Sergio Massa, el ministro de Economía de un país que sufre el 130% de inflación anual y en el que el 40% de la población es víctima de la pobreza, acaba de convertirse en el candidato a presidente más votado de la Argentina.
Una primera lectura podría indicar que este fenómeno se produjo, simplemente, gracias al aparato peronista y a que en las últimas semanas, con todos los resortes del poder del Estado en sus manos, Massa repartió directa o indirectamente dinero a cada uno de los estratos sociales de una sociedad asfixiada, aun sabiendo que gran parte de estas medidas contribuyeron a alimentar una inflación desenfrenada y a generar una sensación de alivio que es apenas un espejismo.
Sin embargo, apelar tan solo a este argumento representaría una lectura apresurada y superficial: es verdad que el ministro de Economía adoptó decisiones que difícilmente hubiese tomado si no fuera candidato a la Presidencia; pero también es cierto que las otras dos principales ofertas electorales demostraron una fragilidad asombrosa, mal disimulada detrás de discursos altisonantes que no lograron convencer a gran parte del electorado por razones diversas.
Milei desnudó sus contradicciones
Javier Milei propuso -al menos hasta ahora- dinamitar el sistema político, económico y social argentino. Este tipo de bravuconadas pueden despertar el aplauso y la empatía de los desahuciados y los desencantados, hartos de tantos fracasos y mentiras inocultables. Sin embargo, para aquellos que sí tienen algo para perder, la promesa de hacer volar todo por los aires solo contribuyó a incrementar la sensación de perturbación y dudas.
Impulsar irresponsablemente a la gente a que retire su dinero de los bancos, proponer la compra y venta de órganos según las leyes del mercado, avalar la libre portación de armas, insultar al Papa con inusitada violencia; representa un combo que puede resultar atractivo para quienes desean manifestar su hartazgo con los políticos que llevaron a la Argentina al desastre. Y así lo expresaron las Paso.
Sin embargo, otra cosa es entregar un cheque en blanco a un candidato que propone la implosión de todo lo conocido y que lanza consignas temerarias sin medir las consecuencias.
Pero eso no es todo. En las últimas semanas comenzaron a conocerse vínculos entre La Libertad Avanza y sectores que no solo integran "la casta" tan denostada por Javier Milei, sino que encarnan algunos de los pliegues más turbios del sistema de corrupción.
Es cierto que el kirchnerismo también arrastra un largo historial de casos de corrupción. Pero el que se presentó como lo nuevo, diferente y limpio, fue Milei.
El gran derrotado: Juntos por el Cambio
De todos modos, el gran derrotado en estas elecciones no fue Javier Milei, sino Juntos por el Cambio. Un espacio que hasta ahora había logrado a duras penas disimular sus profundas diferencias internas entre distintos sectores del PRO y, a su vez, con sus socios de la Unión Cívica Radical.
Durante la campaña previa a las Paso, Patricia Bullrich agredió con virulencia inusitada a Horacio Rodríguez Larreta, quien apostó por un discurso de consenso y terminó siendo vapuleado por su contrincante en las urnas. El mismo jefe de Gobierno de Ciudad de Buenos Aires confesó tiempo después que no vio venir semejante derrota, que dejó heridas evidentes en el seno de la coalición opositora.
Nunca se sabrá qué hubiese sucedido en las elecciones de este domingo 22 de octubre si Rodríguez Larreta ganaba aquella interna. Lo cierto es que el surgimiento del fenómeno Milei -nadie lo anticipó antes de las Paso de agosto pasado- terminó descolocando a Bullrich y a su discurso puramente enfocado en acabar con el kirchnerismo.
Mauricio Macri también jugó un papel inesperado en el debilitamiento de Bullrich como candidata. Alguna vez, el expresidente deberá explicar a propios y extraños por qué decidió coquetear con Javier Milei. De hecho, Macri mantuvo un silencio atronador durante días que parecieron interminables cuando el libertario le ofreció públicamente ocupar el cargo de "representante del país en el mundo, por encima de la Cancillería".
Para Sergio Massa, competir con posibilidades de éxito en un balotaje contra Patricia Bullrich hubiese representado un objetivo casi inviable, ya que difícilmente quienes votaron por Milei hubieran apoyado a un candidato peronista, ligado con el kirchnerismo.
Sin embargo, el hecho de que el contrincante sea Javier Milei plantea un escenario más prometedor para el ministro de Economía en noviembre próximo. Incluso, con una inflación del 130% anual y con el 40% de la gente sufriendo la pobreza.
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