado de Pedro, tampoco a Roberto Feletti.

Párrafo aparte para el Secretario de Comercio Interior con más alto perfil desde Guillermo Moreno: hace varias semanas que no dialoga con Cristina pero no es un dato relevante, porque tiene sus propias convicciones y no asumió el cargo para alegar impotencia. Y después del reportaje amañado entre el Gato Sylvestre y el Ministro de Economía, se comunicó telefónicamente con quien hizo dos cosas que no fueron analizadas en conjunto: le dio la razón sobre la responsabilidad de la macroeconomía en la lucha contra la inflación y expresó la no noticia que indignó a todes: declaró que el gobierno va a gestionar con los que estén alineados, exactamente lo mismo que viene haciendo desde julio 2020 (fecha en que se resolvió abortar la expropiación de Vicentín), desde la derrota en las Paso o desde siempre si nos atenemos al quinto párrafo de la carta renuncia de Máximo a la presidencia del Bloque de Diputados del FDT o las menciones a las dos docenas de reuniones infructuosas entre el presidente y su vice, que la misma Cristina revela en su carta de setiembre de 2021.

Los que realmente dificultan la gestión del Ministro de Economía, del enlace con el FMI Sergio Chodos y a Pablo Salinas, que es la mano derecha del ministro, son funcionarios de segundas y terceras líneas. Concretamente el secretario de Energía Darío Martínez (que necesita de la unidad del FDT para ser gobernador de Neuquén), los dos Federicos: Basualdo al frente de la Subsecretaría de Energía Eléctrica y Bernal, que conduce el Enargas y la interventora del Enre María Soledad Manin.

Para ponerlo en términos reales y más allá de los trascendidos, de las chicanas textuales que se filtran a la prensa y no aportan absolutamente nada, lo que hay es una molestia profunda, un desencuentro ideológico entre dos modelos y dos modalidades de asumir el compromiso electoral del FDT de “que los costos de la crisis y la deuda heredada no lo paguen los que menos tienen”, que son los que más los votan. Pero ninguno de los tres tiene pensado renunciar y hasta el momento, ninguno de los portales de servicios que suelen utilizar Biondi y Olmos para asediar a Cristina, La Cámpora o algunos de sus funcionarios ha publicado nada al respecto.

Dame otros ministros y te daré otra foto, nunca otro país

Los errores y resultados negativos del diseño de las listas de unidad y de las internas de 2021, condicionan hasta hoy mismo la marcha del gobierno y los nombres propuestos para remozar el gabinete. Pero más allá de Argüello y su mentado desembarco en el Ministerio de Relaciones Exteriores (y Cafiero embajador?), de la inverosímil propuesta de Augusto Costa por Martín Guzmán o la vuelta del desgastado –en tiempo récord- Juanchi Zabaleta a Hurlingham, lo más significativo para los santafesinos y acaso para todes, es el presente y futuro de Agustín Rossi, el cuadro político kirchnerista más relevante y consistente de la pampa húmeda, donde campea el peronismo “de derecha o de centro”, amigable con los poderes económicos a los que el kirchnerismo tradicionalmente ha enfrentado, imponiéndoles la condiciones de un nuevo esquema de reparto que jamás les impidió hacer buenos negocios.

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Un eventual nombramiento de Agustín Rossi en el gabinete nacional podría tensar la relación del presidente con el gobernador Omar Perotti.

Un eventual nombramiento de Agustín Rossi en el gabinete nacional podría tensar la relación del presidente con el gobernador Omar Perotti.

De todos los que han sido ministros de Néstor y Cristina y que hoy en enrolan en la idea de que la unidad es bajo la conducción indiscutible de Alberto, el Chivo es el más constructivo y racional declarante. Expresa una posición que pretende sintetizar o volver a sumar lo que nunca coaguló en la gestión de gobierno, algo que está más allá de su voluntad encomiable. Es una de las opiniones más escuchadas por Alberto a la hora de analizar –no situaciones puntuales- sino la estrategia política general para lo que resta de mandato y bien podría ocupar tres lugares más o menos convenientes (para Alberto y para el Chivo): el Ministerio del Interior, la Jefatura de Gabinete o la Agencia Federal de Inteligencia, que bien podría considerarse un cargo menor para quien ya ha sido ministro de Cristina y Alberto.

Quien suscribe va a reiterar una opinión que expresara en diciembre de 2011, cuando el cargo le fuese concedido a Juan Manuel Abal Medina. Agustín Rossi es el cuadro ideal para ocupar la Jefatura de Gabinete de Ministros, en cualquier otro lugar daría la talla pero por sus dotes de articulador eficaz y compromiso demostrable con el proyecto político que le dio cargos e identidad, es la persona indicada para intentar conjurar la crisis de conducción del FDT, ampliar su base de sustentación y establecer un vínculo posible con un sector de la oposición.

Éste gobierno tuvo y tiene un puñado de ministros que bien podrían haber sido funcionarios de Macri o no desentonarían demasiado en un gabinete de Larreta (ustedes postulen), pero si hay uno realmente expresa algo claro y distinto al proyecto neoliberal que hoy suma a la ultraderecha y que el FDT deberá enfrentar en 2023, es Agustín Rossi.

Pero hay varios problemas. Su acceso al Ministerio del Interior supone el desplazamiento de Wado de Pedro, lo que implicaría una pérdida injustificable, por el perfil conciliador y constructivo del mercedino y el desafío que supondría hacia Cristina. Juan Manzur ya le comunicó al presidente su inconformidad sobre el modo en que se rosquea, decide y comunica sin su participación. Si el nombramiento de Cerruti busca compensar sus módicas dotes como orador y comunicador permanente, la costumbre de participarlo cuando las cosas ya están resueltas lo deja en un lugar secundario e irrelevante. Pero no piensa en renunciar ni tiene resuelta su vuelta a Tucumán, donde Jaldo –que no es Cámpora ni le reconoce a Manzur la estatura de un Perón- le propone un lugar honorífico más que ejecutivo.

Rossi en el Ministerio del Interior o la Jefatura de Gabinete, recuperando una ascendencia política y una centralidad que había perdido hace apenas cuatro meses, implicaría una segunda derrota para el perottismo.

Y por último un tema que les porteñes soslayan. El daño que las genialidades pergreñadas por los equipos de campaña de Alberto y Cristina (sumados a algunos errores locales), le han causado al FDT en Santa Fe. Dejaron al peronismo sin candidatos capaces de expresar una unidad insuficiente pero indispensable, ni realmente competitivos para 2023. Omar Perotti batió categóricamente a Rossi en la interna, pero perdió la general de tal modo que no tiene chances parlamentarias de habilitar su reelección; Marcelo Lewandoski no crece como figura política expectable y bajó el rendimiento electoral de la lista de senadores del FDT arrastrando y dejando sin banca ni visibilidad nacional a la candidata de Cristina, Marilin Sacnun.

Cuatro candidatos menos de un urnazo y un resabio amargo por los destratos y la falta de sintonía que el mismo Omar Perotti le reprocha al presidente y algunos ministros nacionales. Rossi en el Ministerio del Interior o la Jefatura de Gabinete, recuperando una ascendencia política y una centralidad que había perdido hace apenas cuatro meses y en una campaña desgastante, implicaría una segunda derrota para el perottismo.

Rossi no necesita un cargo formal para recomponer su influencia política, le molestan las preguntas de la prensa sobre su futuro y es perfectamente consciente que sin unidad política, la disputa por un ministerio o cargos en lugares claves del gobierno, se parece peligrosamente a disputar asientos y camarotes de primera en el Titanic.

En síntesis y para bajarle el precio –modestamente- a las predicciones astrológicas sobre ministros probables, el presidente puede ocuparse de cambiar pañales y asistir a Fabiola atendiendo a sus ministros con manos libres, porque tiene un proyecto político cifrado en un modelo económico y de desarrollo productivo que puede no gustarle al sector que puso millones de votos con otras expectativas, pero existe. Y ése es el asunto y el fin de los ratoneos de la teoría del cerco: incluso con un gabinete 100% albertista o 50% kirchnerista, el que conduce es el presidente y a él está atada la suerte definitiva del FDT de cara al futuro.