Conflicto universitario: cómo impactan los paros en las escuelas de la UNL en la ciudad de Santa Fe
La UNL en Santa Fe debate medidas para mitigar el impacto de los paros docentes en las trayectorias educativas de sus escuelas.
Escuela primaria de la Universidad Nacional del Litoral en la ciudad de Santa Fe.
La cuarta Marcha Federal Universitaria volvió a exponer esta semana la profundidad del conflicto entre el sistema universitario público y el Gobierno nacional. El reclamo por el incumplimiento de la Ley de Financiamiento, las disputas judiciales y la pérdida salarial docente se combinan con una creciente preocupación institucional por el impacto que la situación tiene sobre las trayectorias educativas.
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En Santa Fe, esa realidad también atraviesa a las escuelas preuniversitarias de la Universidad Nacional del Litoral (UNL), donde estudian alrededor de 2.100 alumnos y trabajan más de 300 personas entre docentes, no docentes, preceptores y equipos directivos.
El escenario aparece marcado por una tensión permanente entre dos derechos que conviven en simultáneo: el derecho a la protesta de los trabajadores universitarios y la necesidad de sostener la continuidad pedagógica de estudiantes de nivel inicial, primario y secundario.
Paros universitarios y preocupación en Santa Fe: la compleja realidad de las escuelas de la UNL
Durante 2025 hubo 20 días de paro universitario. En lo que va de 2026, la cifra ya asciende a 17 jornadas de medidas de fuerza. En ese contexto, la UNL comenzó a desplegar distintos dispositivos institucionales para intentar sostener las actividades en sus cuatro escuelas preuniversitarias: la Escuela de Nivel Inicial y Primario, la Escuela Industrial Superior, la Escuela Secundaria de la UNL y la Escuela de Agricultura, Ganadería y Granja (EAGG) de Esperanza.
Según explicaron desde la UNL a AIRE, las medidas y estrategias se debaten dentro del Consejo de Enseñanza Preuniversitaria, un espacio donde participan representantes de todos los claustros, directivos y facultades vinculadas a las escuelas.
“Las realidades son diferentes según el nivel educativo ”, señalaron desde la universidad. Esa diferencia es la que determina cómo se implementan las medidas durante los paros docentes.
Una realidad distinta a la de la universidad en Santa Fe
Desde la UNL remarcan que las escuelas preuniversitarias presentan particularidades que las diferencian del funcionamiento de las facultades. “No es lo mismo un estudiante universitario de 18 años que un alumno de primaria o secundaria ”, explicaron desde la institución al describir el análisis que realizan semana a semana sobre el impacto de las medidas de fuerza.
En el caso de la escuela primaria, por ejemplo, las adhesiones a los paros suelen ser parciales. Según detallaron, los propios docentes votan internamente cómo adherir a las medidas y, en general, optan por no sostener semanas completas sin actividad. Este año, particularmente, los maestros acompañaron 7 jornadas de paro.
“ Por las características de la escuela, las adhesiones suelen ser de 24 o 48 horas y no de toda una semana ”, indicaron desde la UNL.
La situación es diferente en las escuelas secundarias. Allí, las autoridades implementan mecanismos específicos para reorganizar la actividad escolar según qué docentes adhieren al paro y cuáles continúan dictando clases.
Uno de los principales instrumentos es la confección de grillas de funcionamiento diario. A través de ese esquema, las familias reciben información anticipada sobre qué cursos tendrán actividad presencial y cuáles no.
“Tratamos de optimizar los horarios y garantizar actividades aunque no se pueda sostener la jornada completa”, explicaron.
Virtualidad, clases públicas y priorización de contenidos
En paralelo, las escuelas comenzaron a utilizar herramientas complementarias para sostener el vínculo pedagógico durante los conflictos.
Desde la universidad señalaron que se promovió el uso de materiales virtuales, guías de lectura, consignas orientadas y recursos asincrónicos, aunque aclararon que esas herramientas “no reemplazan la clase presencial ni el trabajo docente ”. También se realizaron conversatorios, clases públicas y actividades institucionales vinculadas al conflicto universitario.
Al mismo tiempo, las autoridades pidieron a los docentes priorizar contenidos considerados centrales para evitar un deterioro mayor en las trayectorias escolares. “Hay una muy buena voluntad de los docentes para acompañar a los estudiantes y sostener la continuidad pedagógica ”, destacaron desde la UNL.
Calendarios académicos bajo revisión
La extensión de las medidas de fuerza abrió además otro debate dentro de la universidad: la eventual reprogramación de los calendarios académicos de las escuelas preuniversitarias.
Las autoridades analizan modificaciones en recuperatorios, semanas de integración y criterios de evaluación flexible para los estudiantes afectados por las interrupciones.
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Según explicaron, durante 2025 las escuelas lograron sostener entre 160 y 170 días de clase, dependiendo de cada establecimiento. La intención oficial continúa siendo mantener un calendario cercano a los 180 días establecidos por ley.
Salarios deteriorados
Todo el escenario se desarrolla mientras continúan las disputas entre el Gobierno nacional y el sistema universitario público por la aplicación de la Ley de Financiamiento Universitario.
La norma, aprobada por el Congreso en agosto de 2025, ordena una recomposición salarial para docentes y trabajadores universitarios. Sin embargo, el Poder Ejecutivo continúa resistiendo su aplicación.
Según los sindicatos docentes, la recomposición necesaria para equiparar salarios con inflación desde diciembre de 2023 hasta abril de 2026 debería alcanzar el 55,5%.
Ese diagnóstico coincide con un informe reciente elaborado por la Facultad de Ciencias Económicas de la UNL, donde se expone la pérdida salarial sufrida por docentes, directivos y trabajadores no docentes durante la gestión de Javier Milei.









