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Política Cristina Fernández de Kirchner | Máximo Kirchner | Alberto Fernández

El kirchnerismo no rompe nada y disputará la conducción del FDT

Esta semana, el silencio de Cristina Fernández de Kirchner dio para cualquier cosa pero lo concreto es que la fuerza que colmó la Plaza de la Memoria quiere disputar la conducción del Frente de Todos.

La frase es de Máximo Kirchner, líder indiscutido de La Cámpora, presidente del PJ bonaerense (el aparato electoralmente más potente del FDT) y mucho más que el hijo de Cristina, con quien no siempre comparte opiniones. Contra las operaciones internas, encabezadas por Biondi y Olmos, y externas –impulsadas por Larreta y Macri- la fuerza política que medida al mes de febrero 2022 aún ostenta un 27% de votos fidelizados, va a disputar la conducción de una herramienta que consideran de propiedad compartida por decisión de Cristina.

Algunas fuentes se citan on y otras off, algunas fuentes son consistentes y otras de vidrio, loza o acero inoxidable. En una profesión sin Manual de Estilos, de Ética ni colegiatura, en la que “operaciones disfrazadas de información” deberían incorporarse como materia a las currículas formativas, cualquiera dice cualquier cosa. Pero en AIRE elegimos una de las tres fuentes chequeadas para citar textualmente: “Está claro que sumados no alcanza pero divididos la derrota está asegurada. Cualquiera sea el candidato de La Cámpora va a jugar por adentro a menos que el entorno convenza a Alberto de lanzar su propia corriente interna, y eso no creemos que pase”.

Al cierre de esta nota y a tono con la persistencia (o tozudez) que el kirchnerismo acuña desde 2015, la candidata cantada es Cristina, Wado sólo sirve para despistar y Máximo no va a postularse a nada, pero ya no descarta una candidatura, como cuando le espetó a un selecto miembro del círculo rojo que le recriminara el aporte solidario a las grandes fortunas: “Yo actúo de acuerdo a mi conciencia, quién les dijo que yo quiero ser presidente”.

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Bajo el liderazgo de Máximo Kirchner, La Campora intentará

Bajo el liderazgo de Máximo Kirchner, La Campora intentará "jugar" por dentro del Frente de Todos.

Si Axel no revalida en PBA y le deja su lugar a Insaurralde, bien podría anotarse entre los candidatos del peronismo que conduce Cristina (porque también son peronistas, basta de bajarles el precio). Pero primero debería recuperar el perfil épico de la campaña en las plazas, del parlante montado en el Clio y la imagen triunfadora que supo tener cuando derrotó a Vidal. A más de un año para definir candidaturas, pero sabiendo que construirlas es un trabajo de meses, Cristina pone en duda que ese enroque sea la mejor opción y no suelta carta ni trascendido.

Esta semana, los periodistas que hablan con su entorno le atribuyeron dos frases que luego criticaron prudentemente: “Lo único seguro es la derrota en 2023” y “me equivoqué de nuevo” hablando de la elección del presidente y aludiendo a Boudou. Nadie es perfecto, tampoco Néstor que siempre repetía “no me canso de pedirle perdón a Cristina por la elección de Cobos”. Pero ninguna de las dos frases debería leerse como una capitulación y anuncio de salida de la vicepresidenta del dispositivo electoral que supo forjar para ganarle a Macri pero que en la gestión no puede mejorar sus principales indicadores macroeconómicos.

En buen romance, arriesgando el capital de credibilidad acumulado hasta aquí y asumiendo que Cristina tiene razones e ideas que no se filtran sino hasta último momento, podemos afirmar que si hay una carta lista para convulsionar el tablero político (como todas las anteriores), no anuncia su salida del gobierno ni la retirada de los funcionarios y funcionarias que conduce. Todos manejan encuestas y nadie en el entorno de Cristina lustra la tesis montonera de agudizar las contradicciones porque “cuanto peor, mejor”.

Quemá esas cartas…

Para los que se incomodan con los reconocimientos de ésta columna para los 12 años conducidos por Néstor y Cristina, recuperamos un dato consistente del pasado reciente. Fueron Cristina y su entorno, los que en enero de 2015 trataron de convencer a Juan Carlos Mazzón (el armador más prestigioso del peronismo, referente de casi todos los gobernadores del palo y el que sin cargo alguno tenía una oficina en Casa Rosada) de que la operación para culpabilizar a Cristina iba a adquirir proporciones dantescas (no se equivocaron), que había que convencer al PJ de que ni Scioli ni ningún otro candidato tenían chances y perder con Macri para volver mejores luego del desastre que provocaría era la mejor opción (acertaron a medias, el macrismo fue una catástrofe y se pudo volver, lo de mejores aún se lo deben a sus votantes).

Más allá de la jugada –que fuera rechazada por el mendocino y le costase un desalojo exprés de la Rosada- vendría bien señalar algo ya escrito en columnas anteriores. Los políticos que hacen cuentas en despachos y oficinas hacen cuentas con la suerte ajena, con la vida de sus electores, de todos los argentinos, porque sus decisiones arman y desarman la vida de millones pero casi nunca las propias.

Una cosa es hablar de la crisis y otra padecerla, por mucha sensibilidad social y corazón peronista, socialista o trotskysta que se tenga, la clase política argentina en líneas generales no tiene problemas para llegar a fin de mes y cuatro años más de neoliberalismo no van a poner en jaque el pan, el techo, el trabajo, ni las oportunidades de sus hijos. Nadie pone en duda el compromiso emocional e ideológico de quienes dicen defender a los más pobres, a los que no tienen chance de proyectarse más allá del día o la semana, casi nunca del mes, jamás en años.

Con este nivel de inflación y sin shock redistributivo sólo es esperable una catástrofe social.

Pero hay millones que sufren en tiempo presente una nueva decepción y no serán capaces de soportar cuatro años en los que –según los anuncios de Macri, Bullrich y Melconián- se va a “matar al Estado parasitario”, se va a privatizar Aerolíneas Argentinas y toda empresa que “no deba ser estatal” y se va a bajar la participación de los salarios en los costos de las empresas, que hoy están a niveles más bajos que durante el macrismo, en pisos realmente históricos.

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Las versiones de una nueva carta de Cristina Fernández de Kirchner recorrieron las redacciones durante toda la semana.

Las versiones de una nueva carta de Cristina Fernández de Kirchner recorrieron las redacciones durante toda la semana.

Cristina sabe que se equivoca y lo dice –no solamente eligiendo ministros, presidentes o vices- y que aquél cálculo de enero 2015 fue un acierto costosísimo y un error que, digamos todo, pudo haberse evitado si Massa no capturaba el 21,39% del electorado peronista disponible en la primera vuela (que con todo se perdió por menos de dos puntos). Y Cristina es también el cuadro político con mayores niveles de autocrítica en acto, no va a cometer dos veces el mismo error. No va a entregar al campo popular ni al Frente que forjó a un año de definir candidatos y a casi dos de echar la suerte.

Varios datos y una interpretación

Según el Indec y para el 4to. Trimestre 2021, se registra una recuperación de la actividad económica del 1,8%, con un 4,8% acumulado sobre los niveles de la prepandemia (febrero 2020). Es cierto también la desocupación bajó al 7% y se crearon 636.756 nuevos empleos.

Pero el salario registrado promedio a plata de hoy–según la consultora PxQ- está en los niveles de diciembre de 2015, alcanzando los $107.358; pero por debajo de los $128.247 de enero 2018. Si a esto le agregamos que en enero de 2019 la Canasta Básica Total representaba el 74% de un salario promedio y hoy un 73% tenemos que el crecimiento no derrama, no estamos igual porque Macri lo logró sin pandemia ni guerra, pero la diferencia es realmente nula, casi imperceptible. Y si cruzamos el valor de los salarios registrados con el último cálculo de la Línea de Pobreza, tenemos que el 60% de las familias argentinas están por debajo de las mínimas condiciones para una vida digna y que les permita distraerse con la rosca política de altura. Con este nivel de inflación y sin shock redistributivo sólo es esperable una catástrofe social.

En suma, Alberto y Cristina (y Massa que sabe que bien podría ser la síntesis política y electoral de los desacuerdos mientras la cosa no explote) tienen derecho a colisionar entre sí todo lo que amerite o se les ocurra, pero deberían demostrar en los hechos de que están al tanto de lo siguiente: hay millones de argentinos y argentinas que no se merecen la implosión del FDT y una segunda y devastadora vuelta al neoliberalismo en cualquiera de sus versiones: Macri, Bullrich o Larreta. Porque Morales va a hacer honor al lamentable papel que ha ejecutado el radicalismo en el Frente Gorila de Masas desde Gualeguaychú, perderá la interna para validar al candidato y al proyecto político y económico del PRO.

Un WhatsApp no, retenciones o la Ley de Abastecimiento

Haciendo uso de cierta libertad de interpretación –jamás haciendo exégesis de las declaraciones ni el pensamiento de Cristina- creemos que el derrotismo que expresara está directamente relacionado al comportamiento sin corrección hasta hoy de Alberto, que debate y hace concesiones con el complejo agroexportador, con las cámaras empresarias, con la oposición “responsable” y con el FMI pero no con ella. Puede cogobernar con el Fondo –lo que no le va a aportar ni un solo voto propio ni ajeno- pero no con Cristina, ahí opera a pleno y “no existe la presidencia colegiada”.

A éstas alturas la cosa no se arregla como reclaman los comunicadores y dirigentes a los que nos importa el Frente y el país. Mejor que prometer es realizar, mejor que whatsappear es subir las retenciones al poroto de soja y al grano de trigo, aplicar sin tantos avisos la Ley de Abastecimiento para intentar controlar una escalada inflacionaria que amenaza con empujar el IPC por encima del 5% para marzo (¿Alguien dijo 10?) o anunciar la creación de un impuesto regular para los que posean un patrimonio igual o superior a $ 200 millones, aunque sea por 10 años.

Hace falta un gesto concreto en vez de otra advertencia, pedidos de aplausos o un mensajito. Para todo lo demás están los operadores, los medios de operación permanente y las redes sociales, con los resultados ya conocidos.