Reforma laboral: más horas de trabajo, menos tiempo para cuidar
Especialistas advierten que la reforma laboral ignora el tiempo de cuidados, flexibiliza las jornadas y profundiza desigualdades que afectan a las mujeres.
Desde hace siglos, las mujeres cumplen una doble —y hasta triple— jornada laboral, ya que cuando vuelven a sus casas —mayoritariamente— se hacen cargo de las tareas de cuidado.
¿Cómo se contemplan las tareas de cuidados en la reforma laboral? ¿Puede perjudicar aún más a las mujeres? Con el inminente debate legislativo del proyecto impulsado por el Gobierno nacional, surgen preguntas sobre los cambios que propone. ¿Es posible hacer una lectura de género de esta iniciativa?
La abogada laboralista y socióloga María Paula Lozano cree que no sólo es posible, sino imprescindible. Parte de un diagnóstico general muy negativo: el proyecto “lejos de implicar una mejora y proponer un futuro, nos retrotrae a 200 años atrás, al momento de inicio del sistema capitalista, donde justamente se podía explotar la fuerza de trabajo sin ningún tipo de limitación”.
Jornadas sin límite
En ese marco, la jornada laboral se flexibiliza al infinito, a través de mecanismos como el banco de horas —que desobliga al empleador del pago de horas extraordinarias, permitiendo la compensación— y otros instrumentos que apuntan a derogar el límite de ocho horas diarias o 48 semanales.
¿Qué sería el banco de horas? “Supongamos que tengo una jornada de ocho horas diarias de lunes a viernes. Bueno, un día te dicen que te vayas antes, porque no te necesitan, te queda una hora pendiente. Al día siguiente, dos horas antes. Y la semana que viene te piden que te quedes tres horas más. Y ese día, quizás tenías que ir a la Facultad, o a estudiar, o llevar a tu hijo al médico”, ejemplifica Lozano.
¿Y las tareas de cuidados?
Desde hace siglos, las mujeres cumplen una doble —y hasta triple— jornada laboral, ya que cuando vuelven a sus casas —mayoritariamente— se hacen cargo de las tareas de cuidado. Según las mediciones del Indec, son ellas quienes realizan el 76% de ese trabajo no remunerado.
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María Paula Lozano, abogada laboralista y socióloga.
Por eso, Lozano plantea que la reforma afecta sobre todo la posibilidad de cuidar.
“Algo que todavía no está reconocido adecuadamente en la legislación laboral es el tiempo de cuidado, como un tiempo que también implica un trabajo”, sostiene la abogada, vocal de la Asociación de Abogados y Abogadas Laboralistas.
Recuerda que en agosto del año pasado la Corte Interamericana de Derechos Humanos emitió una opinión consultiva que reconocía el derecho de las personas a recibir cuidados. “Y para eso se necesita tiempo”, argumentó.
Esto implica que “el cuidado esté incorporado a los derechos en el trabajo”. Sin embargo, la ley laboral del Gobierno nacional va en sentido contrario. “Esta reforma arrasa con el límite de la jornada”.
Profundizar las brechas
El efecto inmediato es profundizar las brechas entre varones y mujeres a la hora de dedicar su tiempo al trabajo remunerado o a las tareas domésticas. Actualmente, las mujeres concentran más trabajos informales, de menor calidad y con peor remuneración, especialmente a partir del nacimiento del primer hijo. Para cuidar, resignan carreras e ingresos.
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Según las mediciones del Indec, son las mujeres quienes realizan el 76% de las tareas de cuidado.
La discusión sobre la distribución de las tareas en el ámbito familiar queda así saldada. Con jornadas de horarios arbitrarios, “a los trabajadores los quita directamente de la órbita de cuidado”.
Lozano advierte que, si bien “en la distribución de recursos a lo largo del tiempo y en la cultura sucede”, esta reforma “directamente obtura cualquier posibilidad de una mejor distribución de esas tareas”.
Cada vez menos salario
No es el único perjuicio que enfrentarán las mujeres si se aprueba esta reforma.
“El llamado salario dinámico lo que va a hacer es profundizar lo que hoy llamamos brechas salariales”, afirma Lozano. Hoy, en la Argentina, esa brecha es del 30%: el salario promedio de las mujeres es un 30% inferior al de los varones.
Esto se explica por “los espacios que se ocupan en los lugares de trabajo, que en general están asociados a tareas de cuidado, como los sectores de educación y salud, por la mayor informalidad, y la prevalencia femenina en actividades que se pagan menos, como el trabajo de casas particulares, que es una actividad tremendamente precarizada”.
Para Lozano, esos sectores se verán “tremendamente perjudicados” por la reforma laboral.
Más crisis de cuidados
En la misma línea razona la economista Lucía Cirmi, autora de La cocina de los cuidados y magíster en Desarrollo. “¿Vale la pena preguntarse por el impacto de la reforma laboral en las mujeres?”, plantea.
Responde con datos que muestran mayor desempleo femenino (7,4% frente a 5,9%), mayor informalidad (39,3% frente a 36,7%) y más pluriempleo (15,4% frente a 8,9%). Para esta economista, habrá al menos seis impactos.
El primero tiene que ver con el menor control del tiempo que implica la flexibilización de la jornada laboral, algo que, advierte, significará “más crisis de cuidados”.
“La reforma flexibiliza tu tiempo como si el cuidado no existiera”, señala, y suma otro punto: la fragmentación de las vacaciones, sin contemplar el ciclo lectivo. “Más lío para vos en el verano sin escuela”, resume.
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Especialistas explican que la flexibilización de la jornada laboral significará “más crisis de cuidados”.
También se refiere a la derogación de la ley de teletrabajo, que contempla el “derecho a la desconexión”.
En cuanto al banco de horas, hace una simulación: “Cuando tu jefe te pide que te quedes más, podés cobrar hora extra o acortar la jornada otro día. ¿Quién va a ser la que prefiera llegar a casa más temprano al día siguiente, en lugar de cobrar la hora extra?”, pregunta.
O, directamente, optar por no trabajar más horas. “Posiblemente, si el empleador exige quedarse de más como algo voluntario, las mujeres trabajadoras no puedan hacerlo y tengan que resignar cuestiones que podrían visualizarse como mérito”, subraya Lozano.
Seguridad social en retroceso
La reforma incluye otros aspectos relevantes, como la desfinanciación de la Anses a partir del Fondo de Asistencia Laboral (FAL), y el ataque a la negociación paritaria al impulsar acuerdos por empresa en lugar de por rama de actividad. “La seguridad social es otro gran punto”, afirma Lozano.
La desfinanciación del SIPA (Sistema Integrado Previsional Argentino) proviene de la utilización de esos fondos para financiar indemnizaciones por despidos —otro eje conflictivo del proyecto—, lo que perjudica especialmente a las mujeres. Por sus trayectorias laborales más intermitentes —ligadas a la maternidad y a las tareas de cuidado—, enfrentan mayores dificultades para jubilarse.
“Por esta cuestión de las brechas, la informalidad y las intermitencias de las trayectorias laborales, la mayoría de las mujeres no llegan a alcanzar los años de aportes”, sostiene Lozano. De ese modo, dependen de las moratorias previsionales, es decir, de planes de regularización o inclusión.
Un ataque al derecho colectivo
Los puntos son muchos, pero Lozano hace hincapié en que “este proyecto de reforma pretende eliminar, barrer con todas las protecciones laborales construidas a lo largo de los siglos”.
Y para eso, concluye, su principal objetivo es “barrer con el concepto de derechos y especialmente con lo que es el derecho colectivo del trabajo”, vinculado a la capacidad de las organizaciones sindicales de impulsar y conquistar mejoras.