Gisela Fiamaca tenía 26 años y era madre de dos hijos. Falleció el 19 de julio de 2020 tras recibir una puntada en el corazón, en su vivienda de barrio Santa Rosa de Lima. Su pareja, Gustavo Ponce de León, enfrenta un juicio oral y público acusado como único responsable del femicidio.
La acusación es sostenida por el fiscal de la Unidad de Homicidios, Estanislao Giavedoni, quien adelantó que pedirá que Ponce de León sea condenado a prisión perpetua. En tanto, el acusado es asistido por el abogado defensor particular, Ignacio Alfonso Garrone, quien adelantó que no existen pruebas para sostener que Ponce de León fue el autor del ataque.
El juicio se desarrolla en la sala 6 de los tribunales santafesinos ante el tribunal conformado por los jueces Gustavo Urdiales, presidente, Pablo Busaniche y Octavio Silva. Ponce de León llega al juicio en prisión preventiva, acusado como autor del delito de autor de homicidio doblemente calificado: por el vínculo y por mediar violencia de género – femicidio.
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Un puntazo al corazón
Gisela falleció como resultado de una herida cortopunzante en la zona del hemitórax izquierdo. El médico forense que realizó la autopsia precisó que esa herida le generó una lesión perforante en el ventrílocuo izquierdo del corazón que provocó un taponamiento cardíaco.
Además de esa herida que le causó la muerte, el cuerpo de Gisela presentaba otras lesiones: una escoriación en un mentón, una lesión en la muñeca y un moretón en un hombro, coincidente con una mordida. Finalmente, el testigo precisó que la herida mortal fue ocasionada de adelante hacia atrás, de arriba hacia abajo y de izquierda a derecha, y que de ninguna manera podía tratarse de una lesión autoinflingida, es decir, tuvo que ser causada por otra persona y no por la propia víctima.
Una víctima aguerrida y silenciosa
Luego declararon las profesionales que conforman el equipo interdisciplinario de la AIC, a quienes se les encargó elaborar un informe para conocer cómo era el vínculo entre Gisela y Gustavo, y si existían indicadores de violencia de género. El equipo está conformado por una trabajadora social, una psicóloga y una psiquiatra, quienes realizaron entrevistas semidirigidas con los familiares de Gisela, de Gustavo y con la persona que les alquilaba la habitación en la que vivían.
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La primera en declarar fue la trabajadora social, quien dio detalles sobre Gisela y su vida: la joven nació en una familia numerosa, con carencias y con un padre que abusaba del alcohol y que era violento con su madre; además tenía dificultades con el aprendizaje por lo que no terminó la escuela primaria. La testigo manifestó que a los 16 años Gisela estableció una relación con un hombre algunos años mayor que ella, con quien tuvo un hijo. Este hombre era violento con Gisela y la familia lo sabía; sin embargo, la joven era reservada, con pocas amistades y no solía manifestar lo que ocurría.
En cuanto a la situación de Ponce de León, también había nacido en una familia numerosa y al igual que el padre de Gisela, abusaba del consumo de alcohol y consumía cocaína. Esto generaba conflicto y discusiones en la pareja. La profesional detalló que Gisela no era una víctima sumisa, sino que tenía opiniones fuertes y se hacía escuchar; en este sentido, los familiares de Gisela manifestaron que en el último tiempo la joven quería separarse porque estaba cansada.
La psicóloga amplió en relación a este punto: la relación de Gisela y Gustavo estaba basada en estereotipos de género, generados desde las familias de cada uno de ellos, donde la mujer tiene el rol de cuidado –de los hijos, del hogar, de la pareja–, y el hombre tiene el rol de castigo. Gisela se había cansado de ocupar ese rol, de cuidar a su hijo, al hijo en común con Gustavo y a los hijos de Gustavo, mientras él salía y malgastaba el dinero que tanto les costaba ganar.
El carácter fuerte y confrontativo de Gisela, una mujer proactiva, que no le gustaba mostrarse vulnerable ante su familia, generaba conflicto en la pareja y además rompía el prototipo de la víctima de violencia de género, porque ella no era dócil y también podía ser agresiva, precisó la testigo. Además, la psicóloga precisó que por su historia familiar, Gisela aceptaba y toleraba conductas violentas, y que la violencia era entendida como una herramienta válida para la resolución de los conflictos; esta situación, sumada a su escasa escolaridad, habían hecho que Gisela no contara con los recursos simbólicos necesarios para advertir esta situación y poder salir de ella.
Por último, la psiquiatra se refirió a las conclusiones arribadas en el informe; la profesional precisó que se encontraron indicadores de violencia, y lo presentó en indicadores en Gisela, indicadores en Gustavo e indicadores en la dinámica de la pareja.
La testigo retomó el rol de cuidadora de Gisela dentro de la pareja, la dependencia emocional, las lesiones físicas que Gisela callaba cuando le preguntaban qué le había pasado, el aislamiento y la tendencia a callar o a justificar; los indicadores en Gustavo también se manifestaban en la construcción sobre el “ideal de familia”.
En cuanto a los indicadores en la dinámica de la pareja se encontraba la violencia económica, el abuso en el consumo de sustancias, las discusiones, la intención de Gisela de separarse, su cansancio como única responsable del cuidado de los hijos.
Agenda
El juicio continuará en jueves con la declaración de más testigos citados en la causa. Según cómo se desarrolle la jornada se definirá cuándo se realizarán los alegatos de clausura y cuándo se conocerá la sentencia.
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