En un hotel poblado por adornos de época recibió a AIRE para contestar todo y concluir, entre risas, que “me hicieron trabajar un montón”.
—Empecemos por una de coyuntura: se dispara el dólar, se pierden 1.500 empleos registrados mensuales, cae el consumo intermensual e interanual, el FMI le presta USD 2.000 millones a un gobierno que gasta la mitad por semana y, en ese contexto, el presidente juega con un títere en un canal se streaming y Grabois y Massa se dicen de todo a un mes de las elecciones más importantes del año. ¿Qué es lo primero que se te viene a la cabeza?
—El kirchnerismo desarmado, vos fíjate que estás dando todos los síntomas de un proceso de descomposición con todos los elementos a la vista. Tenés una corrida bancaria que siempre se resuelve del mismo modo: cagando a los bancos con el manejo del encaje; porque el BCRA está en condiciones de determinar qué porcentaje del dinero que los bancos tienen circula y cuál se inmoviliza y en qué términos. Si vos subís el encaje, reducís la masa monetaria y se terminó, es lo que sabe cualquier actor serio del mercado. Vos subís la tasa de interés en un país que está en recesión, cuando vos encarecés el dinero, estás diciendo que todo negocio que no tiene rentabilidad financiera no puede hacerse. Con una tasa de inflación del 2% o poco menos, una tasa de interés que supera los 5 puntos en el mes, lo que estás diciendo es que tenés mensualmente el doble de la tasa de inflación que tienen los Estados Unidos para un año completo. ¿Y eso es estabilidad?
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Esto profundiza la recesión y se supone que las importaciones disminuyen, las exportaciones permanecen constantes y la balanza comercial tendría que ser superavitaria que me permite pagar deudas en dólares. Pero esto no pasa y el mercado lo sabe, no importa qué les cuentes: son un puñado de multimillonarios que te creen no si te palmean la espalda y te regalan una foto, sino si te ponen la plata. Ellos saben hacer las cuentas, saben cuántas reservas tiene el BCRA, cuántas son de libre disponibilidad y por lo tanto qué capacidad de fuego tienen y empujaron al gobierno a una devaluación, porque eso es lo que pasó: una devaluación para nada pequeña. ¡El precio del dólar del Banco Nación es más caro que el blue, esa es la brecha!
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“Hoy la única salida es deslegitimar el orden político y no porque yo lo diga, sino porque es lo que la sociedad efectivamente piensa y hace”.
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Esto no es sostenible en el tiempo, marchamos hacia una hiperinflación con recesión casi de inmediato; la recesión ya está y la híper está en discusión, eso será cuando el dólar ya no tenga precio y por lo tanto no haya sistema de precios en la economía. Esta es la repetición estructural de la que hablamos en el libro y la fase de “El kirchnerismo desarmado”. Es la repetición del Plan Austral al infinito y ad náuseam. Incluso en el Congreso alguien planteó la posibilidad de tener una nueva moneda, si eso pasa va a ser la más efímera que hayamos conocido, va a morir antes de nacer.
Sin dudas hay un proceso de descomposición de la sociedad y del orden político, se complican y se potencian mutuamente. Mientras se discuten nombres y listas, la gente no vota, rechaza el orden político existente y la pregunta del que quiere salir de esto debería ser: ¿cómo se transforma un rechazo pasivo en un rechazo activo? Pues bien, nadie se ocupa de hacer esta operación, todos comentan la agenda de Milei y nadie hace política.
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—Vos decías algo que deberíamos precisar. Revertir el ausentismo electoral no depende de una operación discursiva sino de un cambio de práctica política. ¿Podrías precisarnos eso?
—Vamos a dar un ejemplo histórico. Se producen los fusilamientos en los basurales de José León Suárez, ¿de qué depende que un hecho policial se transforme en un hecho político? Un hecho policial es algo que sale en la sección de “Policiales” de un diario y muere poco tiempo después, no sucedió mucho con eso. Rodolfo Walsh transforma eso en una investigación y no inicia ese trabajo como un enemigo sino como un crítico de la Revolución Libertadora. Walsh quiere que el gobierno corrija la política.
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El autor de las muchas ediciones de "Los cuatro peronismos" sostiene que “si te dicen que primero hay que ganar elecciones y luego viene el programa, es porque el programa está implícito” y es el del FMI.
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—De hecho, su hermano, Carlos Walsh, fue comando civil como aviador en los bombardeos de 1955.
—Y no sólo eso. Cuando Rodolfo habla con su hermano sin citarlo explícitamente y le cuenta la historia de los fusilamientos, Carlos le dice que le parece una novela por entregas. Y Walsh dice “este no es un conocimiento, apenas se parece a un conocimiento” y transforma un hecho policial en un hecho político central, lo publica y lo hace circular y la sociedad argentina, mayoritariamente, convierte eso en un balance compartido. El emergente de ese balance compartido es Montoneros, porque la idea de que la muerte de Aramburu se puede separar de los basurales de José León Suárez es incorrecta. Walsh habla, escribe y hace en serio, no es serie, no dicen palabras vacías. Lo que dicen con el pico lo sostiene con el cuero. Hoy el único que habla en serio, y esto es valorado por una buena parte de la sociedad más allá de lo que diga, es Milei. Todos los demás “blablean” y la gente se da cuenta.
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—¿Y a dónde podés ver cristalizado en un hecho o un dato esto que decís?
—Miremos una encuesta, la última publicada sobre la imagen positiva de Milei, de Zuban Córdoba. El presidente tiene una imagen positiva levemente superior a la negativa, que es del 44%. Pero cuando les preguntan a las mismas personas cómo viven hoy y cómo creen que van a vivir en los próximos seis meses, el 66% dice que vive mal y cree que va a vivir peor en adelante. Hagámonos la pregunta lógica: ¿cómo puede ser que si el 66% dice que vive mal y cree que va a empeorar, Milei tenga el 44% de imagen positiva? Si la regla de tres se cumpliera el 66% debería coincidir con la imagen negativa. La respuesta lógica es que la compacta mayoría de ese 66% no cree que se pueda vivir en la Argentina de otro modo, no se imagina otro modo de vivir. Esta es la evidencia de la derrota.
Lo único que se ve desde aquí es una descomposición generalizada y la casta funcionando a pleno, de los dos lados de la grieta. La única salida es deslegitimar este orden político, pero no es lo que yo digo sino lo que la sociedad piensa. Hay un error también en todo esto: creer que la derrota presente o futura de Milei es la derrota del espacio. Pero hay que decir que ese espacio está en ampliación permanente, basta mirar los números que sacó Macri en 2015 y compararlos con los de Milei en 2023 para entender.
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Alejandro Horowicz disertó en Santa Fe invitado por la Fundación Cauces.
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Primero el balance, luego el programa y finalmente los candidatos
—Hablando de perder o ganar elecciones y de cantidad de votos, existe la percepción en los dos espacios mayoritarios de que si juntás los liderazgos, juntás los votos. Localmente, si se juntan los votos de Monteverde, Rossi, Perotti y expresiones menores, se arma algo competitivo y se gana en 2027. Lo mismo si se juntan los sellos y los votos de Cristina, Axel, Massa y Grabois. ¿Qué le dirías a ese programa, a esa idea?
—Que hacen muy mal las cuentas. El error es reducir la política a un juicio moral, el segundo error es creer que los juicios morales no operan políticamente. Cuando yo voy a la góndola del supermercado, no compro lo que quiero sino la oferta que la góndola plantea, lo que no está allí no existe. El sistema de partidos existentes tiene el monopolio de las fuerzas electivas, tienen la góndola y la punta de góndola y la sociedad rechaza este monopolio no votando. Y la casta actúa como si el sostén que aún tiene fuese siempre legítimo y suficiente, porque en el fondo son liberales. Creen que la representación resuelve el problema per se.
—Estás destrozando un montón de corazones peronistas (risas)…
—Lo lamento mucho. Este es el modo de pensar de la compacta mayoría de la oposición, Alberto Fernández fue una modalidad de ese modo de razonar, la unidad peronista no es otra cosa que una unidad electoral con una base de sustentación –hablo de programa, no de votos– muy débil y que además en el gobierno fue el inmovilismo. Tirarle piedras a Alberto Fernández es facilísimo, pero no fue su incapacidad la que marcó el fracaso del Frente de Todos, sino la incapacidad del peronismo de darse una política distinta.
Cristina Fernández formó parte de cuatro gobiernos peronistas en distintos lugares, pero de mucha preminencia; pues bien, descubrió en abril de 2023 que tenía que tener un programa, y esto no sólo es tardío sino grave. ¿Ese descubrimiento fue algo más que un comentario?
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“Alfonsín remachó la continuidad entre la dictadura burguesa terrorista y los gobiernos civiles que la sucedieron”, afirma Horowicz.
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—Pero alguien podría decirte que el programa viene después, cerremos las listas primero.
—Yo escuché eso varias veces y cuando eso se dice es porque el programa es el del FMI, te gobierne quien te gobierne. Si no tengo programa explícito, tengo otro implícito, que son diferentes modalidades basadas en pagar la deuda con el Fondo, que se aplica en Nigeria y en Neuquén con la misma lógica. El FMI no es más que una agencia internacional que te da la plata cuando ya nadie te la presta, cuando el mercado ya no te cree y para que les pagues y punto, resignando autonomía política. En el fondo, los críticos de Milei son críticos de sus formas y le reconocen cierto “trabajo sucio” que había que hacer, no creen en algo realmente distinto.
—Hace poco se supo que un grupo de economistas peronistas están elaborando una propuesta para pagarle al FMI pero con una quita (por deuda ilegítimamente tomada) de unos USD 100.000 millones. Otros dicen que un programa alternativo opositor debería ser decirles a los bonistas que les pagamos a ellos o al FMI para quebrar ese frente de intereses. Nadie habla de no pagar porque no les parece serio. ¿Se están desmarcando en serio o es más de lo mismo?
—Todo eso es más de lo mismo, no creo que emocionen ni convenzan a muchos con esas estrategias, es una continuación no muy creativa de la democracia de la derrota.
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—¿Fue Alfonsín el único que evaluó seriamente desglosar deuda legítima e ilegítima? ¿No hacerlo fue el punto de partida de esta democracia de la derrota?
—En 1982, Khavisse, Basualdo y Aspiazu escribieron un libro enorme: “El nuevo poder económico”. Donde muestran, sin proponérselo, por qué la izquierda atrasa 100 años, demostrando que 30 grupos económicos manejan el 70% del PBI. Si no controlo esto, cualquier utopía es una alucinación. Nadie en 42 años transformó este conocimiento en un programa de acción política. Alfonsín convocó a esos tres notables y les dijo “muchachos, yo sé que ustedes saben cómo se corta el bacalao, necesito que desglosen la deuda que me deja la dictadura militar”. Tal que la deuda legítima es la que declaré impositivamente y lo que no declaré es plata negra girada al interior.
—Estamos hablando de poco más de USD 40.000 millones.
—Exactamente. Esto resuelve dos cosas a la vez: me permite reducir la deuda y requerir que traigas de nuevo la que fugaste sin penalizarlos, pero la ponemos en el Central. Y lo que se decía por entonces que más de la mitad de esa guita era negra. Cuando Martínez de Hoz se va del gobierno, la deuda era de USD 23.000 millones y las reservas del Banco Central eran del mismo monto, lo que hereda Alfonsín es el producto de la estatización de deuda privada y la fuga consecuente de Cavallo y compañía.
Pero Alfonsín claudicó, no discriminó ni replanteó los términos con el Fondo jamás, de hecho, el padre de la democracia echa a Bernardo Grinspun –que no quería hacer lo que tenía que hacer– y termina de redondear personalmente la estatización que iniciara Cavallo en 1982. Y esto es un hecho, Alfonsín remacha la continuidad entre los dos procesos, no es una acusación. Y el final de ese remache es la Constitución de 1994, que no modifica ninguna de las estructuras favorables al bloque de clases dominante, que estableció la dictadura burguesa terrorista y se prolongó en su versión civil.
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Alejandro Horowicz, mano a mano con AIRE durante su paso por Santa Fe.
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—Por un momento imaginemos que te contrata el frente opositor como consultor político y económico y te pregunta qué hacer con el FMI. Sabemos que la deuda es impagable, pero necesito una propuesta alternativa vendible electoralmente.
—Cuando uno tiene un problema económico, tiene dos asuntos claves, conceptuales: el tiempo y la escala. Un elemento económico es competitivo si el tiempo socialmente necesario para producir un bien no es demasiado diferente del tiempo socialmente necesario del mercado mundial. Para que esto suceda tiene que haber inversión. Y el segundo elemento es la escala que determina el grado de especialización de esa estructura económica, tal que podemos resolver el asunto como lo hace Suecia o como lo hace China. El primero tiene un alto nivel de especialización de su proceso productivo, no juega en 20 canchas sino en una sola donde es uno de los cinco mejores. Acá no hay inversión, por lo tanto, no tenemos tiempo y tampoco tenemos escala con un mercado en reducción. Hay que cambiar las dos cosas para salir de este lío, pero lo más fácil es empezar por la escala, ampliándola con un mercado sudamericano.
Para decirlo en otros términos, en Brasil hay fuga pero también hay inversión y la escala de un continente-país permite otra cosa. Tienen reservas que superan su deuda externa. Si nosotros tuviéramos las reservas de un Banco Central del Sud, digamos, el problema entero de la deuda desaparece, la inversión cambia de posibilidad y el funcionamiento cambia de estructura. Si no pasa esto, la agenda diminuta de los partidos políticos no solucionará absolutamente nada.
—Pero primero tengo que ganar las elecciones.
—Eso es igual a “primero hay que ganar la guerra y luego vamos a hacer la revolución” y terminas perdiendo la guerra y haciendo ninguna revolución. Un programa político es un balance compartido de una sociedad, es decir una amplia mayoría saca las conclusiones apropiadas de un hecho clave y determinado. La Argentina no tiene un balance político sobre María Estela Martínez de Perón, sobre la lucha guerrillera de los 70s y tampoco sobre Menem.
—Pero tiene una serie y muchos artículos que lo romantizan, que rescatan ribetes pintorescos y personales.
—Pero romantizar el menemismo es romantizar el estallido del 2001, sobre el que tampoco tenemos un balance. No hay victoria política sin eso, en 1973 el gorilismo había quedado reducido a su mínima expresión, Balbín no era gorila y decide no serlo y el precio fue que Manrique se quedó con 2 millones de votos que el “Chino” regala porque se posiciona como un jefe político con mirada estratégica. El hombre que fue preso con Perón, se sienta con Perón. Ese es el balance compartido que se termina en 1974. Desde allá hasta acá no se pensó colectivamente nada.
—¿El gobierno libertario se autodestruye? ¿Milei depende de la fortaleza o de la debilidad del peronismo?
—Milei depende de sí mismo, el que cree que la caída del gobierno lo favorecerá automáticamente piensa que está jugando a la ruleta, apostando todo el tiempo al cero hasta ganar en algún momento. Yo siempre pensé que ningún programa político es la invención de cinco tipos inteligentes, yo soy personalmente un decisionista y no un resultadista, la calidad de mi decisión no se mide por el resultado inmediato que produce.
Lo que te me preguntan habitualmente no es cómo se cambia un orden político sino cómo se ganan las elecciones y eso no es una sucesión encadenada. No se trata de mostrar los dientes o no en un afiche, el color del traje, con o sin corbata o qué discurso charlatanear. Ya nadie cree en eso, además.
Sólo cuando se construye hay aprendizaje y eso siempre es de abajo hacia arriba. O yo espero que aparezca un jefe que nos va a salvar o confío en mis propias y limitadas fuerzas personales y sociales. Es lo que aprendo con los demás en una práctica distinta y compartida. Es nos va a dar el conocimiento como un punto de llegada, no de partida, un balance compartido que la sociedad argentina debe mayoritariamente hacer.
Los que pasivamente rechazan este orden político son mi auditorio real, los otros no porque siguen buscando un jefe en lugar de entender que el jefe es el resultado de una política común.
—En Santa Fe los niveles de ausentismo, junto a los de Chaco, fueron récords nacionales, pero algunos ganaron y otros perdieron. ¿Cómo viste ese fenómeno, te gusta una democracia en donde alguien con el 17% de los votos gobierne a millones?
—Claro que no, el que gana con el 17% no puede hacer nada, aunque sea el mejor de la oferta electoral. Sólo podrá gobernar apañado y a favor del poder real porque no tiene sustento electoral suficiente. La correlación de fuerzas es una derrota cantada, para acompañar el modelo que definen los grupos de poder nacionales y locales, con alguna variación menor. Por ahora la clase política enfrenta esta crisis reproduciendo el modelo que lo lleva a la crisis, tendrán victorias estadísticas y no mucho más.