A una semana del balotaje que definirá al próximo presidente, el candidato oficialista Sergio Massa logró coparle la escena del último debate presidencial 2023 a su rival libertario, Javier Milei, quien no pudo (o no supo) sacar provecho de los flancos débiles que ofrecía su adversario –sobre todo en materia económica– para imponerse en la discusión.
Lejos de ello, Milei se mostró desde un principio a la defensiva, por veces desorientado y poco preparado para afrontar esta instancia crucial, situación que Massa aprovechó –no sin golpes bajos– para dejarlo al desnudo como lo que realmente es: un hombre sin experiencia política cuyo mayor mérito es agitar la motosierra en nombre de la eliminación del Estado.
Massa abrió el debate y pasó rápidamente a la ofensiva con una estrategia de manual: arrinconar a su adversario con preguntas incómodas para que su contrincante respondiera por sí o por no; el libertario cayó en la trampa y malgastó buena parte de su tiempo para replicar las aseveraciones de Massa. Resultado: Milei se gastó sus seis minutos del segmento dedicado a la economía –el punto débil de Massa– apenas mencionando alguna vez la palabra inflación. Habló de la caída salarial, pero no hizo hincapié en la pobreza o en la inestabilidad cambiaria, que le hubiera dado pie para explicar su receta para dolarizar la economía doméstica.
Más improvisado y desordenado que su rival, Milei recuperó apenas un poco de terreno cuando hizo alguna referencia ligera a la corrupción o cuando lo emparentó a Massa con la “casta política” a la que él promete desterrar.
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Aun así, el candidato oficialista se mostró más sólido y mejor preparado que el libertario a lo largo del debate, aunque también se exhibió prepotente en sus embestidas y, lo que no es menor, en ningún momento hizo un mea culpa por el estado actual de la economía y la gestión deshilachada de un gobierno del que fue socio fundante junto a Cristina Kirchner. Habrá que ver si esta omisión –que Milei no supo aprovechar– le resta puntos en el imaginario del votante, sobre todo aquel que todavía no decidió su voto.
Massa asistió al debate acompañado por una nutrida comitiva de Unión por la Patria; a Milei se lo vio junto a su troupe de La Libertad Avanza, pero sin el apoyo en Derecho de los nuevos socios políticos que logró dentro del PRO. “Son de otra fuerza política, no tenían por qué estar en ese lugar”, explicó luego el libertario, al finalizar el debate.
Sobre el final, Massa prometió eliminar la grieta, lanzar un gobierno de unidad nacional y acordar diez políticas de estado con las fuerzas opositoras. Sin nombrarlo, dijo que Milei encarna violencia, odio y daño. Fue en el final, cuando debía dar un mensaje con las razones por las que quiere ser presidente.
Milei, en su discurso de cierre, retomó su discurso anti casta y habló del “camino de la decadencia que empobreció al país”. No mencionó la palabra cambio, ni tampoco a Patricia Bullrich o Mauricio Macri. Pero al cierre planteó una disyuntiva: “Populismo o República”.
Al final del debate ambos contrincantes sintieron que cumplieron su objetivo de mínima: Massa logró evitar dar explicaciones sobre el Gobierno y sobre su rol como ministro de Economía. Y Milei logró mostrarse contenido en su temperamento y aplacar su vehemencia. El objetivo de ambos era captar el voto de aquellas terceras fuerzas que aún se mantienen indecisas o apuntan a votar en blanco que, según la mayoría de las encuestas, orilla entre el 5 y el 10% del electorado. Será ese segmento el que inclinará la balanza hacia uno u otro candidato el domingo próximo.
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