Marcelo Bailaque quedó contra las cuerdas: su contador se declaró como arrepentido y va a revelar los secretos de su crecimiento patrimonial

Gabriel Mizzau le llevaba las cuentas al exmagistrado y al narco Esteban Alvarado. Aceptó su culpabilidad y se convirtió en imputado colaborador. La decisión sacudió la audiencia de control de acusación contra el Marcelo Bailaque, que está cada vez más cerca del juicio oral.

El exjuez federal Marcelo Bailaque.

El exjuez federal Marcelo Bailaque.

El 11 de junio de 2024, AIRE reveló en exclusiva que el contador Gabriel Mizzau tenía un trabajo particular: le llevaba las cuentas al exjuez federal de Rosario Marcelo Bailaque, quien era su amigo de la infancia, y al narcotraficante Esteban Alvarado. Y además que Sebastián Mizzau, el hijo del contador, trabajaba en el juzgado de Bailaque, que en ese momento debía investigar al capo narco por lavado de dinero.

A partir de está publicación la situación judicial de Bailaque comenzó a complicarse. Lo empezó a investigar el Consejo de la Magistratura y también un grupo de fiscales, que encontraron otras puntas para avanzar. Bailaque renunció a su cargo y quedó detenido en su domicilio.

Este miércoles en una audiencia surgió algo que descolocó al propio exmagistrado: su amigo Gabriel Mizzau admitió su culpabilidad (de esa manera ratificó todo lo publicado por AIRE) y a cambio de ese acuerdo judicial se comprometió a revelar información sobre el patrimonio de Bailaque.

La novedad produjo conmoción dentro y fuera de la sala de la Cámara Federal de Rosario, donde el vocal Aníbal Pineda presidía el acto. El fiscal jefe de la Procuración de Narcotráfico, Diego Iglesias, reveló que Mizzau había suscripto horas antes un acuerdo pleno en el que reconoce su culpabilidad, con pena definida y a homologar más adelante, además de un convenio de colaboración como imputado en el marco del artículo 41 ter del Código Penal, que admite el aporte de información relevante a cambio de una reducción de la pena.

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Gabriel Mizzau le llevaba las cuentas al exjuez federal Marcelo Bailaque, quien era su amigo de la infancia.

Gabriel Mizzau le llevaba las cuentas al exjuez federal Marcelo Bailaque, quien era su amigo de la infancia.

Esta causa se originó después de que AIRE revelara el 11 de junio pasado que Bailaque compartía contador con el jefe narco que debía investigar, y que, además, el hijo de Mizzau había ingresado a trabajar en el juzgado federal N°4, a cargo de este exmagistrado, que tenía a su cargo una pesquisa por lavado de dinero contra Alvarado. Esta revelación provocó que los fiscales empezaran a investigar a Bailaque.

"Mizzau aportó información de carácter patrimonial que nos permite avanzar en casos conexos. Reconoció los hechos y la calificación jurídica", aseguró Iglesias. La audiencia de control de acusación contra Mizzau, en consecuencia, fue declarada abstracta: ya no tiene sentido discutir si hay mérito para ir a juicio cuando el propio acusado admitió su responsabilidad.

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Mizzau estaba acusado de lavado de activos por haber prestado asesoramiento contable al entramado societario que montó Alvarado desde 2014 en adelante. Las empresas Logística Santino, Sagrado Corazón de María, Toia y Edra funcionaban como pantallas del narco. Con esas empresas legales el jefe criminal pretendía blanquear su economía. Acumuló una fortuna a partir de que Bailaque, en la justicia federal, no lo investigaba. La primer condena contra Alvarado, fue en el fuero provincial, luego de que los fiscales Luis Schiappa Pietra y Matías Edery reseñaran toda la red de violencia y de distribución de droga que tenía montada Alvarado desde hacía más de una década.

Mizzau firmó los balances, gestionó habilitaciones municipales y nunca hizo reportes de operaciones sospechosas. Todo eso, mientras le llevaba al mismo tiempo las cuentas al juez que tenía en sus manos la causa contra Alvarado. En la nota publicada por LA NACION en 2024, Bailaque reconoció que Mizzau era su contador, pero que desconocía que asesorara a la par al narcotraficante.

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Una trama de corrupción judicial sin precedentes en la historia de Rosario

A partir de esa publicación, la situación de Bailaque comenzó a desmoronarse. El Consejo de la Magistratura, que ya había abierto un sumario disciplinario en abril de 2024, aceleró la investigación. En paralelo, los fiscales federales avanzaron con las imputaciones. En noviembre de ese año se formalizó la investigación penal. El 30 de abril de 2025, el juez de Garantías Eduardo Rodrígues Da Cruz le dictó la prisión preventiva por 90 días, con la salvedad de que no podía hacerse efectiva mientras conservara los fueros. Bailaque fue acusado de prevaricato, abuso de autoridad, allanamiento ilegal, falsedad ideológica de documento público, extorsión, recepción de dádivas y lavado de activos.

Acorralado, el exmagistrado presentó su renuncia en junio de 2025. El gobierno de Javier Milei la aceptó el 30 de ese mes. A partir del 1° de julio, Bailaque quedó detenido en su domicilio.

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Mizzau no es el primero en quebrarse. Antes lo hizo Carlos Vaudagna, extitular de ARCA en Rosario, que en marzo de 2025 se presentó como arrepentido y admitió que en una cena en el quincho de Bailaque se había planificado el armado de una causa falsa contra el empresario Claudio Iglesias. El objetivo era extorsionarlo: Iglesias terminó pagando 140.000 de los 200.000 dólares que le exigían, en reuniones con el financista Fernando Whpei en las oficinas del Museo de la Democracia, en pleno centro de Rosario.

También Whpei, titular del Grupo Unión y otro de los amigos del exjuez, se plegó a la figura de colaborador. Sus revelaciones comprometen a Bailaque en el manejo irregular de los fondos de la Cooperativa de Estibadores de Puerto San Martín, donde el magistrado permitió el giro de más de mil millones de pesos hacia una mutual controlada por Whpei, en lugar de una entidad regulada por el Banco Central.

Con tres arrepentidos que declaran en su contra —Vaudagna, Whpei y ahora Mizzau—, el cerco sobre Bailaque se cierra. Los fiscales federales Diego Velasco, Juan Argibay Molina y Federico Reynares Solari presentaron en febrero de 2026 tres acusaciones formales y solicitaron una pena de 10 años de prisión, cinco de inhabilitación especial para ejercer cargos públicos, cinco de inhabilitación absoluta y multas. En el escrito, que supera las 200 páginas, los representantes del Ministerio Público Fiscal calificaron las conductas atribuidas a Bailaque como "un supuesto paradigmático de corrupción estructural en el seno del Poder Judicial".

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El capítulo más grave de la acusación contra Bailaque se vincula con su actuación en la causa contra Alvarado. En 2013, la Policía de Seguridad Aeroportuaria presentó informes que señalaban al narco y a su socio Luis Medina, que fue asesinado en diciembre de ese año. El entonces fiscal Marcelo Di Giovanni pidió intervenciones telefónicas. Bailaque las rechazó o las demoró hasta once meses. Esa pasividad fue clave para que Alvarado consolidara su poder criminal. En esos nueve años en que la Justicia federal no avanzó contra él, Alvarado acumuló una fortuna, controló el negocio del narcotráfico en Rosario y dejó un tendal de asesinatos.

Recién en 2019, cuando Alvarado ya había sido detenido por fiscales del fuero provincial y su carrera criminal estaba en ruinas, Bailaque lo procesó. Fue condenado a prisión perpetua por la justicia provincial y a 15 años por el fuero federal.

La decisión de Mizzau de colaborar con la Justicia aporta, según indicaron los fiscales, información patrimonial que permite avanzar en causas conexas. El hombre que durante años operó en la zona gris donde convergían la justicia y el narcotráfico ahora habla. Lo que diga tiene el potencial de revelar ramificaciones que exceden la figura de Bailaque e iluminan un sistema de funcionamiento que contaminó durante años a la justicia federal de Rosario.

El juicio oral, que los fiscales esperaban que comenzara en el primer semestre de 2026, es ahora inminente. Bailaque sigue detenido en su domicilio. La causa que empezó con la revelación de un vínculo contable entre un juez y un narco terminó exponiendo una trama de corrupción judicial sin precedentes en la historia de Rosario.

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