El frenético cierre de listas para las elecciones de octubre próximo ofreció definiciones de último momento que anticipan una lucha denodada hasta las primarias de agosto. Hasta ahora suman una decena las fórmulas presidenciales que competirán en esta instancia, aunque con una novedad: el oficialismo, después de frenéticas negociaciones, decidió llevar una fórmula de unidad integrada por el ministro de Economía Sergio Massa y el jefe de gabinete Agustín Rossi. Esta decisión obliga a Juntos por el Cambio y a sus dos presidenciables, Horacio Rodríguez Larreta y Patricia Bullrich, a revisar sus estrategias.
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El volantazo de último momento que pegó la coalición oficialista Unión por la Patria al unificar su oferta electoral tiene un doble objetivo: alcanzar el ballotage con la fórmula de Juntos por el Cambio que triunfe en las primarias y atrincherar la provincia de Buenos Aires, bastión del kirchnerismo. Allí competirá Axel Kicillof por su reelección a la gobernación, mientras que Eduardo “Wado” De Pedro, el frustrado candidato presidencial, se postulará como primer postulante a senador nacional. Cristina Kirchner, si bien no talló en la fórmula presidencial, buscará copar con su tropa leal las listas de legisladores nacionales y provinciales.
En la definición de la fórmula presidencial Massa-Rossi fue gravitante la postura de los gobernadores peronistas, que reaccionaron escaldados ante la posibilidad de una interna entre Wado De Pedro y Daniel Scioli. “Perdíamos todos por goleada”, coincidieron. Ante esta perspectiva, resucitaron de urgencia la postulación de Massa como candidato de la unidad. Fue clave la injerencia del presidente Alberto Fernández: no solo bajó la candidatura de Scioli, sino que, además, puso a Rossi como su candidato a vicepresidente. La jugada, si bien fue concertada con Cristina Kirchner, desnudó los límites de poder que tiene la vicepresidenta dentro de la coalición oficialista.
En Juntos por el Cambio, Larreta y Bullrich alistan sus tropas para dar la batalla interna. Los dos postulantes de Pro serán los únicos precandidatos que presentará Juntos por el Cambio a las primarias tras la baja de Facundo Manes, que hasta último momento insinuó su candidatura presidencial por la UCR.
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Larreta, con el jujeño Gerardo Morales de vice —quien cobró mayor volumen político tras su enfrentamiento con el kirchnerismo en Jujuy— muestra un perfil más aperturista: cerró con un sector de Pro, un sector del radicalismo, incluyó a la Coalición Cívica de Elisa Carrió, al libertario José Luis Espert y al peronista Miguel Ángel Pichetto.
Bullrich, quien lleva al mendocino Luis Petri como vice, cerró con el sector de Pro más cercano a Mauricio Macri y con el llamado “Grupo Malbec”, el grupo del radicalismo referenciado en Alfredo Cornejo, Ernesto Sanz, el bonaerense Maximiliano Abad y Carolina Losada en Santa Fe.
El libertario Javier Milei, en tanto, enfrenta fuertes dificultades para lograr un armado nacional. Si bien su figura muestra buena imagen en las encuestas, no logra hacer pie en las principales provincias del interior, con lo que en Juntos por el Cambio y el oficialismo descuentan que le será muy difícil alcanzar el ballotage. En el larretismo temen que, caído Milei, el oficialismo busque polarizar la elección con Bullrich, la antagonista “de derecha” con la que se sienten más cómodos a la hora de confrontar.
En el entorno de Larreta buscan despegarse de Massa pese a que tanto el jefe de gobierno porteño como Morales supieron cultivar buenos vínculos con el ministro de Economía. De hecho, Bullrich se lo enrostró a Larreta en una de sus feroces embestidas de campaña.
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“Massa es el kirchnerismo. Pongan a Alberto Fernández y es lo mismo”, asestó.
La grilla electoral se completa con las fórmulas Juan Schiaretti-Florencio Randazzo —que aspiran a atraer el apoyo del peronismo disidente— y los distintos candidatos del Frente de Izquierda, que se propone captar una porción relevante del malestar social. La batalla por la sucesión presidencial acaba de empezar.
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