Nuevo robo y destrozos en la escuela Paz, Pan y Trabajo: "Nos sentimos solas, ya no alcanza con poner rejas"
Delincuentes ingresaron y destrozaron la escuela ubicada en el sur de la ciudad. Los docentes denuncian abandono y exigen soluciones urgentes.
Las consecuencias del robo afectan directamente a más de 200 alumnos entre nivel primario y secundario, que comparten el mismo edificio y que hoy quedaron sin clases.
La comunidad educativa de la Escuela Particular Incorporada N° 1304 "Paz, Pan y Trabajo" volvió a ser golpeada por la inseguridad.
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El domingo por la madrugada, delincuentes ingresaron al edificio escolar ubicado en San Jerónimo, entre Amenábar y Entre Ríos, y provocaron robos y daños significativos, obligando a suspender las clases por tiempo indeterminado.
No es la primera vez. En el verano ya habían sufrido un hecho similar. Pero esta vez, el malestar es más profundo. Las directoras de los niveles primario y secundario, Marina Naigelen y Valeria Roscof, expresaron su angustia, cansancio e impotencia ante la repetición de hechos delictivos que exponen la fragilidad estructural de la escuela y la falta de respuesta de las autoridades.
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"Romper el vidrio del comedor fue lo de menos. Entraron nuevamente, esta vez por un tapial que ni siquiera es nuestro. Ya reforzamos accesos, pusimos rejas, herraduras, cámaras, alarmas. Lo que se puede hacer con beneficios y a pulmón lo hicimos. Pero seguimos expuestas", explicó Naigelen.
Según detalló, los intrusos accedieron desde un estacionamiento lindero, frente a la Casa de Gobierno. La escuela está rodeada de organismos estatales, pero su seguridad no está garantizada.
"No somos nosotras quienes debemos explicar cómo nos tienen que ayudar. Ya no se trata solo de poner rejas, hay soluciones de fondo que no llegan", subrayó la directora.
Las consecuencias del robo afectan directamente a más de 200 alumnos entre nivel primario y secundario, que comparten el mismo edificio y que este lunes quedaron sin clases. El daño material no es menor, pero lo que más pesa es el agotamiento emocional.
"No vivimos en descanso desde el verano. Nos turnamos para hacer guardias, estamos atentas a las alarmas, a las cámaras, haciendo malabares con lo que tenemos. Y sentimos que nada alcanza. Que estamos solas", dijo Naigelen, visiblemente afectada.
La escuela había logrado volver a la jornada completa recientemente, aunque con limitaciones, debido a la falta de infraestructura eléctrica adecuada. Ahora, esa rutina se corta otra vez por un hecho evitable, si se hubieran tomado medidas a tiempo. "Nosotras no manejamos burocracia, trabajamos con personas, con chicos. Pero del otro lado parece que todo se mueve lento, sin urgencias", añadió.
En medio de la bronca y el dolor, las docentes destacaron el acompañamiento de las supervisoras, aunque admiten que también ellas tienen un alcance limitado. "La educación debería ser una prioridad, pero estamos más ocupadas en reforzar accesos que en enseñar. Y eso duele", cerró Naigelen.








