“Se me fue la mano con Cecilia”, manifestó Sebastián Maschio ante los policías de la División de Trata de Personas que lo habían arrestado cuando aún se buscaba a Cecilia Burgadt. Estas palabras fueron reproducidas en la segunda jornada de juicio por la actual jefa de la división, Angela Bruschini, quien al momento de los hechos era responsable de la investigación y fue citada como testigo en el debate.
El juicio por el femicidio de la enfermera Cecilia Burgadt comenzó este lunes en la sala 1 de los tribunales santafesinos, ante el tribunal conformado por los jueces Gustavo Urdiales, Leandro Lazzarini y Pablo Ruiz Staiger. La acusación es llevada adelante por los fiscales de homicidios Andrés Marchi y Ana Laura Gioria, y las abogadas querellantes Vivian Galeano y Laura Gerard, del Centro de Asistencia Judicial a la Víctima. En tanto, Maschio es representado por Javier Casco, del Servicio Público de la Defensa Penal.
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"Se me fue la mano"
Entre los policías y peritos que declararon este martes en la segunda jornada del juicio a Maschio, declaró la actual jefa de la sección de Femicidios y subjefa de Investigación de la División de Trata de Personas, Angela Bruschini. Al momento del crimen de Burgadt la testigo se desempeñaba como R.P.I. - responsable de investigación-.
Bruschini explicó que cuando tomó intervención la agencia era por la denuncia por búsqueda de persona que habían radicado las hijas de Burgadt. Bajo las órdenes del fiscal Marcelo Fontana se dispuso el arresto de Sebastián Maschio, quien, ante la testigo y los jefes de la División manifestó de manera espontánea que quería colaborar, aportó una dirección y dijo que “se le había ido la mano” con Cecilia.
“Inmediatamente fuimos a la dirección que nos dio, pedimos una orden de allanamiento y convocamos a los peritos. Ingresamos al lugar y encontramos un cuerpo envuelto en una manta, atado en los extremos”, relató la testigo. Luego, dio precisiones de los elementos que se secuestraron en el lugar, y que se dio intervención a la división de Homicidios.
Finalmente, Bruschini analizó que Cecilia fue asesinada “con saña y desprecio por el ser humano; como estaba atada, estaba preparada para ser descartada en algún lugar y por algo el autor no llegó a hacerlo. Tal vez si a Maschio no se lo arrestaba en el momento, el cuerpo de Cecilia no lo encontrábamos, o lo encontrábamos en otro lugar”, concluyó.
Por último, ante la pregunta del defensor, la testigo aclaró que antes de la manifestación de Maschio se habían notificado sus derechos, de designar defensor de confianza y de guardar silencio si no quería declarar, “como hacemos siempre”, advirtió.
"Nos mintió en la cara"
Luego declaró una de las psicólogas de la Agencia de Investigación Criminal que entrevistó a una de las hijas de la víctima, a los dos días del hecho. La testigo reprodujo qué le contó la menor, quien entonces tenía 17 años, sobre lo ocurrido aquel día.
La joven presentaba un cuadro de stress post traumático y había sido acompañaba a la entrevista por una asistente social de Rincón. La psicóloga analizó que si bien la menor estaba orientada en tiempo y espacio estaba muy afectada emocionalmente, y recomendó que no la citen a declarar en la causa por su gran estado de vulnerabilidad.
Luego, la psicóloga relató todo lo que la joven le contó en relación al hecho; lo primero que reprodujo fueron las palabras de la hija de Burgadt: “no puedo creer que el loco este nos mintió en la cara y nos fuimos” del inmueble donde a las pocas horas encontraron el cadáver de su madre. Luego, la testigo amplió: “ese día lo habían llamado a Maschio para preguntarles si había visto a su mamá, y como les dijo que no la había visto le pidieron que las ayude a buscarla. Les dijo que no porque ‘no quería meterse en quilombos’”, relató.
La psicóloga recordó que ese día la última comunicación de Cecilia con su hija fue cerca de las 10 de la mañana, y le dijo que esté lista cerca de las 14:30 porque iba a pasar a buscarla “con Seba en el auto nuevo”. Como no llegó comenzaron a llamarla y a mandarle mensajes; cerca de las 17 decidieron las dos hermanas salir a buscarla.
Las hijas de Burgadt llamaron a la pareja de entonces de Maschio, y se encontraron con la mujer en la zona norte de la ciudad; ella las condujo hasta el inmueble de 4 de Enero al 8900. Allí encontraron la puerta de reja cerrada con un candado pero la puerta posterior entornada; le dieron un golpe y pudieron abrirla, pero no vieron a Cecilia. Se hizo referencia a un bulto en un costado, por lo que se puede presumir que la mujer ya había sido asesinada.
Entonces la pareja de Maschio lo llamó por teléfono y le preguntó a donde estaba. “Estoy acá, mirando boxeo”, le dijo. Entonces la mujer les dio otra dirección a las chicas, donde podrían encontrarlo: una dirección en un pasaje en inmediaciones del Cementerio Municipal. Allí fueron las hijas de Cecilia, y allí vieron el auto VW Gol rojo que su mamá había comprado días atrás y que Maschio iba a encargarse de poner en condiciones.
Cuando la psicóloga le preguntó a la hija de la víctima por qué lo buscaban a Maschio, la joven dio cuatro razones: porque Cecilia le dijo que iba a pasar a buscarla con él, porque sabía que Maschio estaba “obsesionado” con su mamá, porque Maschio ese día iba a entregarle el auto arreglado, y porque como era prestamista y su mamá le había entregado dinero “tal vez pensaba que tenía más”.
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