Si a las calles y pasillos de los barrios periféricos más postergados, repletos de olorienta agua servida, sin cloacas, agua potable, oscuros por la ausencia de alumbrado, se le suma un cadáver arrojado en un volquete, la realidad se presenta perturbadora.
Esa postal vieron los vecinos el viernes 4 de enero de 2018 a la mañana en Felipe Moré y Gaboto, cuando un hombre llamó al 911 por el hediondo olor que emanaba de un volquete. Adentro, el cadáver de una mujer joven estaba envuelto en una alfombra, incinerado.
Unas horas antes del hallazgo y a la vista de algunas personas del barrio, se vio a un hombre acarrear en un carro un bulto tapado por ese pedazo de tela grueso, y un bidón de gasoil para prenderle fuego.
El cuerpo en el volquete luego fue identificado como el de María del Rosario, madre de cuatro niños de 2, 3, 6 y 8 años. Se había separado del padre de los chicos hacía tres meses. Y como no tenía trabajo se las arreglaba con los 4 mil pesos mensuales de un plan social.
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No tenía muchas opciones, y se mudó a una precaria casa recostada sobre la vía paralela a Felipe Moré, casi Amenábar. Un día antes de aparecer muerta envió un mensaje que decía: “si no vuelvo antes de las ocho vayan a hacer la denuncia”. Estaba sola porque los hijos se habían quedado con el padre, un hombre con algunos conflictos con la ley.
Cuando los noticieros y las radios dieron a conocer el hecho esa misma mañana, los hermanos y familiares de “Sico”, como le decían cariñosamente a María del Rosario, fueron hasta la comisaría 19ª para hacer una denuncia por averiguación de paradero.
Pero allí los policías los remitieron a la Fiscalía Regional. Luego, una hermana y una sobrina la reconocieron en el Instituto Médico Legal (IML) por la ropa que llevaba puesta. Le habían atado una soga gruesa al cuello con dos piedras en los extremos. La autopsia determinó que fue asfixiada con un doble mecanismo de estrangulación y sofocación. También tenía golpes previos o simultáneos en los brazos y el tórax.
“Mi tía era muy reservada y es poco lo que sabemos de su entorno o amigos. Queremos que se sepa quién le hizo esto, que haya justicia. No queremos que quede como el caso de «la piba del volquete» y no se investigue porque era pobre. Que la persona que hizo esto lo pague. Ella no merecía un final así”, rogaron en ese momento los familiares.
Amenazada por soldaditos
La última vez que la vieron con vida fue el 3 de enero de 2018, cuando pasó a visitar a su mamá, se bañó, y dijo que debía ir a cuidar a su pareja, un policía al que conocía como “Martín”, que estaba internado en el hospital de Emergencias Clemente Alvarez (Heca).
Al rato dejó a sus cuatro hijos con el padre y le pidió que los cuidara si ella no regresaba. “Avisale a Pitu que si no llego para las ocho llame a la policía y haga la denuncia”, le advirtió a su ex cuñada. Y según ese testimonio, manifestó tener “miedo” porque la seguían los “soldados de Martín”. Por ese entonces se deslizó que el hombre se había quedado con droga de un operativo y buscaba donde esconder la mercadería.
Cuando la investigación avanzó, quedó en la mira el policía del Comando Radioeléctrico (CRE) identificado como Andrés Nicolás Miguez, de 32 años. La víctima había subido sus fotos a la cuenta de Facebook. El agente se presentó espontáneamente en la Fiscalía después del femicidio y lo imputaron como supuesto instigador.
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Sin embargo el agente negó un vínculo sentimental con Vera. Argumentó que la había conocido cuando ella denunció al ex marido por violencia de género. Entonces la Fiscalía entendió que no había sustento para seguir con la acusación, y su situación procesal desembocó en una resolución de archivo.
La otra pista era el llamado al 911 que hizo el vecino alertando del hallazgo del cadáver, y los probables testigos que vieron al hombre empujar la carretilla que llevaba el cuerpo de la chica, a plena luz del día.
En la boca del lobo
Esas personas no dudaron en señalar a Néstor Hugo Sánchez, a quien apuntaron como vendedor de drogas, y en cuya casa fue cometido el crimen. El hombre fue detenido un mes después. Es que en el lazo que rodeaba el cuello de la víctima, en su bombacha y debajo de las uñas se detectó el ADN de tres personas.
Una era de Sánchez, que dio positivo en el cotejo con las muestras de la ropa interior. Pero en esa prendas también se halló material genético de otra persona. Un vecino aportó que la tarde anterior vio llegar a la casa de Hugo a una chica de “calza gris con una mochila celeste”, luego ingresó otro hombre de borcegos y pantalón cargo azul o negro.
Recordó que a la mañana siguiente Sánchez le pidió un carro con ruedas de moto a un vecino, y se fue al volquete con un bidón de gasoil. Tras el hallazgo del cuerpo, se acercó a mirar y reconoció la alfombra “como la que Hugo tenía en su patio y que había trasladado horas antes en la carretilla”.
Tomando mates tras el crimen
El testigo vio fotos de María del Rosario en el noticiero y la reconoció como la chica que había estado charlando con su vecino. “Me indignó que luego de prenderle fuego estuviera tomando mates en la vereda como si nada”. También aportó que en la casa estaba el ex cuñado de Sánchez, apodado “Noventa”.
Otra persona apuntaló esa versión. Contó que el 3 de enero a la tarde vio a la chica tomando mates con Sánchez frente a la casa. “Al otro día veo en el patio de Hugo el cuerpo de la chica envuelta en una sábana blanca, atada de pies y manos. En el cuello tenía una soga, como ahorcada. Tenía calzas bajas a la altura de las rodillas y una remera tipo top negra”.
Al año fue detenido el ex cuñado de Hugo, Alberto Martín Sánchez, de 37 años, quien en ese momento estaba herido por producto de un enfrentamiento a balazos en una disputa por venta de drogas. Para los investigadores, ese podría haber sido el “Martín” de cuyos soldaditos dijo que escapaba María del Rosario.
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El tercer acusado fue apresado en marzo de 2019. Se trata de Nahuel Segovia, de 30 años. El propio Néstor Sánchez lo involucró en el hecho, lo cual sumado al reconocimiento de un testigo lo comprometió seriamente en el caso.
El año pasado el fiscal de la unidad de Homicidios Alejandro Ferlazzo acusó a los tres de cometer un homicidio calificado por mediar violencia de género, “con el objetivo de someter sexualmente a María del Rosario, aprovechando su situación de vulnerabilidad y procurando impunidad al descartar el cuerpo”.
Con dolor a cuestas al revivir toda la situación, los familiares, allegados, amigos de la joven asesinada se congregaron ayer en el Centro de Justicia Penal de Rosario para exigir justicia en el inicio del juicio oral y público contra los tres acusados del cruento femicidio.
Vulnerabilidad y sometimiento
“Toda la familia exigimos justicia, queremos que esto no quede impune”, remarcó a Aire Digital Fernanda de Melo, sobrina de la joven asesinada. Su mamá Ramona, hermana de María del Rosario, declaró en la primera jornada del debate.
La mujer contó que uno de los testigos claves del caso atestiguó frente a los jueces. Si bien esa persona aclaró que “no vio cuando mataron a su hermana” sí la observó sentada en la puerta de la casa de Hugo Sánchez el día anterior, y reconoció que los otros dos acusados estuvieron en la vivienda. “Este hombre contó que Sánchez le fue a vender un celular que era de mi hermana”, después ya no la vio más hasta encontrarla en el volquete.
En el alegato de apertura del juicio, el fiscal Ferlazzo solicitó la pena de prisión perpetua para Néstor Hugo Sánchez, para su ex cuñado Alberto Martín Sánchez, y para Nahuel Segovia.
Ante los jueces Rodolfo Zvala, María Isabel Más Varela y Rafael Coria intentará probar que fueron coautores del delito de homicidio calificado por mediar un contexto de género, con el objetivo de “someter sexualmente a María del Rosario, aprovechando su situación de vulnerabilidad y procurando impunidad al descartar el cuerpo”.
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