jueves 22 de abril de 2021
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Los celulares en las cárceles, una herramienta para matar

Según las investigaciones judiciales, la mayoría de las ejecuciones se ordenan desde las prisiones de Santa Fe y Rosario. El gobierno instalará escáneres e inhibidores de señales para impedir que los jefes de las bandas sigan controlando sus organizaciones desde los pabellones.

El 6 de agosto pasado, Brandon Bay, un narco que maneja una especie de franquicia de Ariel “Guille” Cantero, líder de Los Monos, ordenó atentar contra un kiosco donde se vendía drogas en el norte de San Lorenzo. Los sicarios dispararon donde el jefe de Los Gorditos les apuntó, pero mataron a Rodrigo Gigena, de 26 años, que no tenía nada que ver con esta historia del negocio de las drogas en el barrio Norte de San Lorenzo. La orden partió desde el penal de Coronda, donde Bay cumple una condena a cinco años de prisión por tentativa de homicidio, asociación ilícita, amenazas y otros delitos. En marzo pasado fue imputado por este crimen.

Bay quedó ligado a fines del año pasado a la aparición de dos cuerpos descuartizados y distribuidos en contendedores de residuos en el sur de Rosario. Escuchas telefónicas a Bay señalaron que envió un audio a su cuñado un tiempo antes de que se encontraran los cadáveres en el que decía “fijate como los voy a cortar en pedazos”. “No, uno me voy a llevar…te mando un video con una motosierra, fíjate como lo voy a cortar en pedazos bien a lo mexicano, le voy a dar”, se escuchaba a Bay desde la cárcel.

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Guille Cantero, el jefe de Bay, suma más de 62 años de condenas. Pasará gran parte de su vida en la cárcel. Pero fue allí, en la prisión, donde cometió más delitos que en libertad. Y lo hizo con la protección del Estado, que resguarda su vida en un penal.

Como sucede en otros países cercanos, como Brasil y Paraguay, donde el crimen organizado se transformó en un problema serio, la mayoría de los jefes narco de Santa Fe y Rosario están presos, pero desde las prisiones siguen al frente de sus bandas, dando órdenes, que incluyen a quién ejecutar. La justicia descarga las culpas en el Servicio Penitenciario, que no controla el ingreso de los teléfonos celulares.

El Gobierno provincial decidió avanzar en este plano, con la adquisición de tecnología del INVAP para impedir el ingreso de celulares, drogas y armas a los penales.

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El secretario de Asuntos Penales y Penitenciarios de Santa Fe, Walter Gálvez, anunció –en diálogo con Aire de Santa Fe- que las tres cárceles más populosas, como Coronda, Piñeiro y Las Flores, contarán con "body scanners" para detectar elementos que puedan entrar escondidos a las penitenciarias. También se instalarán inhibidores de señal para bloquear las comunicaciones con celulares.

“El sistema de body scanner es el que se utiliza en algunos aeropuertos. Son aparatos especiales por los cuales pasan las personas y detectan la presencia de objetos. Esto nos brindará muchas posibilidades que hoy no tenemos en requisas de visitas y de empleados del Servicio Penitenciario. Los celulares, la droga y todo lo demás no caen del cielo. Ingresa por algún lugar y con estos sistemas podremos ir neutralizando esta situación”, afirmó el funcionario. También se comprarán escáneres móviles para utilizarlos en las requisas en los pabellones.

"El martes pasado tuvimos una reunión con toda la línea gerencial del Invap para que desarrollen los body scanner, que son parecidos a los provistos a la Policía de Seguridad Aeroportuaria (PSA). Sin tecnología es imposible combatir el delito dentro de las cárceles", apuntó Gálvez.

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"Si entra un ladrillo de marihuana a la cárcel es porque adentro hay fraccionamiento, distribución y venta. Se mueve mucho dinero en los paneles", comentó el secretario de Asuntos Penales y Penitenciarios de Santa Fe, y agregó que “la droga y los celulares entran a las cárceles en un 95 por ciento porque los ingresan las visitas o trabajadores penitenciarios".

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El secretario de Asuntos Penales y Penitenciarios de Santa Fe, Walter Gálvez, anunció –en diálogo con Aire de Santa Fe- que las tres cárceles más populosas, como Coronda, Piñeiro y Las Flores, contarán con

El secretario de Asuntos Penales y Penitenciarios de Santa Fe, Walter Gálvez, anunció –en diálogo con Aire de Santa Fe- que las tres cárceles más populosas, como Coronda, Piñeiro y Las Flores, contarán con "body scanners" para detectar elementos que puedan entrar escondidos a las penitenciarias.

Gálvez advirtió que hay connivencia con el delito dentro de los penales, donde internos están sospechados de instigar balaceras, amenazas y asesinatos. Contó que a veces los presos de alto perfil preparan "un Whatsapp" en su teléfono y los empleados penitenciarios los llevan a un área con señal para que lleguen a destino.

"Hay un negocio fenomenal detrás de las fallas de los controles. Hay empleados fieles e infieles. De enero a la fecha secuestramos 1.600 teléfonos en requisas propias y en otras instruidas por fiscales", afirmó.

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En las investigaciones de crímenes con sello narco se repite un patrón: las órdenes para ejecutar a la víctima provienen desde las cárceles de Santa Fe. Sucedió el 21 y 23 de febrero pasado, cuando sicarios ejecutaron primero a Javier Procoop, a quien presuntamente confundieron con su hermano Marcelo, que fue asesinado tres días después en el sepelio de su hermano en el cementerio San Lorenzo de Villa Gobernador Gálvez.

La orden para matar a estos dos hombres, según la investigación del fiscal Gastón Ávila, partió desde la cárcel de Piñero de un lugarteniente de Ariel Cantero, líder de Los Monos, que está detenido en la prisión de Marcos Paz. La trama detrás de las muertes es el mercado de cocaína de Villa Gobernador Gálvez, donde aún quedan restos del clan Bassi, enemigos históricos de Los Monos.

En las cárceles las órdenes se dan a través de Smartphone, ya no a través de llamadas, sino por aplicaciones de mensajería como Whatsapp, Telegram y Signal, entre otras, por lo cual las intervenciones telefónicas ya no tienen mucho sentido. Las investigaciones se hacen más complejas. Sin el aparato móvil los fiscales no pueden acceder a la información que tiene el teléfono.

El incremento de las requisas y allanamientos en las cárceles tienen como objetivo neutralizar el esquema de comunicación que funciona intramuros de manera aceitada. Lo usan los jefes de las principales bandas de Rosario están tras las rejas, como Los Monos, los Funes, los Camino, Alvarado, Bay, entre otros. Pero cada vez es más complicado hallar teléfonos que sean importantes para las pesquisas. “Muchas veces los teléfonos que se secuestran están en desuso o son destruidos a propósito”, contó una alta fuente policial.

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El sistema de body scanner es el que se utiliza en algunos aeropuertos. Son aparatos especiales por los cuales pasan las personas y detectan la presencia de objetos. Esto brindará muchas posibilidades que hoy no se tiene en requisas de visitas y de empleados del Servicio Penitenciario.

El sistema de body scanner es el que se utiliza en algunos aeropuertos. Son aparatos especiales por los cuales pasan las personas y detectan la presencia de objetos. Esto brindará muchas posibilidades que hoy no se tiene en requisas de visitas y de empleados del Servicio Penitenciario.

En julio pasado, allanaron tres veces el pabellón Nº9 donde está alojado el narco peruano Julio Andrés Rodríguez Granthon, sospechado de estar detrás del crimen del exconcejal Eduardo Trasante, ejecutado dentro de su casa. Los allanamientos tenían como objetivo secuestrar los teléfonos de Granthon para confirmar si había dado órdenes para matar a Trasante. minutos antes que entraran los efectivos policiales el narco peruano destruyó su móvil. Lo hizo dos veces. El aparato se tuvo que enviar a la Policía Federal en Buenos Aires para que se pudiera recuperar la información.

La situación de las cárceles de Santa Fe es problemática desde hace tiempo. En sólo cinco años la sobrepoblación de presos aumentó de manera drástica. Aunque los delitos más comunes, como los robos siguen en un promedio similar de 46.000 por año –según datos del Ministerio de Seguridad de la Nación-, la cantidad de presos se duplicó, cuando se puso en funcionamiento el nuevo sistema procesal penal que le dio mayor rapidez y fluidez al tratamiento de los casos.

En 2014 la capacidad del sistema penitenciario provincial era de 2.839 internos y en los penales santafesinos había en diciembre de ese año 2.818 internos. La población pasó en febrero de 2020, cuando llegó al pico de mayor cantidad de presos, a 6.715 internos, según datos oficiales del Servicio Penitenciario.

En sólo dos años, entre 2014 y 2016, se sumaron 1.626 presos, a un promedio de dos por día. En ese momento la cantidad de detenidos alcanzó los 4.465. El espiral de ingresos a las cárceles no se detuvo hasta ahora, con una población carcelaria joven, que en un 80 por ciento está entre la franja de 18 a 32 años, con un rasgo particular del perfil de recluso: en su mayoría es debutante en materia delictiva, según señaló Gálvez. A estos presos más nóveles se sumaron desde 2014 los principales jefes de bandas narco, que hoy son los que ordenan con sus teléfonos las ejecuciones.