Cuando se habla de crimen organizado en Rosario de manera general muchos piensan, incluida parte de la dirigencia política, en un sistema que se enfrenta al Estado con herramientas y estrategias sofisticadas de una mafia, que en Rosario nunca llegó a consolidarse.
El error está en desconocer a los protagonistas de una violencia que se alimenta de la venta de drogas al menudeo y otros emprendimientos criminales que son rústicos, precarios, y que demarcan que sin una mínima complicidad policial no podrían persistir mucho tiempo.
Y es, justamente, eso lo que evidencia la permanencia del negocio ilegal de jóvenes como Tania Rostro, quien tiene 26 años, lleva casi toda su vida adulta en el hampa, y carga con una condena unificada a 16 años de cárcel. Una mujer que nunca tuvo un trabajo, cobra una asignación universal por una hija de parte de Estado y armó un clan criminal con su familia que sembró con sangre y muerte su propio barrio en Nuevo Alberdi, donde todos la miran con temor.
A pesar de la rusticidad del negocio criminal de Rostro, esta joven no sólo tenía contactos estrechos con la policía. También contaba con información privilegiada del área de seguridad.
Laura Carolina A., que pertenecía a la organización, era empleada municipal del área de Desarrollo Humano y Hábitat del municipio. A la par también se desempeñaba en el Centro Integrador Comunitario (CIC) del norte de Rosario. Por ese rol social que cumplía, Laura Carolina A. tenía un lugar fijo en la Mesa de Seguridad de la zona. Según escuchas telefónicas, era la que le pasaba información a Rostro de posibles operativos.
Una joven que aterroriza al norte de Rosario
“La conducta de Rostro se involucra en el hampa local, pretendiendo movilizar un estado de cosas siempre dentro de lo delictual, es decir, se trata de luchas de poder en las que pagan el costo los más débiles, las personas que viven en zonas periféricas y que pretenden hacer su vida con tranquilidad”, expuso la fiscal Valeria Haurigot en la audiencia en la que fue condenada esta semana a cinco años de cárcel, que se sumó a los once que ya cargaba del fuero federal.
Tanta bronca había generado esta joven que hace cinco años, cuando apenas tenía 21, fueron a matarla. Ella estaba con su hija de tres años en ese momento. Y nadie sabe cómo lograron sobrevivir. Los sicarios no tuvieron buena puntería. Le dispararon diez balazos y todos impactaron en sus piernas. Ella se tiró arriba de su hija para salvarla. La nena también sufrió una herida, pero logró sobrevivir.
Tania quedó postrada por un tiempo. Pero el negocio de la venta de drogas seguía intacto. Dejó a cargo del manejo de los búnkeres a su familia y a un integrante de la banda, al que luego, un año después, lo secuestraron y le sacaron una moto y un auto porque pensaban que los había robado. También le robaron el perro, un chachorro de bulldog francés color blanco. Y le dijeron a Ramón Velázquez que si denunciaba iban “a matar a su hija y su madre”.
Velázquez confesó que quería dejar de vender droga para Tania. Y eso fue lo que generó la bronca. Porque ella pensaba que si se apartaba de la banda era porque había robado de la recaudación de los búnkeres.
“Vos querés dejar, porque me robaste. Yo te voy a enseñar lo que es la mafia”, le advirtió Tania, según declaró Velázquez en la justicia, a quien un día fueron a buscar a la casa, lo subieron a un auto y mientras tres hombres le pegaban con las culatas de las pistolas lo obligaron a firmar el traspaso de un VW Gol y una moto.
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Los soldaditos de Tania pasaban en las motos por el barrio y gritaban que “los vamos a matar a todos”, contaron los vecinos. Carlos Alberto G., uno de los testigos del barrio, relató que “Tania y todos los soldados de ella hacían lo que querían; amenazaban a todos. Querían tener más búnkeres, entonces, se metían en las casas y sacaban a la gente. Obligaban a pagar (para vivir en la propia casa de uno) o si no se quedaban con tu casa”.
Policías al servicio de Tania Rostro
Este hombre que tuvo la valentía de ir a denunciar a esta narcotraficante se encontró que la policía también trabajaba para ella. “Había policías que trabajaban para Tania y se nos reían en la cara cuando la íbamos a denunciar. El comisario Ojeda dijo que tenía que hacer algo antes de ir a hablar con la Fiscalía y fue él quien nombró a Tania”, afirmó el testigo.
El subcomisario Sebastián Ojeda fue detenido en setiembre de 2021, junto con otros cinco policías acusados de realizar operativos para beneficiar a la banda Los Pimpis, un grupo narco de la zona norte de Rosario, que eran los parientes y amigos de Emanuel Sandoval, alias Ema Pimpi, asesinado en 2019, y quien admitió que participó en el ataque contra la casa del exgobernador Antonio Bonfatti en octubre de 2013.
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El 13 de enero de 2020 uno de los soldados de Tania fue a sacar de su casa –ubicada en Álvarez 1891- a Alejandra Ponce, una vecina del barrio que subsistía con su familia en ese barrio complicado. El “tiratiros” que fue a apretar a la mujer fue José Cóceres –condenado a tres años en un juicio abreviado-, que disparó contra Ponce y su hijo Mateo Giménez, de seis años. El nene sufrió una lesión en su ojo izquierdo y en una pierna. Cóceres es cuñado de Tania.
Dos meses después otros dos soldaditos de la jefa narco fueron a usurpar una casa en Cullen y Ugarte, donde vivía Yanina Rodríguez con su familia. Fueron desalojados por un tal Samuel y Budy, que le dijeron a la víctima que si se le ocurría denunciar la iban a matar. “Nosotros somos los sicarios de Tania. Andate de acá porque te vamos a matar, como hicimos con la familia de Empalme. Te vamos a matar a vos y a tus hijas”, fue la amenaza de los dos muchachos.
Rostro estaba siendo investigada por los fiscales Miguel Moreno y Valeria Haurigot por el crimen de Agustina Thomson, quien fue acribillada el 10 de febrero de 2020. Esta ejecución que habría ordenado Rostro fue en represalia por otro crimen que se había registrado pocas horas antes.
Daiana Paiva, de 26 años y lugarteniente de Rostro, había sido asesinada en Olivé al 1900, en el barrio Sarmiento, cuando llegaba a su casa. En ese momento dos hombres que se trasladaban en una moto abrieron fuego. La mujer recibió cinco disparos con un arma calibre 9 milímetros, uno de ellos en la cabeza.
Como venganza Rostro habría ordenado –según las fuentes judiciales– matar a Agustina Thomson, una joven que tenía una larga historia en el mundo del narcotráfico a pesar de tener solo 20 años. Ese homicidio hasta ahora nunca se pudo probar. Y Tania fue detenida por la Policía de Seguridad Aeroportuaria (PSA) en 2021, tras once allanamientos en el norte de Rosario.
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Thomson fue asesinada en Massa al 400, en La Florida, un barrio cercano al río Paraná. Fue atacada por dos hombres que pasaron en una moto.
El nombre de esta joven apareció por primera vez en la escena pública el 12 de marzo de 2019 cuando fue detenida por la PSA en el bar de una estación de servicio del centro de Rosario, donde junto a otras tres personas fueron a buscar a las oficinas del correo una encomienda que ocultaba 10 kilos de cocaína.
Al poco tiempo, Thomson fue excarcelada. Dos meses después, su nombre volvió a aparecer en una historia ligada a la violencia y a las drogas. Thomson escuchó, encerrada en el departamento cómo mataban a su novio, Carlos Señuque, en el barrio de Pichincha.
Los investigadores sospechan que Señuque estaba ligado a la banda de Los Monos y que manejaba parte del negocio de la noche. En el departamento, los policías se sorprendieron por el cuadro que colgaba de una de las paredes: era la camiseta de Ángel Correa, un jugador que declaró en la causa de Los Monos porque su carrera futbolística estuvo ligada a la familia Cantero.
Tras la muerte de Paiva, la lugarteniente de Tania, su lugar lo habría ocupado Sharon Luna, una joven que se transformó en la jefa operativa de la banda y que fue detenida, junto con la madre de Rostro, María Beatriz G., quien maneja varios merenderos en ese barrio de la zona norte de Rosario.
Tania está presa, pero se sospecha que sigue con el manejo de la droga en la zona norte. Varios soldaditos que estaban a su mando fueron asesinados. Y los vecinos siguen en el medio de un clima irrespirable, cargado de una violencia que no cesa aunque los jugadores caigan. Porque se produce lo que los especialistas llaman el efecto hidra: cortan una rama y aparece otro brote.
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