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La Constitución Nacional: ese acuerdo político y social que dio origen al Estado argentino

Este lunes se cumplen 170 años de la sanción de la Constitución Nacional, la base de la organización social y política de la Argentina. ¿Cómo se logró el texto que perdura, con cambios, hasta hoy? ¿Quiénes fueron los protagonistas? ¿Para qué sirvió?

Este recorte se aprovecha de una ocasión especial: se cumplen 170 años de la creación de la Constitución Nacional, la organización base que comenzó a regular nuestras vidas. Pero, ¿cómo se llegó a que tengamos nuestra Constitución? ¿Quiénes fueron los protagonistas de la misma? ¿Para qué sirvió?

La materialización de este acuerdo macro es el resultado de muchas cosas. En primer lugar, según coinciden los historiadores, de una necesidad de organización política y ciudadana. Claro, que para llegar a este consenso, hubo batallas, muertes, pactos y personalidades, que de alguna manera moldearon la Constitución de 1853.

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Para mediados de siglo XIX no podemos decir que estamos ante un Estado Argentino ni ante una idea de Argentina. Eso va a trasladarse azarosa, complejamente y sin una definición de principio a fin, como si fuera el logro de un objetivo, durante la segunda mitad del siglo XIX y probablemente el punto de partida sea la constitución de 1853”, indica el profesor universitario Marcelino Maina.

Es importante destacar que el Estado carecía de una estructura y que la idea de una Nación como tal era justamente eso: una idea.

Para poner en contexto –y en número– cabe mencionar que entre 1820 y 1861 hubo 245 enfrentamientos militares en territorio nacional donde murieron alrededor de 25 mil personas, sin contar mujeres, pueblos originarios y personas esclavizadas.

En ese recorrido hacia la conformación del Estado, fueron emergiendo caudillos, geopolíticamente se fueron delimitando territorios y también se generaron acuerdos –por lo general, luego de sangrientas batallas–, como el Tratado de Pilar, el Tratado de Belgrano, la Batalla del Cuadrilátero, el Pacto Federal, la Batalla de Caseros y el Acuerdo de San Nicolás y que definieron, de alguna manera, los pactos preexistenes que el mismo Prólogo de la Constitución menciona y no fueron modificados por ninguna de las Reformas.

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Si, torpemente, pasáramos por un embudo todo esto el resultado daría cuenta de una precaria, pero corajuda idea de Estado Nacional organizado, que fue gestando la Confederación Argentina (integrada por las provincias de Santa Fe, Entre Ríos, Corrientes, Tucumán, Salta, Jujuy, Santiago del Estero, Catamarca, Córdoba, La Rioja, San Juan, San Luis y Mendoza) pero en la que Buenos Aires no estaba tan de acuerdo. Ya que pese a perder la Batalla de Caseros contra la Confederación, no aceptó las condiciones que promovía la nueva organización nacional y se escindió del resto, conformando su propio Estado.

Las figuras representativas de esta división fueron: Justo José de Urquiza por la Confederación y Juan Manuel de Rosas por Buenos Aires. “Definida la batalla de Caseros, se avanza hacia el Acuerdo de San Nicolás con la promoción, a partir de ahí, de Diputados constituyentes que van a dar forma a la Asamblea Constituyente, cuya sede va a ser Santa Fe/ Paraná en 1853. El 1 de mayo es el momento de la promulgación, pero lo interesante de este punto es que para Septiembre de 1852, aproximadamente ocho meses antes de la promulgación de la Constitución, las diputaciones por Buenos Aires son retiradas por esta provincia, que pasa a escindirse del resto, constituyéndose en un estado provincial o directamente en un Estado. Es por eso que muchos hablan de un Pacto Incompleto”, agrega Maina.

Buenos Aires, con su puerto, era la conexión con el mundo exterior. Y si bien se había consolidado la idea de la asamblea constituyente para 1853, hubo algunos que intentaron posponerla hasta que Buenos Aires se integre e, incluso, durante los pocos debates que se dieron en la asamblea, algunos pidieron suspender el debate hasta la integración porteña. Cuestión, que no prosperó.

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Los constituyentes, custodiados por soldados, llegaron a Santa Fe, por ese entonces, un pueblo colonial con poco más de 5 mil habitantes con quince cuadras de largo por seis de ancho, con un Cabildo, una Plaza Mayor, la iglesia La Merced, la Aduana Vieja y unas pocas casas de adobe y pisos de ladrillo. Pero ¿Por qué Santa Fe?

“Porque tiene una presencia equidistante con las tensiones entre Buenos Aires y los otros espacios territorianos. Este incipiente fenómeno de unificación no contenía ciertos lugares que hoy pertenecen a la Nación (Chaco, Patagonia). Lo que hoy conocemos de Argentina estaba reducido al centro/norte y ahí Santa Fe ocupaba un lugar estratégico. Al igual que Paraná por ser sede de la capital del general victorioso en la batalla de Caseros: Justo José de Urquiza hay una cuestión de geoestrategia y de peso político”, señala Maina.

Durante las once sesiones de la asamblea constituyente, se tuvieron en cuenta una serie de documentos: el libro “Bases y Punto de Partida la Organización Nacional”, de Alberdi (que cuenta con un proyecto de Constitución) y la Constitución de Estados Unidos, como los más representativos. Se adaptó la forma de gobierno Representativa, Republicana y Federal.

Los 24 constituyentes, que representaron a 13 de las 14 provincias, fueron: Pedro Juan Ferré, Ruperto Godoy, José Benjamín Gorostiaga, Juan María Gutiérrez, Delfín Huergo, Benjamín Juan Lavaisse, Manuel Leiva, Juan Llerena, Regis Martínez, Manuel Padilla, José Manuel Pérez, José Ruperto Pérez, José de la Quintana, Juan Francisco Seguí, Luciano Torrent, Martín Zapata, Salustiano Zavalía, Juan del Campillo, Salvador María del Carril, Agustín Delgado, Santiago Derqui, Pedro Díaz Colodrero, Pedro Alejandrino Zenteno y Facundo Zuviría.

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“Sin tener los fondos que ingresaban a través de la aduana de Buenos Aires este proyecto de la Confederación se fue degradando poco a poco. En esos pocos años se empezó a notar que sin el flujo que provenía de la aduana de Buenos Aires, no bastaba con los aportes económicos que las provincias generaban, incluso con los fondos aportados por la fortuna de Urquiza”, sostiene el historiador entrerriano Claudio Cañete.

“Con la Constitución de 1853 y sus posteriores reformas se estableció la institucionalización de un orden, normativamente hablando. Para que ese orden se vuelva acto, se materialice, tuvieron que pasar un conjunto de transformaciones: represivas, cooptativas, materiales, del mundo de las representaciones, las migraciones, las configuraciones del estado, entre otras”, concluye Maina.

“La Confederación sigue siendo una referencia ineludible a la hora de hablar de la historia de nuestra nación y sobre todo en esa etapa de organización. Muchas veces esa historia, contada desde Buenos Aires, es omitida, intencionalmente. Incluso, todas las construcciones arquitectónicas de la Confederación Argentina en Paraná fueron demolidas, al pasar a propiedad del Estado Nacional, o sea, Buenos Aires. Como una manera de borrar cualquier vestigio que recordara aquella época dorada donde la capital de la Nación fue la ciudad de Paraná”, sentencia Cañete.

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“Quedaban planteados los principios liberales de propiedad, igualdad y libertad ante la ley y, sobre todo las garantías sobre la seguridad de las personas”, (Historia de la Argentina 1852-1890, Hilda Sábato).

El relato histórico se olvidó de un dato que hoy es imposible obviar: las mujeres. Su rol fue determinante en la construcción de la patria y en la conformación de un suelo mejor para sus habitantes. Hoy sabemos que esa participación fue activa, valiente y esencial, incluso en el campo de batalla.

La histórica sanción de la Constitución de 1853 estableció un acuerdo político y social fundamental; las condiciones esenciales para comenzar a construir una Nación.

Quizás, hoy, 170 años después, sea indispensable otro acuerdo político y social histórico, ya no para construir una Nación, sino para intentar no destruirla del todo.